Sensaciones correspondidas

Dos visiones, dos estilos. Dos formas de interpretar las necesidades de emprendimientos en el área
gastronómica, en particular, las que se circunscriben en el concepto del deli café o coffee & bakery shop, plasmados a través de modernos formatos que mutaron de aquellas primeras cafeterías hacia el hábito del “grab and go”, consumo de alimentos listos para comer pero que no necesariamente son una comida completa. Han cambiado los ritmos, los tiempos de permanencia y los requerimientos del usuario, y el diseño no ha sido ajeno a esta movida mundial como agente materializador, incluso se comporta en la gran ayoría de los casos como disparador de innovadoras y exclusivas posibilidades estéticas.

Las sensaciones es uno de los aspectos que hoy los diseñadores incorporan en sus propuestas dirigidas a un tipo de cliente que no se interesa solamente en el café, sino que el aroma, los sabores, los sonidos, las visuales y el disfrute de la plástica hacen el diferencial con otros espacios que simplemente están equipados para hacer un alto en la jornada. Varias ciudades, que han sido precursoras de estos recintos mágicamente exitosos, hace ya tiempo volvieron a valorar el espacio urbano cotidiano, la vereda,  la vidriera como lugares innegables de intervención a la hora de un refrigerio o tentempié. Las diferentes superficies conquistan las últimas tendencias en terminaciones, apuestan a la conexión visual y al espacio, donde hoy el usuario exige comodidad y servicio, y de un tiempo a esta parte, buen diseño. Lo cierto es que una charla café mediante, una reunión informal, un rato libre después de las compras o de una muestra de diseño, encuentran en este específico rubro del interiorismo deli-gourmet un lugar donde lo que se persigue es la experiencia.

Presentamos dos ejemplos que con sobrada soltura resolvieron estética y funcionalmente estos conceptos: Dolce Gusto House en Montevideo y B.Art en Córdoba. Ambos tienen particulares vínculos con la pre-existencia del espacio en el que transcurren y sobre todo, un gesto escenográfico que se advierte solo luego de una breve estadía y atenta observación. Pareciera que cuando se trata de jugar con la atracción e invitar al ingreso, todos los recursos de diseño son válidos, sean obras de arte (desde la pintura a la música), tecnologías aplicadas a materiales convencionales, el mobiliario de autor, las terminaciones puras, laqueadas, exóticas o las envejecidas.  

Fotos Javier Agustín ROJAS y Marcos GUIPONI

Dolce Gusto Café House es la primera experiencia que la multinacional Nestlé vincula a un espacio donde ofrecer sus productos y eligió Uruguay para consumarla. Este es el caso donde el diseño debe velar por la identidad de marca y corresponder a sus clientes a través de un nuevo concepto. El desafío lo tomó el estudio HMOZ, compuesto por los arquitectos Paco Hernández, Marcelo Staricco, Andrés Cotignola y Carolina Tobler, quienes optaron por una estrategia contundente, que se resume en tres grandes acciones, todas ellas, por su carácter, replicables en futuros emprendimientos de la marca, objetivo planteado desde el comienzo.

“Con una fachada dinámica, un artefacto hiper-eficiente y un cielorraso teselado que reflejara una identidad y se diferenciara de los convencionales, apostamos a la intervención arquitectónica como reconversión de una construcción existente al punto de volverla irreconocible en el contexto barrial. Buscamos incorporar arte y tecnología, y generar un concepto de arquitectura que pudiera ser replicado en otras partes del mundo, independientemente del local y su ubicación. O sea generar una identidad de marca arquitectónica”, señala Hernández.

La “fachada dinámica” propone una vitrina a la ciudad, un llamador con fuerte presencia diseñada a partir de los colores que se asocian a la marca, fue creada a partir de paneles microperforados Hunter Douglas, con 5 colores de la paleta Dolce Gusto. Estos paneles, posicionados en 5 ángulos distintos, transmiten un efecto de movimiento y aleatoriedad. Con esta fachada se genera una imagen reconocible a nivel de marca que podrá ser re utilizada en futuros coffee shops.


Sillas Catifa 46 (Lievore Altherr Molina), taburetes Babar (Simon Pengelly), mesas de centro Dizzie (Lievore Altherr Molina), puff Pix (Ichiro Iwasaki), mesas Wim (Lievore Altherr Molina) de Arper S.p.A.

El “artefacto hiper-eficiente” conforma un espacio fluido y flexible, ya que es en el interior, un único elemento que recorre todo el edificio, generando a la vez un espacio continuo que va dando solución a los distintos requerimientos de la cafetería. Materialmente es un gran equipamiento en donde se concentran todos los soportes necesarios para exhibir los productos de la marca: la barra, el tótem de cápsulas, el mostrador, la heladera self-service, pantallas embutidas, y hasta un gran nicho tapizado que forma el living. El equipamiento se construyó a partir de multilaminados de madera laqueada de blanco (las “paredes”), con todos sus bordes curvos (sin ninguna arista recta), que va generando huecos para instalar los colores vivos de la marca, jugando así con la metáfora de la variedad de tipos de cafés que brinda Dolce Gusto en el interior de sus cápsulas. “El público se encuentra siempre en contacto con este equipamiento continuo que permite distintos tipos de apropiaciones por parte de los clientes”, agrega Staricco

Se diseñó un cielorraso teselado, acentuando la idea del espacio fluido y continuo que recorre todo el espacio público, ocultando vigas, dinteles, las instalaciones y todos aquellos elementos técnicos que puedan distraer a los clientes en esta nueva experiencia. El cielorraso está formado por un patrón de figuras determinado por 49 placas de madera de distintos tamaños y formas. Cada una tiene varios patrones con perforaciones circulares (aludiendo a las distintas cápsulas de café), dando un efecto de luz singular, además de mejorar la acústica del espacio.

El verde está presente a lo largo del corredor lateral que se transita luego del acceso, el que se diferencia de la convencional puerta frontal directa a la calle. Sobre la vereda se diseñó un jardín con profusa vegetación a distintas alturas que amortiguan la transitada avenida, otorgando confort y calma al espacio de terraza.

La elección del mobiliario fue una destacada particularidad desde el proyecto, ya que estuvo pensado en total armonía con el espacio, desde las formas, los colores hasta en los materiales, partiendo desde el requisito de la empresa de cumplir con características premium en cuanto a la imagen y perdurabilidad, que también se tradujo en la excelencia en tecnología de iluminación, cámaras y sonido. El equipo de diseño se resolvió por la marca italiana Arper, representada en Uruguay por Zinc Design, a través de una línea de mobiliario muy limpia, casi toda blanca con detalles, o en su totalidad, en colores vibrantes. Se utilizaron también puff de distintos tamaños para generar espacios descontracturados en el sector del living, y sillas de diferentes autores para la gran mesa de formas curvas, ubicada en centro del espacio para uso compartido, equipada con la mayor tecnología en conexión wifi y la última generación de iPads, auriculares y cargadores easy charge.

Mesas Ginger (Jean-Marie Massaud), y sillas Juno (Studio Irvine) de Arper S.p.A

En un abordaje como este, del proyecto de arquitectura e interiorismo se despliegan en paralelo una serie de áreas vinculadas a los elementos distintivos de la marca a escala de accesorios, sea en imagen o en funcionamiento. La producción, coordinación y estilismo de todos los detalles fue realizado por Inés Artagaveytia y Verónica Bosch del estudio La puerta del al lado, quienes complementaron las directrices de diseño que estableció la asesoría de marketing de la empresa, y las llevaron a la práctica en línea con la conceptualización del equipo de arquitectos que propuso todas las partes de las envolventes exteriores e interiores del local. Todo debía ser innovador, tanto en diseño como en el funcionamiento. Las decoradoras también tuvieron a cargo el relevamiento y selección de artistas para que, por lapsos determinados, exhibieran sus obras en murales, uniformes, delantales, packs to go, portavasos y fajas térmicas, incluso asociándolos con los diferentes tipos de café, dándole prioridad a materiales reutilizables. La vajilla y cristalería, cortinas sistema rollers, el menú en forma de pantonera, stickers y demás materiales promocionales, debían acotarse dentro de presupuestos pero a la vez bajo los estándares de Dolce Gusto.

 

Fotos Gonzalo VIRAMONTE

B.ART surgió como el espacio destinado al bar en Casa Portal 2018, una muestra de arquitectura e interiorismo que se realizó en el Castillo del Jockey Club del hipódromo de la ciudad de Córdoba, Argentina, desde mediados de mayo a mediados de junio pasado.  

El arquitecto Pablo Dellatorre en conjunto con los arquitectos Marco Ferrari, Gabriela Jagodnik, y Ramiro Veiga de Estudio Montevideo intervino un edificio de época, un castillo de hace más de 100 años con una imponente altura donde se ubicaban los antiguos palcos del hipódromo. El equipo de arquitectos que trabajó en colaboración tomó partido en base a una firme decisión: cerrar el espacio con una gran mampara para poder climatizar y generar un ambiente acogedor. Se mantuvieron molduras, “en vez de un proceso de restauración lo destruí un poco más, como para que, a pesar de estar venido a menos, la escala y la proporción del espacio continuara mostrando su fuerza”, afirma Dellatorre.

En cuanto a la textura de las añejas paredes y la mezcla de mobiliario, respondió al estilo del arriesgado arquitecto cordobés que contrasta incluso lo que a simple vista puede ser incontrastable. En la barra conviven tramas naturales pero avejentadas, vividas, el desgaste propio de la pinotea combinado con una piedra tan perfecta como exótica, el granito Lumix, que además fue transiluminado para potenciar la veta. Los bancos antiguos del hipódromo se despojaron de su pintura original y se arenaron para vislumbrar la primera piel, “el hueso” como se refiere el arquitecto. La técnica del estuque en las paredes y techos recomponen esa atmósfera de vieja construcción, y un mega muro de espejos dorados en diseño “patch”, con distintas medidas y cortes de espejos biselados, contribuyeron al clima de época que el autor se negó a abandonar, sino a exacerbar. Un equipo abanderado del eclecticismo a partir de la reutilización de materiales.

Con gran convicción, propia de un particular hacedor de ciudad como Dellatorre, que vincula su misión más bien con los rincones y las dimensiones más humanas que con las grandes arquitecturas, se planta en una postura de la que B.Art es claro ejemplo, “apuesto con mi equipo, desde el dibujante al carpintero, a trabajar la pequeña escala extraordinariamente bien, llegar más lejos y no más rápido, utilizar materiales en crudo, que trasmiten su ADN y no se maquillan, casi no utilizo pinturas, la madera y el hormigón aparecen como son, oxido los metales, me banco sus defectos y su vejez”, expresa Dellatorre, quien compenetrado con el aire medieval de una envolvente fortificada, incorporó cortinados de piso a techo y en composición con la herrería facetada en cuadrantes de los ventanales hacia todas las vistas del hipódromo. El verde se hace presente solo con un toque fresco sobre la gran mesada, y los puntos de luz se suspenden casi invisibles con lámparas de colgar Matiz en aluminio pintado cobre, en tono con los reflejos dorados del stamping del logo sobre la pared curva.

B.ART deli café es una mezcla de bar y arte, panificación y delicatesen acompañan el final o un stop en la recorrida de espacios ambientados de una de las muestras más significativas en diseño de interiores en el interior de Argentina. En cuanto al plus que hace a la ambientación del espacio, plagado de contrastes y diseño de autor, el perfume y música considera Dellatorre es lo que verdaderamente redondea un clima distendido y personalizado para cualquier espacio, y más el que se elige para el “tomemos un café”.  

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