Sinuoso despliegue radial

Fotos Juan José PEREZ CARIDAD

Enclavada en Portezuelo, la Casa Ollé despliega una geometría compleja, entregándose al diseño arquitectónico en estrecho vínculo con la escala humana. La construcción se impone sobre su entorno por su presencia, y en sus interiores por sutiles gestos volumétricos, y detalles de diseño personalizados por sus propietarios.

La sofisticación de su lenguaje, los grandes techos curvos con aleros calados a distintas alturas, sus grandes vidriados en los distintos volúmenes, la altísima puerta, los muros contundentes que articulan espacios en un sinuoso despliegue radial de doble curvatura, la gran chimenea y el importante arco de acceso revestido en piedra roja rústica, son algunos de los recursos arquitectónicos utilizados por la arquitecta Marta Arjona para marcar una voluntad expresa de modernidad y de singularidad.

El gran living, en doble altura, oficia de pivot y permite la transparencia entre el jardín de acceso (al sur) volcado a la calle y el gran jardín íntimo (al norte), donde una pileta con jacuzzi y cascada aportan su cuota de glamour y frescura.

Estructurada en dos sectores divididos por la puerta de acceso, en el área de recepción de la casa las miradas indefectiblemente van a la gran estufa de piedra y los caireles, que penden de majestuosas arañas sobre sillones de cuero con almohadones en seda. En el sector del bar y la televisión, una escalera de mármol y cristal lleva a la suite principal.

El comedor, al que se ingresa por una puerta blanca deslizante y generosa desde el living, tiene acceso en forma idéntica desde el parrillero. Una enorme puerta con cristal opacid y laqueada en rojo lo vincula ampliamente con la cocina. Ambos ambientes fueron diseñados para conformar un conjunto armónico, donde el rojo es el protagonista en pared y pantallas de las arañas de cristal. Sobrias sillas de ecocuero blanco, una consola patinada y una mesa de granito con bordes rústicos completan la composición.

El toilette para el parrillero, también patinado pero en rojo con oro, tiene mesada de quebracho y piso del mismo material en pequeños tacos de 10 x 10 centímetros, el que se continúa en el área propia de la parrilla, que fue diseñada en piedra y azulejos rojos, mezclando textiles de cuero de vaca.

El mármol blanco con vetas grises invade los pisos del living y el comedor, y en el hall de acceso se replica con dibujos con piezas de mármol que combinan gris y beige. En el comedor, incrustaciones de granito negro absoluto y silestone rojo hacen composé con la cocina, donde el mismo granito negro absoluto se salpica con incrustaciones en granito gris, mármol blanco y silestone rojo.

La mesada de la isla es de silestone rojo con chispas de mica, que junto a otras de granito negro contrasta con el blanco laqueado del mobiliario. En materia de carpintería, algunas puertas son de opacid y aluminio y otras de vidrio negro. Una profusa cantidad de luces LED en cielorraso y muebles, se complementa con una luminaria colgante con cristales rojos, transparentes y blanco traslúcido.

Los cinco dormitorios, todos en suite y con diferentes estilos, están distribuidos a ambos lados del living. La suite principal, de amplias dimensiones, permite disfrutar desde la terraza privada de la planta alta de las vistas al mar y a la piscina.

El diseño en el vestidor en gris plata, beige y blanco, hace eco a un stencil de flores plata aplicado sobre  la puerta corrediza que lo separa del generoso dormitorio.

La artista plástica Magda Díaz materializó en los baños de esta casa un trabajo magnífico de vitrofusión a través de las bachas. Todas fueron realizadas en forma exclusiva, con un diseño único e inusuales dimensiones. En el caso de la bacha del baño principal, un diseño impactante en tonos de anaranjados.

El baño principal, en carrara venetino, retoma las geometrías singulares en los arenados de mamparas, revestimientos y espejos. Cristales artísticos artesanales rojos de Magda Díaz forman la rosa de los vientos y visten los nichos iluminados.

Cierre Cuando se piensa en contemporaneidad, invocar la curva es un gesto permitido, que suaviza cualquier composición espacial. Con ese concepto, la arquitecta Arjona volcó en la Casa Ollé generosos e inusuales gestos: la escala y el valor estético en sí mismos.

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