Nacida en el XIX

Asentada totalmente en barro, es una de las diez casas que la Municipalidad de Santo Tomé (Corrientes, Argentina) eligió para honrar los vestigios arquitectónicos de este pueblo a orillas del río Uruguay, que acaba de cumplir su 150º aniversario.

Luis y Laura, sus actuales propietarios, son jóvenes abogados. La eligieron hace unos 8 años para ver nacer y crecer allí su familia. Hoy, sus tres hijos han transformado la casa en un hogar pleno de vida, sueños y satisfacciones. Habiendo pasado por varias etapas de reforma, incluso de anteriores propietarios, ya que la casa tiene unos 90 años de antigüedad (fue construida en 1924), en la actualidad se extiende en 360 m2. Erigida en un solo nivel, cuenta con el especial encanto que transmite la mezcla de calcáreas, balaustres, fundidos, forjados y pinoteas, hoy extraordinariamente restaurados. 

Al adquirir la casa se mantuvo la “piedra París” que revestía la fachada, que luego de un hidrolavaje, se uniformizó con las molduras a través de una tonalidad neutra: Blanco Antiguo (de la Carta de Colores de Inca), código 43YY 78/053. La carpintería de puertas y ventanas, de muy buena calidad, fue restaurada para llevarla del color crema que la cubría a la madera original.

Estampas jesuíticas

Santo Tomé, cuya población actual es de casi 24.000 habitantes, se formó a finales del 1600, cuando se instalaron allí los jesuitas. Fue refundada oficialmente en 1863, años después del incendio provocado por las tropas portuguesas. Se encuentra unida a la localidad brasileña de Sao Borja a través del Puente de la Integración, siendo el tráfico fronterizo uno de los pilares de la economía local. Santo Tomé es, además, sede de dos prestigiosas universidades, por lo que se caracteriza por tener una población joven y activa.
 

El templo principal de la Iglesia Católica conserva pertenencias de la antigua construcción jesuita. Incluso es posible ver en las calles pórticos de bienvenida, bancos o muros levantados con piedras de las antiguas ruinas, todos embebidos en la característica tierra colorada de la región.

La planta, perfectamente ortogonal, se articula en base a un pasillo que comunica el acceso con el gran patio posterior y divide la casa en dos sectores, acorde a las viviendas de la época. Las habitaciones, de dimensiones cuadradas, conservaban la comunicación entre ellas con más de una puerta, incluso dos y tres, concepto que sin embargo ha sido aggiornado para adaptar esta casa a los nuevos tiempos.

Pese a  tener la opción de adquirir una casa con vista al río o un entorno más agreste en las afueras de la ciudad, Laura prefirió una opción céntrica y con mucho jardín. La comodidad de estar cerca de todo y la generosa amplitud de los espacios exteriores (que incluyen el patio, la huerta, el espacio verde con frutales donde se instaló la piscina, y el acceso vehicular por la calle lateral) fueron los motivos centrales de la decisión.  “La arquitecta Carolina Navajas fue fundamental en la primera etapa del proyecto, y el arquitecto Raúl Díaz en la segunda y tercera. A la casa la fuimos transformando y ocupando a la vez, al paso de las necesidades, todo a nuestro gusto y con el invalorable apoyo de los profesionales en quienes confiamos”,  remarca Luis.

El muro de balaustre del jardín es original de la casa. Los muebles de la galería son de pino, comprados en Posadas y pintados por Laura con el color Verde gracioso (de la Carta de colores de Inca). Las rejas fueron tratadas con todos los pasos recomendados para la restauración de antigua herrería: lijado de herrumbre, pintura anti-oxido, y esmalte de terminación. Se respetó la forma original del estanque, sustituyéndose las piedras tacurú (así es como se denominan en esta zona) por una fuente. Las mayólicas en su borde interno fueron agregadas en la reforma. 

La galería (de 3 x 12 mts.) es el eslabón central de la actividad de la casa. Allí se suceden almuerzos, juegos, charlas, o un espontáneo y rico mate cocido acompañado de las tradicionales chipas correntinas. En esta galería convergen el comedor, el pasillo y el family-room, que se vincula directamente con la cocina, así como el pasillo interno que vincula la zona privada del dormitorio principal. Los techos altos, al igual que los cielorrasos de toda la casa (que superan los 4 metros de altura), brindan una luminosidad increíble al interior de los espacios, ofreciendo una luz que se cuela a través de los elegantes ventanales.

 

“Mi familia vive lejos, así que cuando vienen se quedan en casa. Laura tiene seis hermanos, por lo que las fiestas y varios domingos somos un montón. Por eso siempre supimos que sería una casa grande y con ambientes amplios  para recibir gente”,  reseña Luis.

El juego de comedor fue decapado y pintado, y se conforma por 14 piezas entre mesa, sillas, sillones, bargueños y cristaleros. Los soportes de cortina, de yeso dorado a la hoja, son originales de la casa, y aunque Luis y Laura decidieron no poner cortinados, iban con su gusto y los mantuvieron, incluso con el riel original. En los postigones de los ventanales que dan a la calle, colocaron visillos bordados, ya que un cortinado hubiera sido muy pesado. Eligieron el blanco puro para las paredes, donde solo las molduras de los contramarcos adquieren protagonismo. No hay cuadros  ni accesorios, apenas la belleza simple de las maderas cuidadosamente recuperadas.

 

El living y el comedor, que ocupan 80 m2, fueron los espacios donde comenzó la reforma. Su intervención fue,  estructuralmente hablando, la más trascendente. La estufa a leña actual no existía, sino que en su lugar una puerta comunicaba ambos ambientes. Es decir que se demolió la pared que sostenía la cubierta del living, y se generaron cimientos similares a los de un edificio para que la estructura de la estufa sostuviera el peso, vinculada  además al del resto de la casa. A ambos lados de la estufa, de doble boca y revestida con estuco veneciano, copiada de la casa de campo de un amigo entrerriano, se generaron grandes aberturas para presentar un espacio integrado, por lo que literal y técnicamente puede decirse que se invirtieron los apoyos de las cargas estructurales.

El cielorraso del living y comedor es de pinotea y cuenta Luis que está muy bien armado, en rombo, y aunque estaba pintado (como muestra la foto XXX) también se volvió a la tonalidad original de la madera.

La mayoría de los muebles del living fueron heredados de la abuela paterna de Luis, como también la magnífica araña estilo Imperio traída de Francia, que su abuela adquirió en Victoria (localidad a 50 km. de Santo Tomé).  Los sillones fueron retapizados en lino.

Simón, el carpintero de confianza fue fundamental en todo el delicado proceso de restauración, él intervino casi todos los marcos, contramarcos y molduras existentes. El piso de pinotea del living, que estaba dañado, fue encastrado con pinotea nueva adquirida en Buenos Aires, como también algunas aberturas (Marcela Almacén de antigüedades). Sabido es que el trabajo artesanal escasea cada vez más, pero por suerte aún quedan grandes valores del oficio a mano cuando uno se adentra en estos pueblos de campaña. “Trabajan con poco, son unos genios”, destaca Laura.

El sector donde Luis y Laura decidieron instalar la cocina y el family corresponde a los antiguos dormitorios, por lo que también tenían pisos originales de pinotea. Esta no estaba tan bien en cuanto a su conservación, así que decidieron sustituirla por porcellanato. 

 

Cuenta Luis que cuando en obra se levantó el piso de la cocina, se dieron cuenta que los cimientos de las paredes son de piedra tacurú, la misma que estaba en la fuente original del patio. También les llamó la atención que debajo de los pisos hubiera una cámara de aire de aproximadamente 1,5 metros, la misma que encontraron bajo el living, el comedor y las habitaciones al frente. Después supieron que este recurso es el que conserva la pinotea.

La rafia en las paredes del family es inglesa, comprada en Buenos Aires Design Recoleta. Todo el equipamiento de cocina, al igual que los vestidores, es de Johnson. El centro de mesa de la cocina es de Vivai (adquirido en el local de Montevideo).

“A los dos nos encanta cocinar. No preferimos la isla a pesar del espacio que ofrece, sino largas mesadas y espacio para guardar de todo debajo. Creíamos que la isla nos sacaba lugar y preferimos un desayunador”, apunta Laura.

La habitación principal con baño en suite, que se ubica contigua al patio y al lavadero, surge del agregado de área que se le hizo a la casa. Sus pisos son de lapacho de la zona. El respaldo de la cama otorga el toque de personalización a través del color Tesoro Esconcido (de la Carta de colores de Inca) junto a marcos antiguos de colección.

“Los espejos de los tres baños fueron comprados en anticuarios de Corrientes (capital). En todos los casos se buscó que hicieran contraste con las líneas modernas del diseño de interiores”, explica Laura.

El hogar de Luis y Laura es una joya de principios de siglo pasado que trasciende a su familia. Concretar, como ellos lo hicieron, la recuperación de un legado ancestral es un gesto por demás sensato para marcar nuestro paso por la vida. En su propuesta confluye la posibilidad de darse un gusto, con la generosidad de construir una verdadera herencia cultural para la comunidad que integran. En próximas ediciones continuaremos presentando otras residencias correntinas con estilos particulares, propios de la visión estética de los habitantes de esta particular provincia argentina.

 

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