Elefantes, brujas y espejos que reflejan el alma

Catalina FERRAND

Textos María Jose FRÍAS
Fotos Chino PAZOS

Ut Serviam. Vivir para servir. La consigna que identifica al Colegio Seminario, donde cursó toda la escuela y el liceo, marcó a Catalina Ferrand para siempre. La comunicadora, que recientemente volvió a la televisión en la conducción de “Día a día” (VTV), junto a Miguel Nogueira y Fito Galli, se entrega con pasión a cada etapa que la vida le presenta.

La mirada de Catalina Ferrand, clara y transparente, no es indiferente a nada ni a nadie. En la televisión, entretiene y se enriquece sabiendo que arranca sonrisas a gente que muchas veces se siente acompañada por su programa.
Como instructora de yoga y fitness, alimenta cuerpo y alma, acompañando a otros en la búsqueda del bienestar.
El juego de comedor mezcla las líneas contemporáneas de la mesa con detalles antiguos en las sillas. “La tapa de la mesa es de madera de teca maciza sobre una estructura liviana de hierro, las sillas en lona decatizada (propiedad que potencia la limpieza) con tachas oro viejo y terminación ¨capilla¨ en el respaldo, para darle mayor calidez”, detalla Ximena Cuervo, directora de Constantina O. Un cuadro de Fito Sayago se adapta perfecto a los tonos pastel de toda la composición.

 

Y a cada paso siente que la vida le devuelve lo que da, mientras deja fluir desde sus más puros sentimientos hasta las cosas materiales, muebles y adornos que van y vienen, en una renovación permanente que se refleja en cada rincón del apartamento que desde hace cuatro años comparte sobre la rambla de Punta Carretas con su esposo, el periodista deportivo Federico Buysan, y sus hijas Cayetana (3) y Simona (1), a quienes se suman los hijos del primer matrimonio de Buysan, Joaquín (12) y Florencia (10).
Espejos, fotografías, elefantes, y mucho colorido caracterizan el living comedor, en el que el sol entra a raudales por el ventanal. Entre juguetes y lápices de colores, las niñas se divierten con encastres y se pintan la cara. Catalina lo toma con calma, ríe, f luye, y cuenta las razones que la llevan a ser la decoradora de su propio hogar.

Las fotos te encantan…
Siempre. Cuando era adolescente tenía corchos llenos de fotos, y cuando me casé con Federico llamé a mi íntima amiga y decoradora María Battaglino, y le pedí para colgar fotos de los dos años de noviazgo.
Mandamos imprimir muchas imágenes y las colgamos de caireles, solo ella por la entrañable amistad que nos une y la forma que me conoce podía lograr transmitir lo que esa etapa significó para mi. Cuando me mudé a este apartamento me las traje y buscamos un árbol donde colgarlas, solo con recuerdos de novios. Después tengo otras de mis hijos, mis amigas, mis padres, mi suegra, mis cuñados, y un portarretrato digital. Las mando imprimir y me gusta tenerlas en papel.

Tenés muchos muebles de “Constantina O”. ¿Por qué?
Cuando conocí a Ximena Cuervo, me pasó algo muy peculiar. Me casé por primera vez en 2001, y a la vuelta de mi casa, por Jaime Zudañez, ella tenía un local que se llamaba “Las Josefinas”. Era un local de cosas rústicas y siempre me sentí cercana a ella, entonces decidí hacer el colectivo ahí. Casi le vacié el local y nos hicimos amigas.
Después abrió “Bernardita O”, y un segundo local en el Centro. De allí, volvió a Pocitos con “Constantina O” y ahora es un referente en decoración. Tiene un gusto exquisito y además la conocí cuando recién empezaba y me gusta valorar a la gente emprendedora.

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¿Qué significado tienen los espejos?
Me gusta ref lejar cosas, me hace bien. Siento que dan luz y me gustan las casas luminosas. Pese a que mi vida ha tenido momentos diferentes, me siento bien con ella y me gusta que eso se ref leje. Me gustan los espejos.
Te gustan mucho las cosas contemporáneas, ¿las antiguas también?
Sí, me fascinan. Siempre viví en casas con sofás victorianos, Gobelinos, jarrones Satsuma, un busto de Afrodita, muebles rococó y con mucha historia. Creo que por eso yo soy lo contrario, empiezo todo de cero.
Prefiero hacer mi historia, me gusta lo mío. No tengo nada antiguo, aunque me gustan.

¿Qué es lo que te falta cambiar en tu casa?
El cuarto de las nenas. Son muy chiquitas y siento que no necesitan nada. Compro lo básico para después cambiarlo con ganas. Quiero dos camas antiguas iguales para las dos, pero todavía no llegó el tiempo.

Me gusta reflejar cosas, me hace bien.
Siento que dan luz y me gustan las casas luminosas. Pese a que mi vida ha tenido momentos diferentes, me siento bien con ella y me gusta que eso se refleje.

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Mientras el sol se oculta en el horizonte de Punta Carretas, Catalina se entusiasma hablando de sus pasiones. Tiene tiempo para responder las preguntas que se le hacen, para sonreír a sus hijas, para ref lexionar sobre temas complejos, para mirar al otro más allá de sí misma.
En su propio cuerpo, sus tatuajes hablan de su vida y resumen los sentimientos que la acompañan. Ya eligió las letras para grabar en su piel los nombres de Cayetana y Simona. Estarán cerca de la letra F, que se grabó por Federico y también por Ferrand. En distintos lugares, luce con orgullo un elefante, que simboliza para ella la grandeza de esa raza plena de memoria y sabiduría; el nombre de Kala, su fila brasilera, que murió con 14 años y que adoró; una estrella, que se hizo en un momento que necesitaba una guía; una mujer bailando, que se tatuó en un tiempo de libertad y creación; y una cruz, símbolo de la fe que la acompaña desde los tiempos del Seminario, cuando el tradicional Ut Serviam se transformó en la luz que guía su destino.

También tenés una muñeca que te resulta importante…
La que me hizo Cecilia Brugnini. Es una bruja que me regaló para mi primer casamiento, con un cartelito que decía “Bruja sí, pero madre al fin”. Siempre me resultó intrigante, porque no sabía en aquel tiempo si algún día iba a ser madre. Es muy importante para mí.

Valorás mucho el arte…
Muchísimo. De regalo de cumpleaños para mí misma, compré un cuadro de Gastón Izaguirre que quería hace mucho tiempo. Tengo uno gigante, que me dio Gastón, y después me compré otro.
Además tengo un óleo de Adolfo Sayago, que me obsequiaron mis suegros. También tengo de Lara Campiglia, que me regaló ella misma.
Amo su estilo de colorido libre.

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El arte te impacta en diversas formas, ¿qué significado tienen los elefantes, que tenés varios?
Tengo uno en particular que me ha acompañado durante los últimos diez años, al que llamo Kalo. Está hecho en una sola pieza, y siempre lo llevé a todos lados. Los elefantes son importantes para mí y, de hecho, tengo uno tatuado. Siempre tuve devoción por los animales y disfruté la oportunidad de viajar a África. Estuve en Kenia, Tanzania, Uganda, donde se percibe profundamente la naturaleza. Allí las manadas de elefantes me conmovían, con su comportamiento, su inteligencia, sus ritos.

Entre el fitness y la televisión

Primero fue el teatro. Catalina no pensaba en la televisión cuando comenzó. Tenía apenas 13 años cuando comenzó a estudiar para ser actriz, mientras cursaba el liceo en el Colegio Seminario. Vecina de China Zorrilla, hija de una profesora de piano que le inculcó el amor por la ópera, y de un padre amante de la música, sintió que el arte la tocaba desde siempre.
Cuando llegó el momento de estudiar, optó por Relaciones Internacionales, y en simultáneo comenzó a cursar un Instructorado en Fitness en Buenos Aires, lo que la llevó a dar clases en el Nautilus.

Un día, los planetas se alinearon y decidió producir un video con sus alumnas, al estilo de Jane Fonda y Catherine Fulop. “Pedí para grabar en el Sheraton, contacté una agencia de publicidad y conseguí avisadores para mi video, que me salió muy prolijo. Sonia Baldi era una de las alumnas y estaba produciendo un programa. Me invitó, hice un piloto y ahí llegaron dos años enteros en Canal 10, en una coproducción que se llamaba ‘La tarde’. Era por el 2003, estaba en piso y hacía notas”, recordó.

Un día, la llamaron de Canal 12 para que presentara algunas de sus producciones y terminó como notera de “Verano del”. Después comenzó a explotar su veta más histriónica y aparecía en “El show del mediodía” haciendo “Las damas del té” con Silvia Novarese y Manuela Da Silveira (quien siendo productora hasta el momento pasaba por primera vez al otro lado de la pantalla), después en una tira con Maxi de la Cruz. “El canal me dio la oportunidad de mostrarme como actriz”, apuntó. El siguiente paso fue “Día perfecto”, un matutino que la llevó cada mañana al hogar de los uruguayos. “Se fue dibujando el destino”, dice entre risas.

 

Siempre viví en casas con sofás victorianos, Gobelinos, jarrones Satsuma, un busto de Afrodita, muebles rococó y con mucha historia. Creo que por eso yo soy lo contrario, empiezo todo de cero. Prefiero hacer mi historia, me gusta lo mío.

 

Estuviste un tiempo fuera de la televisión, ¿cómo es volver?
Es un periodo particular, porque tengo las nenas chicas y me habría gustado pasar más tiempo con ella. Cuando se bajó “Día perfecto” y yo recién había tenido a Simona, que tiene un año, pasé divino. Con Cayetana, que ahora tiene tres años y medio, no la veía amanecer nunca, porque incluso los sábados daba clases en el Nautilus. Pude estar un año sin buscar trabajo y me encantó, pero también consideré que con el tiempo me iba a costar estar mucho en mi casa. Lo que no me gusta mucho es el tema del maquillaje, el pelo, la exigencia sobre la imagen. Me gusta más el contacto con la gente, dando clases de fitness, de yoga, trabajando con el bienestar de las personas. De cualquier manera, agradezco profundamente el ofrecimiento de VTV. Me encanta hacer lo que hago.

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¿Con qué proyectos en teatro estás ahora?

Tuvimos una reunión con la gente del Notariado y estamos preparando “Tres”, una obra en la que voy a compartir escenario con Victoria Rodríguez y Adriana Da Silva, dirigidas por Nacho Cardozo. Es una obra española muy divertida, sobre tres mujeres solteras de cuarenta y pico, que deciden tener un hijo cada una, pero del mismo padre y criarlos entre las tres. Actuar me encanta y estoy muy entusiasmada con todo lo que vendrá y con este momento maravilloso de mi vida con Fede y con esta familia espectacular. Soy muy feliz.

Soy fanática de armar mis casas. No le pregunto nada a nadie y se me hace fácil porque Federico confía en mi gusto. Me divierto mucho cambiando las cosas cuando no está. Cambio el cuarto de Joaquín y Florencia, el cuarto de las nenas, los acolchados, banquetas. No vendo nada, le regalo todo a Cristina, que es la señora que trabaja conmigo, y vivo cambiando. Amo la decoración, señala.

Ver nota completa en edición impresa N°20
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