El REPARO modus modular modo

Fotos | Marcos GUIPONI

Habitar un reparo no es cuestión de paradigmas. Algunos lo hacen más jóvenes,
en pareja, solitarios, en familia y otros para envejecer. Rep II surge en respuesta al
modus vivendi que sus propietarios se plantearon experimentar, sumidos en un interminable y rústico paisaje de Canelones.

 

A 30 kilómetros de la localidad de Migues, y obedeciendo a un estilo de vida contenido en la pureza de un módulo, Rep II representa la segunda parte de un proyecto realizado por el estudio VivoTrípodi años atrás. Dicho estudio, compuesto por los arquitectos Bernardo Vivo y Guzmán Trípodi, tiene la autoría del proyecto, que para esta obra en particular contó con la colaboración de los arquitectos Soledad Casarotti, Valentina Zecchi y Sebastían Mengot.

“En esta oportunidad, la consigna del proyecto consistió en ampliar la capacidad para recibir familia o visitas. La palabra ampliación muchas veces asume el significado de expandir sobre lo construido, ampliar un espacio “estirando” los límites existentes para concebir nuevos espacios. Para nosotros, estos nuevos espacios se debían concebir
como espacios desconectados de la casa principal, permitiendo a los invitados gozar de privacidad en los momentos íntimos y así aprovechar al máximo el contacto con la naturaleza”, agrega el arquitecto Bernardo Vivo.

A diferencia de lo que se podría suponer, la franja etarea o el tipo de núcleo familiar no son determinantes para quienes prefieren este tipo de proyectos modulares, la elección pasa más por “la búsqueda de experiencias, escapar de lo cotidiano, disponerse a vivir de maneras diferentes, estar en contacto permanente con el entorno, exponerse a la naturaleza, reflexionar en soledad o integrarse en familia”, comenta el arquitecto Guzmán Trípodi.

La intervención en el sitio fue
mínima, su estado natural fue
respetado para mantener su esencia.
Y el paisaje, agradecido.

 

Las medidas interiores quedaron definidas por el ancho de las tablas cuyas líneas coinciden en todos los planos verticales y horizontales de la casa, obteniendo así un aprovechamiento máximo del material, casi sin recortes o ajustes y con una visión homogénea del espacio.
La fachada Norte, expuesta al sol del hemisferio Sur, cuenta con una serie de postigos, casi invisibles al estar cerrados, que permiten controlar el ingreso de luz solar en verano y aprovecharla al máximo en invierno.

Modo reposo en un sitio remoto. La construcción en lugares de difícil acceso, atenta en muchas ocasiones contra el estado natural del sitio, ya desde el envío de materiales y el control sobre la obra, entre otras cosas. La construcción modular prefabricada ayuda a mitigar estas interferencias con la naturaleza ya que la casa se construye en un entorno cerrado, ajeno a factores climáticos, cerca de todo tipo de suministro material y (generalmente) cerca del estudio o del cliente, para luego ser enviada (camión mediante) a su sitio final de reposo semi permanente.
La vista hacia el paisaje sucede a través de ventanas fijas que permiten una máxima visión con mínima restricción. La perspectiva, al estar elevados del terreno, hace que cuando uno recorre el interior, parezca estar flotando sobre el terreno, sin pisarlo, sin mojarse y ajeno al frío o el calor. Una sensación extrema de cobijo.

Un módulo de 48 m2. Tendemos a asociar el módulo con un área reducida, no obstante, desde el punto de vista residencial es perfectamente posible vincularlos constructiva y funcionalmente, quedando a total criterio creativo la forma en que los módulos se conecten o se distancien. “Creo que el concepto de módulo no se ata a medidas o áreas, sino a la abstracción de un elemento complejo en algo más simple y vinculable. Cuando unimos módulos independientes generamos un sistema modular de áreas mayores, sin limitantes constructivas ni ataduras temporales, siempre “abierto” a recibir más módulos que formen parte del sistema. Parte de la consigna de este proyecto era precisamente eso: crear un sistema modular cuya cualidad de estar siempre “abierto” permite a futuro agregar nuevos módulos sin afectar el producto final”, reflexiona Vivo.

 

En el interior, la mesada y su frente bajo los aéreos de la kitchenette fueron realizados en placas Domoos (de Dekton). En ese espacio central, la solución de estufa con tiro balanceado (de Ñuke) dotó al módulo del acondicionamiento justo para el volumen interior y el área de las superficies expuestas a la intemperie.

Los módulos se idearon para albergar visitas, sea una sola persona, una pareja o parejas,
familias, amigos, primos, en definitiva, flexible a cualquier habitante, pero como núcleos
separados del establecimiento principal. El interior de cada uno de ellos se subdivide en
tres espacios definidos aunque sin puertas que los separen, permitiendo romper con el
concepto tradicional de delimitar los interiores y así permitir la conexión entre las personas. Los espacios se definen por dos dormitorios, un estar o espacio intermedio, una kitchenette y un baño completo.

Para todo el revestimiento interior se utilizó madera (Pino Oregón) mientras que para las fachadas se utilizaron placas cementicias pintadas. El diseño interior estuvo a cargo de las arquitectas Valentina Cancela y Mariana Lauretta quienes incorporaron mobiliario de líneas nórdicas (de Kavehome). El diseño de las luminarias fue realizado por especialistas en iluminación residencial (Studio Luce) en conjunto con el estudio VivoTrípodi.

 

La arquitectura afecta profundamente el cómo
habitamos, el cómo habitamos afecta a su vez nuestra propia
percepción de las cosas, de la vida y de nosotros mismos. Como
arquitecto me gusta explorar esa característica
a la hora de diseñar.

 

 

Permeabilidad y cobijo
El eterno vínculo entre el adentro y el afuera no es cuestión de épocas, de modas, ni siquiera de necesidades; es una relación intangible que cada proyectista y hacedor de casas materializa a partir de parámetros muy variados, entre ellos la proporción de paredes y aberturas. La gran posibilidad permeable de estas últimas en este reposo, que se abren totalmente al exterior, permiten que lo que en general sucede en lo que conocemos como la “extensión exterior de la casa” (galería, parrillero, pérgola, etc), en este caso, suceda directamente en el interior, ya que es tan directa la conexión con el paisaje que es como si se estuviera afuera, estando adentro. Al ser estos refugios parte de una ampliación, el propietario no solicitó extensiones exteriores para los mismos ya que “la casa principal cuenta con un espacio afuera semi-cubierto que se intentó mantener como jerárquico para no perder su cualidad de congregar a todos en un solo lugar y evitar muchos espacios exteriores que desparramen a la gente por diferentes zonas estimulando la congregación, no beneficiando la convivencia”, aporta Trípodi.

 

Así llevaron a cabo la materialización, o más bien la “idealización del Refugio, palabra cuya connotación de protección o de abrigo hizo concebirlo como un cobijo cuando el exterior es adverso. Se podría decir que idealizamos las experiencias, el levantarse una madrugada de invierno, mirar el paisaje frío, hostil, salir de la cama y recorrer el espacio descalzo sintiendo la madera del piso templada, poner leña en el fuego y servirse un café caliente, mirar hacia afuera y simplemente disfrutar esa paz infinita. Si bien esto parece “volado”, es verdaderamente un placer de la vida que no siempre podemos aprovechar. Los refugios tienen que poder maximizar estas vivencias de meternos en medio de estos paisajes, a veces inaccesibles, y sentir toda su poética desde un lugar de cobijo”, concluye Vivo.

 

www.vivotripodi.com

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