Libros y arte en una austeridad habitada

Patricia BENTANCUR

Textos María Jose FRÍAS
Fotos BMR Productora Cultural / Marcos Mendizabal

Sea cual sea el punto donde se pose la mirada, los espacios que habita Patricia Bentancur están poblados de libros. Artista, curadora, directora de Exposiciones y Nuevos Medios del Centro Cultural de España, esta mujer que en la década del 80’ llegó a todos los hogares con programas como “A las 9 en Punta”, dedica su vida a difundir el arte y la cultura.

 

Su radio de acción es la Ciudad Vieja. Las bibliotecas y los pizarrones caracterizan los interiores que habita. Sea en su oficina del CCE o en su apartamento-estudio, estos recursos que para algunos pueden formar parte de una apuesta  interiorista, para Patricia son vitales desde el punto de vista del uso cotidiano, y por lo que espacialmente vivencian y conectan con su forma  de trabajo. Del modo que protagonizan sus espacios, no dan indicios de pasar desapercibidos, sobre todo por las generosas dimensiones. En su oficina, sobre una pared, largos estantes blancos soportan decenas de títulos, y otra pintada de negro oficia de gran pizarra, marco perfecto de registro creativo, tal superficie de anotaciones que con gran formato y tiza de por medio, es cómplice de sus ideas y planificaciones. Algo similar sucede en su casa. Los 40 centímetros de ancho que ocupa el plano- biblioteca con inmaculadas divisiones blancas, sectorizan y fusionan a la vez el ambiente, otorgan transparencia pero también privacidad, recrean contornos puros, translucen la intensa luz que ingresa por los altos ventanales, y sobre todo, vivencian el inquieto accionar de esta curadora.

 

Patricia llegó al apartamento de la Plaza Zabala buscando un lugar para instalar su estudio de artista. Supo que el arquitecto Luis Zino, que había sido su compañero en la Facultad, estaba reformando el edificio y se involucró de forma muy activa en la unidad que había adquirido, enamorándose de sus techos de bovedilla y sus pisos de doble altura. Juntos idearon un espacio sin muros, donde entraran las mesas enormes, otra de sus debilidades, y la biblioteca cuya dueña define como “una maravilla”. La misma que espera recibir, algún día, todos los libros acumulados por esta mujer que dejó la televisión, para dedicar su vida a un arte que la apasiona y moviliza cada fibra de su ser.

Zino proyectó en 2009 la reconversión de este edificio de principios del siglo XX, ubicado en el entorno excepcional de la Ciudad Vieja. “Usamos su estructura original y subimos en altura hasta alcanzar la de los edificios circundantes a la plaza”, especifica el arquitecto, quien junto a su equipo de diseño adoptó dos interesantes criterios en lo que refiere al carácter tipológico espacial formal de la intervención. “Por un lado reciclamos la edificación en su interior y  mantuvimos la fachada original realizando operaciones mínimas de apertura de vanos. En las unidades, todas de 1 dormitorio, respetamos la doble altura de 4.30 metros, demolimos algunos muros existentes y permitimos la apropiación del espacio por parte de los futuros  usuarios según sus necesidades y requerimientos, adecuando los ambientes dentro de un marco de posibilidades establecidas. En lo que refiere a la ampliación, utilizamos la base del viejo edificio y lo coronamos con una cubierta (mansarda) de acero Corten que ocupa dos niveles, haciendo referencia a la tradición francesa de la arquitectura montevideana de la época. Allí ubicamos las unidades más amplias.

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En este apartamento en particular, se proyectó con la propietaria la idea de una doble fachada, una interna con biblioteca que oficia de espacio intermedio entre la parte íntima y de taller, apropiado marco para una artista plástica por cierto, y la externa que da a la plaza. “De este modo se conformó una nave con dos fachadas  con diseños diferentes, que respetan y equilibran el ambiente”, resume el arquitecto Zino.

Aca..si bien no hay titulo, trata de que sea un bloque separado del anterio.. porque sigue hablando de ella, lo anterior era del apto.

Patricia vivió en España, donde estudió en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid. De allí guarda el recuerdo de un Seminario de Conservación Arquitectónica y Urbanística en Centros de Interés Histórico, cuyo director brindó su conferencia de apertura hablando de “Funes El Memorioso”, de Jorge Luis Borges. “Ese año se iba a dedicar a la arquitectura dedicada a museos y el tema me fascinó”, dice con el brillo en la mirada que tiene cada vez que se refiere al tema de los museos, su pasión.

Con motivo del casamiento de una amiga vino a Uruguay, donde recibió la llamada de unos amigos españoles que tenían un proyecto de exposiciones que pasaría por el país y querían saber si podía ayudarlos a desarrollar el proyecto aquí. “Lo coorganizaban con el Instituto de Cooperación Iberoamericana e hicimos una muestra divina. La oficina de cooperación aquí me pidió que armara una programación cultural y me ofrecieron si me quería quedar aquí para desarrollar ese proyecto. Así empecé a trabajar en la cooperación española”, recuerda.

Era el año 1988 y todavía no se hablaba del Mercosur, pero Patricia ya pensaba en un Centro Cultural para el Cono Sur. Con esa idea en mente comenzó a tender redes y empezó a trabajar sin sede propia, primero en la Casa del Vicario, organizando exposiciones en lugares tan diversos como Intendencias y Ministerios. Su formación en arquitectura la vinculó con la Comisión de Patrimonio y así llegó un día a la Casa Mojana, una construcción de cinco pisos y 3.000 metros cuadrados que estaba destruida.

Soñar en grande

Mientras Buenos Aires tenía un Centro Cultural de España de 800 metros en un subsuelo, Patricia se atrevió a soñar con transformar Casa Mojana en el Centro uruguayo y así se lo planteó al embajador español de la época, Ricardo Pedro Conde, quien junto a la consejera cultural Julia Olmo y Romero, le brindó todo su apoyo. Apenas dos años más tarde, en 1998, la reina Doña Sofía puso la piedra fundamental del proyecto y en el año 2000 el arquitecto Rafael Lorente comenzó las obras.

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En los años previos, desde 1996, solo funcionó la planta baja, donde se hicieron exposiciones de arte emergente y se comenzó a vislumbrar lo que sería el Centro Cultural de España.

En medio de tantos sueños, Patricia se fue a estudiar a la New York University, donde hizo Arts Management. Recibió también dos becas de investigación de la Fundación Fullbright, lo que le permitió presentar un proyecto llamado Phisical Requirements for Contemporary Art, que buscaba complementar lo que había estudiado en España sobre los museos europeos. Las investigaciones las realizó en el Guggenheim Museum y en el New Museum of Contemporary Art.

Y siguió desarrollando su arte, que la lleva a trabajar en instalaciones que involucran múltiples soportes, como objetos, pintura, fotografía, videos, sonido y textos. Ha expuesto en Uruguay y en el exterior y ha participado en bienales y exposiciones internacionales. Y mientras crea e impulsa a otros creadores, acumula libros en forma constante, nutriendo un espíritu intelectual incansable, por lo que ellos se vuelven dueños de sus espacios.

¿Cuál es el elemento que más te caracteriza?

En cualquier espacio donde estoy por más de dos o tres días, siempre hay libros. Después del 94’ también hay elementos digitales, pero sigo prefiriendo el papel. Y también un cierto desorden. Siempre se me generan pilas de libros y notas. Trabajo varios proyectos al mismo tiempo.

En materia de diseño, optás por una estética muy minimalista. ¿Por qué?

Mis espacios son habitados. Más que un minimalismo es una austeridad habitada. Trato de generar un espacio en el que las cosas que uso convivan sin agobiarme. Pocas cosas, útiles y que me gusten.

¿Y qué cosas te gustan?

Compro sillas. Tengo una debilidad. También me las regalan. Tengo una original de Eero Saarinen, con el esmaltado sobre metal estropeado, el tapizado también, y es maravillosa. Tuve la suerte de tener una maravillosa amistad con los hermanos Visca, alumnos de Torres García, y ellos me dieron el primer facsímil de la silla de Torres, de madera, muy tosca pero comodísima.

¿Tenés cosas recibidas de generaciones anteriores?

Muy pocas cosas por herencia. Tengo una cama de la década de los 50’ que fue mía cuando era niña, con un respaldo muy puro, y al costado tiene una mesita auxiliar para sacar para desayunar. Es muy bonita. Tengo algún candelabro antiguo de la familia, un cuero de vaca.

¿Por qué la opción de conformar los interiores separando los espacios con bibliotecas?

Porque tengo la ilusión de juntar todos mis libros. Tengo una cantidad enorme de libros de trabajo que tienen que ver con teoría del arte, filosofía artística. En mi casa tengo mucho de diseño y arquitectura, también tengo una preciosa y más pequeña biblioteca literaria, como todo desperdigado. Siempre está la ilusión de juntar los libros, que están arriba de las mesas, apilados en el piso. Me pareció que podía ser bonito porque al ser hueca, también permite pasar la luz, ser como un filtro del espacio.

Mucha inclinación por el blanco…

Sí. Me parece neutro. Funciona bárbaro.

¿Sos muy detallista?

Soy muy detallista y cuidadosa con los lugares. No soy de tener plantas dentro de la casa pero me encantan las flores. En la gaveta del auto siempre tengo unas tijeras y unos guantes para cortar las salvajes que encuentro al costado de la carretera o compro en la feria. También me gustan las velas, de día y de noche.

manzarda11El desafío de diseñar en Uruguay

Patricia Bentancur es una gran defensora del trabajo que realizan los diseñadores uruguayos de muebles, algo que ha impulsado desde los inicios del Centro Cultural de España. A su entender, el desarrollo de la industria en el país constituye “un verdadero desafío”.

“El segundo laboratorio que hicimos fue sobre diseño y trajimos a diseñadores españoles a trabajar con diseñadores uruguayos. Tenemos desde mobiliario hasta objetos utilitarios, diseño de moda, diseño gráfico y diseño industrial. Muchos de los diseñadores uruguayos están desde hace muchos años participando de concursos y licitaciones internacionales”, señaló.

Sin embargo, su preocupación radica en el tamaño del mercado, dado que el sector enfrenta altos costos y resulta difícil mantenerse con la infraestructura de empresa. En ese sentido, consideró que sería positivo contar con un compromiso por parte del Estado para que adquiriera determinado porcentaje de diseño nacional para las entidades públicas. “Se trata de mobiliario eficiente, de calidad, y es una marca país importante. Creo que nos faltan esas señales más firmes, que a su vez impliquen crecimiento para estos sectores, que dependen mucho del exterior, porque no hay un mercado que los pueda sostener”, concluyó.

Entre el Hermitage y el Bauhaus

El origen de la pasión de Patricia Bentancur por el arte se remonta a una infancia llena de curiosidad. “Recuerdo que mi madre trajo de un viaje un libro con dibujos del Hermitage. Era un libro grande y lo pusieron alto en la biblioteca, seguramente por el tamaño, porque allí iban los libros grandes, pero a mí me dio curiosidad y me encantaba ver los desnudos”, dice entre risas.

Junto a ese primer recuerdo, está el de una exposición de la Bauhaus que visitó Montevideo cuando ella apenas era una niña. “Iba a la escuela Francia, y la exposición estaba cerca. Mis padres me llevaron y quedé tan encantada que negocié para ir todos los días. El acuerdo era que si me llevaban, yo hacía los deberes en la recepción de la exposición. Y así lo hicimos. Desde entonces digo que el sexo y la Bauhaus fueron mis inspiraciones para ser artista”, reflexiona.

Ver nota completa en edición impresa N°22
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