Solo se trata de buena arquitectura

Hospital de Clínicas, 1953, Arq.  Carlos Surraco.

Las personas que vivimos en ciudades, sin importar demasiado su tamaño, todos los días pasamos alrededor de distintas obras arquitectónicas, nuestros ojos están acostumbrados al lenguaje de la ciudad, al lenguaje figurativo de las construcciones que nos rodean, ojos que en realidad son ventanas, bocas que en realidad son puertas y una serie de imágenes recurrentes que construyen las fachadas, las calles y en definitiva los espacios urbanos que transitamos.

Fotografía: Carolina Cabrera Bonino

Algunos ven en esos espacios solamente formas y colores, orden y caos, otros ven en ellos proporciones, materialidades, ritmos, profundidades y algunos otros vemos además de todo eso, cómo esas casas y edificios se relacionan con el Sol, con el Agua, con el Aire y con la Tierra. Como sus fachadas se transforman en verdaderas pieles, filtros, que protegen y seleccionan qué dejar pasar y qué no dejar pasar.

Algunos otros vemos la realidad a través de cristales que tiñen lo que vemos con esos colores, con los colores y las formas del acondicionamiento físico natural, o mejor dicho, de la arquitectura bioclimática.

Fotografía: Carolina Cabrera Bonino

Al recorrer mi ciudad, Montevideo, muchas veces veo arquitectura construida con una gran sensibilidad para estos temas, y este artículo solo pretende comentar esas experiencias;  no son un ranking ni una selección metódica, son ejemplos antojadizos que se me ocurre describir, estudiar, mostrar; en fin, compartir y hasta ponerles un Me Gusta.

En más de una oportunidad me ha tocado ir a buscar a mis hijos a la parada de buses interdepartamentales frente al Hospital de Clínicas;  nunca me aburro de mirar esa estupenda arquitectura con rasgos expresionistas y una lógica proyectual muy contundente y magnífica. Se hace evidente que el arquitecto Surraco, además de usar elementos del repertorio racionalista logró una implantación del edificio y un manejo de la envolvente muy eficiente, donde sin ningún tipo de dudas se decidió a aprovechar y distribuir los rayos bienhechores del sol con sabias decisiones.

Fotografía: Carolina Cabrera Bonino

Destaca entonces una fachada al sur con una proporción de vacío lleno de poca permeabilidad con la ubicación de locales secundarios y de servicios en ella. Un testero al este y otro al oeste como hubiese sido en cualquier edificio “en tira” y una fachada al norte quebrada, alternando planos este, al norte, al oeste y nuevamente al norte en una estructura de peine que no tiene otro fin más que el de mejorar la cantidad de asoleamiento que recibe el edificio.

 

 

 

 

 

Si analizamos desde el punto de vista matemático y comparamos la envolvente del hospital de clínicas con la de un edificio en tira de idéntica área por planta y de la misma dimensión en el testero, obtenemos unos resultados que ejemplifican muy bien la estrategia adoptada por Surraco.

Al mirar estas gráficas, se hace evidente el acierto de Surraco, la peor fachada solo representa el 30% de la envolvente mientras que en un edificio tradicional era del 47%.

Claro que al mirar esto podríamos decir que la tal fachada norte no es tan buena ya que queda encajonada entre los volúmenes sobresalientes del “peine”, sin embargo analizando en profundidad el tema vemos que aún considerando la parte de fachada norte “escondida” la misma tiene un asoleamiento más que aceptable asegurando más de 3 horas de sol en el invierno. Sin duda que por estos argumentos expuestos, este edificio evidencia en su diseño una fuerte vocación bioclimática digna de ser tomada como referente en distintos proyectos.

 

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