El discurso de la imagen
Nicolás Queirolo + Paco Hernández

HMOZ y Queirolo Cantera son dos estudios jóvenes que trabajan en conjunto en proyectos específicos a partir de oportunidades de colaboración como arquitectos asociados.
HMOZ actualmente está dirigido por Paco Hernández, arquitecto desde 2012, con una joven pero amplia trayectoria, no solo en el ámbito profesional sino también en el académico. Queirolo Cantera está dirigido por Nicolás Queirolo, arquitecto desde el año 2000, quien ha basado su órbita de trabajo en proyectos residenciales y comerciales.

Ambos graduados en la Universidad de la República (UdelaR), fusionan sus talentos y el especial interés por la investigación en el ámbito del proyecto arquitectónico, cuya constante transitan a través de la búsqueda de nuevas oportunidades proyectuales, materiales y funcionales. Sus propuestas convergen al punto de retroalimentar la diferencia generacional que los distancia doce años, y donde el particular abordaje de un proyecto desde y por la imagen, encuentra el sello que los identifica. “Nos interesa el poder e impacto que ésta tiene sobre la ciudad, tanto a nivel fotográfico como a nivel de diseño, y cómo puede aportar a la arquitectura y viceversa”, afirman.

Montevideo, Canelones, Maldonado y Rocha son los ejes de acción de las obras realizadas por el estudio. La mayoría de ellas son proyectos surgidos por encargos directos que llegan por recomendaciones de clientes satisfechos, otras llegan a través de concursos por invitación. Pero nada como ser evaluados por ojos de terceros que  testean capacidad y trayectoria, las que muy criteriosamente están trazando, para luego apostar al encargo del proyecto propio.

Matisse-arquitectos

Creemos que un buen proyecto debería admitir casi cualquier tipo de equipamiento y no por eso ser un mero espacio contenedor sin ningún valor. La arquitectura debería ser lo suficientemente contundente aunque no tenga una planta”.

Entrevistamos en esta oportunidad a quienes han sido los proyectistas protagonistas de un centro comercial que atiende a una necesidad específica en el contexto urbano de un barrio residencial a las afueras de Montevideo: el encuentro social. Así, Matisse sentó el primer antecedente en Parque Miramar. Ya comienzan a levantarse otros por la zona, pero en exclusiva exponemos  aquí  detalles de la concepción y hasta las repercusiones de este nuevo ícono finalizado en abril de este año, catalogado como un éxito comercial, de gran aceptación a escala barrial, y un atractivo referente gastronómico y de consumo desde otros barrios residenciales cercanos.

A más de 15 años transcurridos en este siglo que muchos vimos llegar, HMOZ y Queirolo Cantera son de la generación de estudios  de diseño arquitectónico que abrazaron la obra seca como técnica ya evolucionada y de su tiempo, cual pantallas digitales en la infancia actual. Ellos se han valido inteligentemente de la apertura del también consumidor joven que ve las estéticas metálicas, los revestimientos “side”, y las estructuras “frame”, de forma más amable y ya no solo hablando de destinos efímeros, provisorios, de fachada o complementarios, sino aceptándolas como posibilidad concreta, ágil, rentable y con excelentes resultados estéticos para el uso comercial, corporativo e incluso para la “vivienda propia”. Como ejemplo de ello presentamos una de sus últimas obras residenciales frente al Parque Roosevelt.

Han desarrollado proyectos con distintos programas y escalas: viviendas unifamiliares, restaurantes, locales comerciales, instalaciones y obras efímeras. Sin embargo, los de tipo gastronómico han sido y siguen siendo una constante en el estudio. Han realizado varias fábricas de pastas, un sushi bar, un restaurante, un chiringo, festivales gastronómicos, y locales comerciales con destino gastronómico en diversos formatos y escalas.

Los pliegues de la habitación roja

Matisse marca un antecedente de referencia edilicia y programática desde el punto de vista urbano/comercial de Parque Miramar. Intenta aportar al barrio un lugar de encuentro social, más allá de su función comercial. Todo el proyecto está centrado en el espacio público, para ver y ser visto, para jugar y para relajarse. Pretende generar una identidad, desde su color, su nombre, y su cuidado integral en la imagen global. Contrasta pero también respeta al barrio, su vegetación y la escala residencial que lo caracteriza. Si bien contiene variados locales comerciales, se intentó dar una unidad coherente y no premiar al “cartel más grande”, sino todo lo contrario, premiar al que mejor cuida del espacio público y lo que transmite cada local con su propuesta. Una circulación abierta para acceder tanto a pie, en bicicleta, patines o automóvil, fácil estacionamiento y, por su escala barrial, de ágil abordaje a todos los locales, a diferencia de los grandes centros comerciales. La compra puntual, el almuerzo en familia, el helado de la tarde, el juego, la sobremesa, todo allí. Inauguró en otoño de este año, y actualmente el estudio continúa con el proyecto de la azotea, ya planificado desde el comienzo y actualmente en proceso de diseño.

¿Cuál fue el objetivo trazado como generador de un espacio colectivo?

El proyecto se plantea como un recorrido, desde su acceso hasta la circulación que lo articula, le da forma, expresión e identidad. Se plantearon tres espacios que se “cosen” por este recorrido: El Rojo, un sendero que entrecruza e invade el predio tejiendo el proyecto;  el Parque de Gramíneas, borde difuso entre el entorno y el edificio, donde se instalan grandes mesas para propiciar el encuentro y contemplar el juego de los niños en el espacio a nivel de terreno, donde se mantuvo una construcción preexistente para transformarla luego en “la casita”, un espacio infantil equipado con juegos de madera. En el primer nivel, un gran espacio techado denominado La Corneta, amplificador y mirador de Parque Miramar, que con geometría irregular invita a los transeúntes a hacer una nueva pausa. Y el recorrido culmina en la azotea, terraza transitable que sobrepasa la copa de los árboles de todo Parque Miramar, desde donde se puede apreciar una panorámica vista del barrio.

La asociación con el pintor francés ¿surge como premisa del cliente o fue parte de su propuesta?

El nombre fue parte de nuestra propuesta en conjunto con el proyecto arquitectónico desde los inicios. El proyecto arquitectónico comparte con “La habitación roja” el mismo diálogo con su entorno así como el nombre de su autor. Todo surgió como una unidad desde la etapa de diseño, que le fue dando sentido al proyecto. Como sucede con muchos nombres, la idea de Matisse surgió casi como un juego, una simple asociación cromática y de pliegues que fueron identificadas por el artista Matías Nin, colaborador del estudio en el área visual. En el transcurso se fue asentando la idea hasta que terminó con un gran cartel que lleva su nombre. Fue destacado el trabajo de diseño gráfico que llevó adelante la identidad de Matisse a cargo del estudio Atolón de Mororoa, desde los bosquejos primarios hasta el Manual de Uso para los locales comerciales, de manera de cuidar la imagen global.

Cuatro meses de obra, 500 m2 edificados y 650 m2 de parque ¿podríamos decir que la clave del negocio nació en el rendimiento de los tiempos en la etapa de construcción?

Sin duda la elección del sistema constructivo fue clave para la rápida ejecución de la obra. Esta fue una decisión que no solo aportó a los tiempos de obra, sino que fue también una oportunidad proyectual para proponer una arquitectura con ciertas características.
El sistema constructivo es prefabricado y montado en obra seca en su amplia mayoría. Una trama metálica que estructura al proyecto en su totalidad, dándole forma y expresión. Cerramientos en chapa, policarbonato translúcido y vidrio. Por último, se utilizó la madera para aportar rusticidad y calidez, tanto en el pavimento del recorrido como en el cielorraso de La Corneta. Pocos materiales y simples detalles, potenciando la implantación y oportunidad proyectual.

 

El color en ´La habitación roja´ de Henri Matisse invade toda la obra. Es un mantel estampado que luego sube, se pliega y se transforma también en pared.Lo único que rompe con la paleta es el paisaje de fondo, de color verde, opuesto e intenso”.

Como si el ámbito de los concursos no les hubiera arrojado grandes logros, este dúo de jóvenes arquitectos declara tener mucho camino por recorrer en lo que trasciende incluso al ámbito académico, que abarca sólidas prácticas profesionales con un afán continuo de crecimiento referenciado en el mundo. “Hemos participado de diversos concursos internacionales, y aunque no hemos tenido demasiada suerte aún, seguimos apostando al formato de concursos. Como herramienta sigue siendo el modelo más desarrollado y democrático de producir arquitectura, en cuanto a lo que refiere a la adjudicación de un encargo, así como también respecto a las garantías que ofrece la decisión de un jurado idóneo que lo elige”, reflexionan.

¿Ante un encargo, cuál es el formato de trabajo que se plantean y el consiguiente abordaje de la obra?

Todo proyecto comienza con un estudio exhaustivo de la situación a responder. Sin importar la escala ni el programa, todos los proyectos tienen un particular interés para nosotros. Tomamos en cuenta antes que nada los requerimientos del cliente y sin caer en formalidades prefiguradas, intentamos siempre dar respuesta con una arquitectura que aporte.
Nos inclinamos por el desarrollo integral de los proyectos, trabajando en equipo con otros profesionales, abarcando distintas áreas como el paisaje, el equipamiento y el diseño gráfico.
Desarrollamos todas las etapas de una obra, desde el anteproyecto, proyecto ejecutivo, gerenciamiento, dirección de obra y seguimiento post-obra concluida. Por lo cual, se podría definir a la asociación Queirolo-Cantera + HMOZ como estratégica, donde se valora tanto la investigación proyectual como el buen gerenciamiento y la cuidadosa dirección de las obras.

¿Contemplar qué otras áreas paralelas al diseño arquitectónico le da valor agregado a las nuevas generaciones de arquitectos? ¿Se imparte hoy como parte de la formación o surge como una necesidad inminente del mercado?

Marketing y arquitectura son dos disciplinas que suelen estar disociadas en el mercado local. Sin embargo, creemos firmemente que se puede hacer una arquitectura que aporte y al mismo tiempo que considere las lógicas del marketing. Sin duda es un constante desafío y no siempre es fácil lograr un buen equilibrio entre ambas. Son muchos los factores que influyen en un proceso arquitectónico, pero como jóvenes arquitectos tenemos la oportunidad y la gran responsabilidad de poner en práctica este ejercicio.  Conocer las leyes del mercado en profundidad y hacer un buen uso de las mismas desde lo arquitectónico es complejo pero también es un privilegio, dado el impacto que puede tener sobre la ciudad.

Frente a cada nueva obra ¿cuáles son aquellos sucesos y herramientas que les hacen vivenciar y registrar la arquitectura?

La forma de encarar los proyectos suele ser siempre muy intuitiva, sin demasiadas reglas más allá de las que se establecen por normativa. Los mejores insumos para definir la arquitectura son las condiciones de la situación a intervenir y lo que éstas sugieren, así como ciertos requerimientos del programa arquitectónico que nos invitan a pensar. Así descubrimos oportunidades desde dónde poder proponer espacios, materialidades y experiencias.

¿Cómo triunfa el diseño propiamente dicho de la mano de jóvenes estudios? ¿Para qué tipo de público proyectan? 

Es muy valioso y gratificante que los clientes confíen en jóvenes arquitectos para realizar sus proyectos.
Hemos tenido todo tipo de clientes, desde conservadores que quieren la casa de ladrillo y tejas, hasta los más audaces a quienes les interesa una cierta exploración arquitectónica, descubrir nuevos formatos, espacios, materiales y técnicas de construcción. En todos los casos, siempre se busca aportar sin caer en preconceptos. El público que llega a nosotros va desde una joven pareja hasta una empresa multinacional. Para nosotros todos son igual de importantes.

¿Cuáles consideran sean sus ventajas o desventajas en relación  a los estudios tradicionales con muchos años de obras en su haber?

La primera ventaja con la que cuentan algunos estudios tradicionales, sin duda es el portafolio de obras construidas que tienen. El público lógicamente está más “cómodo” y seguro contratando a un arquitecto consagrado que a un joven estudio. Si bien vivimos en un mundo digitalizado, la obra construida sigue siendo la mejor carta a mostrar.
La desventaja para estos, o mejor dicho para la disciplina, quizás pueda ir por un cierto estancamiento en la producción, ya que una vez que se encuentra un patrón con el cual el público se siente cómodo, se dejan de exploran otras alternativas y la arquitectura pasa a basarse en simples prefiguraciones. Aunque esta característica no pertenecería únicamente a los estudios tradicionales, sino que tendría que ver con una cierta postura frente a la disciplina y la responsabilidad que ésta conlleva.

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¿Qué aportan las nuevas generaciones de arquitectos como ustedes?

Intentamos acercar la arquitectura a la gente y mostrar la importancia que tiene o puede tener en las vidas de todos, romper barreras tradicionales que se han instalado en el imaginario colectivo del mercado local, cuestiones con respecto al arquitecto y su hacer, romper mitos, como por ejemplo que el arquitecto es “caro” o que “no es necesario”.
Mostrar de una manera amigable y de fácil acceso las infinitas posibilidades espaciales, técnicas y funcionales que existen, no porque se hayan inventado hoy, sino por lo lejano que se encuentran en muchos casos para el público en general. Nos interesa justamente volver a acercarnos como arquitectos a la gente y poner en valor la importancia de este enlace, actuando con responsabilidad ética, funcional y estética.

Volumetría desde el interior

La obra está inserta en el paisaje natural de bosque de pinos y un lago, por lo que la consigna fue utilizar la madera como una “puesta en escena”, como material que resalta los diferentes volúmenes de la casa, de forma que participe protagónicamente en el interior también, utilizándola en techo, paredes, celosías exteriores y pisos, creando un aspecto moderno y cálido a la vez. Contrasta con la dureza de las losas de hormigón visto, que le dan sostén al piso superior unificado para ambas unidades residenciales, y por donde la inexistencia de barandas logra una sensación muy particular de la circulación, como un interior pero al aire libre.

La obra en su totalidad tiene 495 m2 contando los aleros exteriores, que son parte esencial del diseño de las casas, ya que van formando bandejas de hormigón fusionando el espacio exterior e interior de manera natural. Dicha obra está enclavada en un terreno de 1.000 m2 con 20 metros lineales desde la costa hasta el lago, haciendo dialogar de manera fluida estos dos escenarios: bosque y lago.

Al momento de proyectar, el mobiliario fue tomado como un todo. Se diseñó junto con los ambientes y ejerce parte fundamental, fue incorporado desde el vamos y no desde el punto de vista decorativo en la etapa de equipar los espacios. 

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En tiempos donde conceptual y materialmente vivimos un auge por el diseño, nuevos lenguajes y materialidades, ¿Cuáles son las apuestas que ustedes hacen para plasmarlo exitosamente?

Nos interesa la búsqueda de nuevos formatos y maneras de utilizar las tecnologías a nuestro alcance. No existe una fórmula para esto. Simplemente creemos fuertemente en la experimentación, en el ensayo y el error. Solamente así encontramos las mejores soluciones para cada situación. En la mayoría de los casos, la elección del lenguaje o materiales a utilizar surgen naturalmente a partir de lo que el proyecto sugiere. A veces son búsquedas intencionadas y otras veces lo definen cuestiones como el presupuesto, los tiempos o requisitos del cliente.

¿Cuál ha sido la forma de incorporar en sus clientes el creciente interés por lo que hoy conocemos como obra terminada con espacios totalmente equipados? ¿Qué le agrega el interiorismo a la cáscara arquitectónica?

Creemos que un buen proyecto debería admitir casi cualquier tipo de equipamiento y no por eso ser un mero espacio contenedor sin ningún valor. La arquitectura debería ser lo suficientemente contundente aunque no tenga una planta.
De todas formas se percibe una creciente intención por parte de los clientes a exigir sus obras terminadas por completo, listas para su uso (llave en mano). Esto implica pensar el equipamiento más adecuado desde el diseño arquitectónico. No solamente mesas y sillas que se compran por catálogo, sino muchas veces equipamiento incorporado a la estructura base de la obra como parte del diseño (la baranda/banco en el segundo piso de Matisse por ejemplo), así como diseños específicos que pensamos para determinadas situaciones, la iluminación y la decoración del espacio en su conjunto. Cuanto más integral esté pensada la obra, mejor va a responder a sus necesidades.
Valoramos los trabajos en equipo, en colaboración con diseñadores nacionales, tanto gráfico como diseño industrial, y trabajamos también con artistas locales, que brindan un gran aporte y una buena sinergia con la arquitectura.

¿Cómo definirían la globalización que está viviendo el diseño? ¿Cuál es el potencial del su enfoque en relación al usuario?

El diseño llega a los clientes por todos lados, las redes sociales, revistas digitales, la vida urbana, y los medios en general. Existe una atomización de diseño. Vivimos en la era de la imagen. Y si bien la mayoría de los clientes siempre piensan en la funcionalidad de sus requerimientos, es inevitable que consideren y valoren a la hora de decidirse por una propuesta u otra en base a lo que ven. Existe lo que solemos llamar casas o arquitectura comercial basadas en Pinterest o Instagram, donde lo único que importa es como se ve en la foto.

En nuestra práctica intentamos escaparle a esa prefiguración, e invitamos al cliente a valorar la propuesta arquitectónica no solo en cómo se ve, sino en cómo se vive, cómo funciona, las potencialidades que tiene una determinada situación u otra. Si bien valoramos fuertemente el poder y la importancia de la imagen, nos interesa que éste no sea el único valor.

¿Cuáles han sido sus referentes internacionales para lograr dar rienda suelta a materialidades que hace no mucho eran inusuales para el diseño arquitectónico?

Los referentes son muchos. Cada proyecto tiene sus referentes ineludibles, algunos más directos, otros menos claros, pero siempre hay influencias. No tanto arquitectos ni prácticas definidas, sino más bien proyectos puntuales, o situaciones que proponen determinados proyectos que nos interesan. Es una miscelánea de autores de diferentes orígenes: paulistas, holandeses, daneses, japoneses, por nombrar algunos: Joshua Prince-Ramus, Steven Holl, Rem Koolhaas, Glenn Murcutt, entre otros.

¿Cómo el usuario uruguayo le va dando paso a la estructura metálica sustituyendo a lo más tradicional de nuestro sistema: el ladrillo? ¿Cuál es su lectura?

En Uruguay todavía existe una inclinación por hacer obras de arquitectura que duren “para siempre” y esto suele estar más asociado al ladrillo y al hormigón armado. Pero de a poco los sistemas constructivos que existen en el mundo desde hace décadas, como las estructuras metálicas para viviendas (sistema que tuvo su auge en los EE.UU. en la década del 50’) por ejemplo, van siendo incorporados por el público local cada vez más. Paulatinamente el público y los mismos arquitectos se van animando a utilizar estos sistemas pero aún con cierta desconfianza, sobre todo en los sectores más conservadores.
Este cambio se debe a diversas razones: la poca mano de obra calificada en comparación a otras épocas en Uruguay, el costo de la mano de obra, los tiempos de obra, todo va cambiando e influenciando en la toma de decisión de los sistemas no tradicionales. La globalización y acceso del público al consumo de otros sistemas de arquitectura también facilita este proceso.
Nosotros no definimos a priori que un sistema sea mejor que otro, simplemente depende de cada caso particular. Nos interesan tanto las casas de ladrillo como las de estructura metálica. Creemos que todas las tecnologías tienen sus ventajas y cualidades particulares interesantes.

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Claro ejemplo de la postura de este dúo de profesionales  es la “Casa 1056” (Fotos Tali Kimelman), una transformación programática de una casa de principios de siglo XX en escuela de cocina y espacio de eventos. Si bien es un reciclaje, todos los trabajos fueron muy artesanales en sistema tradicional con ladrillo visto. Allí, Alex Magariños y su equipo imparten clases en formato de talleres de cocina y catering, surgidos de una propuesta concreta: cocina de autor con influencias de otros mundos en un espacio cálido y acogedor.

Para la adaptación de la casa se realizó un exhaustivo trabajo de restauración, recuperando pisos de mármol, pisos de gres esmaltados,  claraboyas y molduras de la antigua casa. Luego se realizaron intervenciones diseñadas en las paredes, rejas, barandas y pisos de ladrillo visto, aportando distintos pliegues y movimientos que caracterizan a cada espacio. Las curvas y contra curvas aparecen por toda la casa, desde las rejas en su fachada, pisos de micro cemento, rejas de claraboyas y hasta los cortes en las paredes que descubren el ladrillo visto original oculto en las mismas. Toda la iluminación y equipamiento de la escuela fue diseñado específicamente para el mejor uso del espacio. Se incorporaron también algunas piezas del artista Gustavo Genta que aportan efectos en la iluminación. El proyecto propone con simples operaciones re significar y poner en valor aspectos característicos de la antigua casa. Una intervención respetuosa al mismo tiempo que propositiva.

 

De objetivos y riesgos está compuesta la agenda del futuro. Continuar explorando las posibilidades de la disciplina es un objetivo que se han trazado, y seguir participando en concursos de proyectos de arquitectura es un riesgo que quieren desarrollar, pese al tiempo y energía que estos demandan.

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