El París de Haussmann

El segundo piso de un edificio típicamente parisino de 1903, alberga un apartamento post-haussmanniano, que abre los ventanales de sus habitaciones principales sobre las hojas de los tilos de una de las calles comerciales más chic del “XVI Arrondissement” de París.

 

Se ubica en uno de los barrios más residenciales de la ciudad, a orillas del Sena, muy visitado por los turistas amantes de arquitectura. Dista nada menos que a escasos metros del célebre Hôtel Particulier del arquitecto Hector Guimard (obra maestra del Art Nouveau), de la Maison La Roche de Le Corbusier, del Studio Building de Henri Sauvage y también de las realizaciones modernistas de Mallet-Stevens.

Culminado en 2014, tras la intervención de restauración del arquitecto italiano Gianluca Caputo, el apartamento de 195 m2 ha retornado al espíritu y al lustre de la época de su construcción, recuperando la lectura de la distribución tradicional de los espacios, sin sacrificar por esto las comodidades de una residencia moderna. Los propietarios quisieron devolverle funcionalidad respetando su concepción de origen, consigna que Caputo (nacido en Sicilia, graduado en Venecia y radicado actualmente en Francia) logró de forma fiel y con extrema meticulosidad, contemplando requisitos propios de sus clientes, valiéndose de técnicos especializados en restauración interior, y atendiendo a su impronta profesional vinculada también a la reformulación de hoteles antiguos y teatros tradicionales de Francia. Esta pasión, que comparte con la intervención en viviendas donde la historia dejó rastro, le permite ir más allá de la pura tendencia estética del momento. Dueño de una postura flexible, todo resulta de una investigación arquitectónica, en el caso de la vivienda como “tejido básico de unidad construida”, y asegura al respecto que “la sostenibilidad no se mide sólo en relación con el impacto ecológico de los materiales y con los gastos de energía, sino con respecto al ciclo de vida de un edificio, que depende de su capacidad de adaptarse a las nuevas exigencias”.

Una búsqueda documental

Una previa pesquisa de tipo documental sobre las tipologías y las características de las residencias haussmannianas fue necesaria para comprender y respetar lo más posible la organización espacial del apartamento. Simple, armoniosa, y en forma de L, ubica los espacios sociales del lado de la calle y los dormitorios hacia el patio interior. El decorado de los primeros, que parece a primera vista ecléctico, corresponde a los distintos momentos sociales de una familia burguesa de comienzos del siglo XX. De esta manera, la galería de entrada, revestida en estuco clásico y neutro, distribuye las tres habitaciones de recepción en cruz: el salón, de estilo Luis XV, con un bajo relieve en el techo representando a Afrodita en su carro acompañada de criaturas marinas, escena que invita a la distensión y a la conversación; la biblioteca o sala de fumadores adyacente, de un más austero y masculino estilo neo renacentista; la tercera y última pieza, un ambiente más íntimo decorado en Luis XVI, originariamente el comedor de la familia (hoy trasformado en dormitorio de visitas). Cabe señalar la persistencia aún al principio del siglo XX de la distribución a la francesa de las habitaciones que, organizadas desde lo público a lo privado, van reduciéndose de tamaño.

Si este apartamento preserva una organización espacial tradicional, no es por ello menos moderno. La cocina ya no está en el fondo del apartamento sino frente al salón, lo que permite una organización más simple de la vida doméstica. De esta forma la zona de los dormitorios, consagrada a la intimidad, da a un patio arbolado y calmo, lejos de las perturbaciones de la vida pública y de las funciones domésticas.

Más allá de las intervenciones técnicas demandadas por la nueva distribución, se han conservado, restaurado y valorizado todos los materiales y elementos originales como el piso en parquet de roble, molduras, estucos, vitrales, ebanistería y herrajes. Se fusionaron piezas de mobiliario de principios del siglo XX con otras contemporáneas en los espacios principales, los ambientes secundarios, la cocina y los baños recibieron un tratamiento decididamente contemporáneo.

Muebles que retornan al origen

La gran galería de entrada, definida por un decorado sobrio y elegante representa la primera etapa de acogida. Se instalaron aquí dos butacas de sicomoro Liberty de Hugues Chevalier de estilo Art Déco, tapizadas de terciopelo color neutro. Los objetos y cuadros de este ambiente son la invitación misma al viaje. Se destacan un mapamundi luminoso modelo Duo con Atlante de Columbus (1958) y una serie de estampas de Alexandre Iacovleff provenientes del volumen de dibujos y pinturas de África ejecutados durante la Expedición Citroën Centre-Afrique (1925).

Con respecto al salón, se eligió poner en valor el decorado de origen, de estilo Luis XV, integralmente conservado. Los estucos del techo recibieron una pátina delicada que mejora la legibilidad de los bajo relieves, mientras los detalles del tremó de madera que corona la chimenea de mármol blanco se acentuaron por la aplicación de hoja de plata, así como las sobrepuertas y los paneles que dan ritmo a las paredes. Los herrajes, después de ser decapados, fueron patinados de color latón envejecido así como los termostatos de los radiadores de hierro colado, éstos últimos pintados de gris plateado, color que define también la persiana en la boca de la chimenea. El centro de la habitación está marcado por una mesa baja de acero cromado y vidrio de los 70’ atribuida a Benoît Melk, alrededor de la cual se hallan la “cama de día” de cuero marrón Barcelona de Mies van der Rohe y el sofá Dominique de Hughes Chevalier de sicomoro y cuero agamuzado color teca. A lado de los ventanales se dispusieron, de un lado, la lámpara de pie Fortuny de Mariano Fortuny para Palluco, y del otro, un secrétaire de acajú de los 50’ atribuido a Giò Ponti. En el medio, una máscara de Borneo sobre un pedestal de galuchat. En la pared opuesta, una preciosa enfilade de palisandro de los años 30’ con bocallaves decorados de bronce dorado.

El comedor, al cual se accede desde el salón por unas puertas dobles vidriadas e igualmente desde la galería, termina en un luminoso mirador, cuyas cortinas de círculos plateados de Kenzo son idénticas a las del salón. Se eligió tratar con láminas de plata también el rico decorado de estuco de estilo neo renacentista de esta pieza, salvo las dos salamandras doradas de la puerta hacia el salón. En el centro de la pieza se ha dispuesto una gran mesa de comer Synapsis de PraL laqueado marfil y estructura de acero cromado de Jean-Marie Massaud para Porro, rodeada de sillas y butacas de distintas épocas: dos Bridge de los 50’ de terciopelo violeta púrpura, dos sillas de roble con asiento de cuero sintético verde de Maurice Pré de final de los 50’, y las más recientes butacas CAB de Mario Bellini para Cassina en cuero rojo pardo. La biblioteca USM Haller de metal beige y vidrio transparente que bordea la mesa, tras recordar el uso original de la pieza, alberga la colección de modelos de autos de época del dueño. La habitación está alumbrada por una araña oval Candles & Spirits de Brand van Egmond, cuyos cristales Swarowski juegan y compiten con los detalles plateados del techo de casetones.

En la cocina, equipada por Bulthaup, se privilegió la practicidad de uso, lo que resultó en un aspecto decididamente contemporáneo caracterizado por tres colores sobrios: el pardo cobre de las baldosas de gres, el blanco de los frentes y del peto de la cocina y de la mesa Tulip de Eero Saarinen para Knoll, el gris del acero inoxidable y del aluminio de la mesada y de las paredes  de enduido de cal. La única nota de color vivo se confió a las sillas de metal laqueado azul de Mallet-Stevens para Ecart International, que combinan con la persiana veneciana.

El rojo frambuesa es el color dominante del dormitorio principal, alumbrado desde el patio interior, al cual se accede desde la galería de entrada. El armario de palisandro de Maurice Alet es de los años 30’, las lámparas de lectura a los costados de la cama así como las mesas de luz en tubo de acero pulido curvado y palisandro diseñadas por Marcel Breuer son de Thonet. Sobre la chimenea domina un busto de yeso, retrato de Juliette Récamier, copia de la obra de Joseph Chinard, acompañado por los numerosos desnudos femeninos en las paredes.

Desde el dormitorio matrimonial se pasa directamente al baño principal, accesible también desde el pasillo de servicio, que distribuye los aseos y las otras habitaciones. Los placares de medida de madera pintada forman un nicho que acoge la mesada de lavabos en mosaico de vidrio rojo pardo con matices rosados como los revestimientos de la ducha de mampara transparente en frente de los lavabos. Una mesada de maquillaje del mismo acabado se obtuvo en un segundo nicho a lado de la ventana.

El estudio de la propietaria, adyacente al cuarto, es una habitación privada. El rojo violeta de las paredes, que contrasta con el mobiliario laqueado blanco deliberadamente simple y práctico, crea un ambiente acogedor y concentrado y revela la fuerte personalidad de la ocupante. La araña de caireles metálicos color hierro, que contrasta con los motivos delicados de la cornisa del techo, subraya una vez más el carácter práctico y privado de la habitación.

 

El resultado, lejos de ser una reconstrucción estéril, refleja de forma plena la personalidad de los propietarios, sensibles al mobiliario de diseño,  particularmente a los muebles de los años 30’ y 50’, donde el trabajo de Caputo encontró una escena muy rica para la elección y valorización de detalles, y no en vano suman en la experiencia de volver a vivenciar un apartamento de principios del 1900.  

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