En torno a una YUCA


Fotos Jorge SILVA

Una vez más, un árbol que define un proyecto. Una casa que se vuelca a su jardín posterior para presenciar el protagonismo de un ejemplar centenario.

Construida en un fraccionamiento en la zona semidesértica de Arizona, en un terreno de 830 m2 que linda con un área verde de unos 5.000 m2, lo que propició continuar la línea de vegetación e incorporar plantas de esa misma región, la Casa de la Yuca lleva el nombre en asociación a un ejemplar de Yuca (Yucca Grandiflora Gentry), de unos 350 o 400 años de edad, con una altura alrededor de 11 metros, un tronco base que mide más de 2.8 metros de diámetro  y 32 ramas a diversas alturas. A lo largo de tantos años, esta Yuca ha sido utilizada como punto de georeferencia.
Al comenzar la obra, eran solo dos los árboles existentes, hoy son  67 los que forman parte de un cuidado proyecto de reforestación y conservación. Funcionalmente se define como una casa de campo para uso diario, desde donde vivenciar la ciudad pero inmerso en el disfrute campestre. Se planteó una terraza única como una “gran bandeja”, de manera de percibir la integración del interior al exterior como un solo ambiente, la inexistencia de dinteles en las aberturas y los grandes vidriados separan el adentro del afuera con juegos de contraluces.
Es una residencia que estuvo desde su etapa de proyecto, dirigido por Fernando Pérez Guajardo, alineada al uso responsable de las energías y los recursos: reciclado de aguas y ahorro a través de llaves automatizadas, con domótica incorporada permite tener programado, por ejemplo, el encendido de LED una vez que la luz natural es insuficiente, apertura y cierre de cortinas, que permiten controlar tanto la luz como la temperatura de manera natural, sistemas de aire acondicionado de activación remota para temperaturas extremas en invierno y verano, calentadores solares y paneles generadores de energía eléctrica, y un domo automatizado en el área del familyroom, lo cual permite a voluntad del usuario crear un total blackout de día, para transformar la sala en cine y disfrutar en familia.

El diseño interior hizo foco en los bajo techos de las salas y los revestimientos de las superficies envolventes, las que exteriores se continúan al interior en las mismas formas y materialidades,  a través del cemento visto y los mármoles sandblasteados (técnica de limpieza de una superficie por acción de la arena o abrasivo granulado a presión). En el living y estar comedor se utilizó un lambriz de madera con diseño geométrico para aportar calidez a los espacios de reunión.

Una cava mural. Durante la excavación se reutilizaron piedrasextraídas para adornos en el jardín y para la construcción de “La Cava de la Yuca”, un espacio recreativo a nivel de sótano decorado tipo bodega y que difiere totalmente del resto de la casa, donde los materiales están al natural: piedra, concreto y ladrillo.En el jardín posterior no falta el compost, ni la huerta para cerrar el circuito de reutilización de residuos orgánicos y abastecerse con la producción de hierbas de olor, cherrys, chile, lechuga y calabaza, entre otros. Se reutilizaron los materiales residuales de la obra para generar con creatividad algunos pisos y muebles para la casa.

Desayuno sobre ruedas. La cocina, con dos islas conformadas en sobrias mesadas, un gran panel de alacenas y electrodomésticos, con ágil distribución y un original desayunador, se torna en uno de los sectores de la casa que más trasciende las reglas. 
Los muebles evocan una clara fusión de intereses particulares del propietario, que Pérez Guajardo interpretó y diseñó personalmente contemplando desde la mayor solidez (mesa del comedor), o la más liviana movilidad como el desayunador con cubiertas de bicicletas, logrado con altas chances de producir piezas verdaderamente únicas. Otros muebles fueron rescatados de antigüedades y restaurados para suavizar con un viraje hacia la historia tanta contemporaneidad.

Se reutilizaron materiales residuales de la propia obra evitando deshechos, recursos sin patrones ni despieces que dieron paso a diseños aleatorios, incluso en pisos y muebles.

Una acertada orientación permite que la luz natural penetre la mayor parte del día, ya que dos de las cuatro fachadas cuentan con bondadosos paños vidriados. En algunos de ellos se colocaron películas protectoras de rayos UV, que permiten la conservación de las maderas y muebles así como también un efectivo control térmico. La ventilación cruzada posibilita tener corrientes de aire controladas y ambientes frescos. El diseño del ventaneo, contemplando las horas de exposición del sol en las cuatro fachadas,logra optimizar temperaturas uniformes a lo largo del año.

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