Descanso en la ladera

Un gran valle inmerso en la cadena montañosa que bordea La Presa Allende, ofrece un entorno magnífico a la Casa SMA, que descansa sobre una ladera frente a una grandiosa vista.

Fotos Jorge Silva

A solo 10 minutos de la casa se encuentra San Miguel de Allende, un municipio localizado al este del Estado de Guanajuato, en la región central de México, que dista 270 kilómetros de la capital. A comienzos del siglo XX, cuando el avance del tiempo y el progreso amenazan con sumirlo en el olvido, un grupo de artistas descubrió las estructuras barrocas y neoclásicas del pueblo. Fue en ese momento que decidieron fundar la Escuela de Bellas Artes (Instituto Allende), dando el puntapié inicial para otorgar reputación internacional a la ciudad. La baja densidad de construcciones en la zona permite disfrutar maravillosos atardeceres, que culminan en ocasos majestuosos, invitación directa a conectarse con algunas de las más grandes obras de la naturaleza.

Una mezcla agradable y sorprendente fusiona lo actual y lo moderno con el estilo propio del lugar, preservando al mismo tiempo las raíces y la identidad, como una expresión misma de la tierra. El autor de esta obra es el arquitecto Raúl Magaña, director del Estudio KAH Arquitectura, cuya sede se encuentra en Guanajuato, México.

Desde el punto de vista volumétrico, SMA presenta una geometría clara y definida, cuyos espacios constituyen elementos que se integran al conjunto utilizando la pendiente natural y la topografía del terreno. La orientación de las vistas y el asoleamiento contribuyen a dar proporción y orden al entorno. El terreno ocupa 2.400 metros cuadrados y se ubica sobre una pendiente natural que llega al 30 % en la parte más pronunciada, permitiendo dominar una vista de prácticamente 300 grados.

Las fachadas reflejan fortaleza y presencia. Son sobrias, con geometrías delimitadas y desarrolladas en materiales naturales propios de la región, lo que las unifica con el terreno. La piedra proviene del lugar, así como el barro de las tejas y la madera, el hierro y el cemento pulido natural, fusionados con respeto para lograr su objetivo.

La cubierta, con caída libre en uno de sus lados, está construida con vigas y durmientes de madera recuperada, apoyados en una gran viga de hierro. La piedra la enmarca y la resguarda en tres de sus lados, mezclando la robustez de los elementos con la libertad que sugiere la libre caída pluvial sobre las tejas de barro.

Magaña define el diseño de interiores como un espacio relajado, cálido, acogedor, libre. Este sentido de libertad lo condujo a utilizar cualquier recurso que fuera necesario para lograr el objetivo de confort, relax e informalidad sin perder la armonía, la estética y la proporción. De esa forma, la informalidad no divaga, sino que permanece acotada por la calidez de los materiales y su correcta proporción, brindado la sensación de contacto con el exterior desde la comodidad del hogar. “Para el interiorismo nos fijamos un reto muy claro: integrar los materiales naturales, la esencia del lugar, la expresión de la tierra y de nuestro país, con sus materiales y sus maderas, su vegetación y costumbres ancestrales, las artesanías de manos mexicanas que retratan el carácter nacional y la creatividad del ser mexicano expresada en cada uno de los detalles.  Con esto como motor se obtuvo un diseño único, que mantenía de manera perfecta un balance entre calidez, sencillez y una refinada elegancia. El objetivo era crear algo que te cobijara y te integrara plenamente al lugar”, explicó.

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