Veranear en un DOMO

Luego de un viaje de 11 meses por los rincones más exóticos del Pacífico, una
joven pareja uruguaya dejó plasmado un sueño por cumplir a su retorno, ese que
se sueña y se concreta mirando lejos y con horizontes llenos de vivencias
alineadas a una cultura ecológica. 

 

Una vuelta al mundo recoge experiencias inolvidables al punto que nada vuelve a ser igual que antes. En general, despliega no solo originales proyectos, sino una cuota de confianza para llegar a ejecutarlos. Es que convivir con otras realidades, es solo un paso apropiarse y perseguir un objetivo. Así nacen imparables trotamundos, y por consiguiente, emprendimientos con una mirada basada en ese tinte foráneo de otros estilos de vida, sobre todo luego de visitar algunos de los destinos más exóticos del mundo, pero sin irse lejos, ni emigrar, sino en su propia tierra.

 

Lucía Scandroglio y Leandro Deambrosi emprendieron en enero de 2018 un viaje que comenzó en Chile. De ahí continuó la aventura por Nueva Zelanda, Fiji, Vanuatu, Nueva Caledonia, Japón, Kuala Lumpur, Bali en Indonesia, y finalmente Catar y Madrid. Lo hicieron acompañados de sus hijas Gaia, Sol y Francesca –que en ese entonces tenían 9 años, 2 años y 8 meses- con un espíritu tan aventurero que desestimaron excesivas
planificaciones, salvo las necesarias para asegurarse hospedaje en las ciudades más grandes o en aquellos sitios de mayor demanda y visita impostergable. Con mucha frecuencia cedían la chance a ir descubriendo y sorprendiéndose en cada uno de los 320 días que duró este viaje; incluso con los ritmos lentos y pausados que requiere un viaje
con niños. Según cuentan, trataron en todo momento de estimular a sus hijas a lo sensata y duradera que debe ser la conexión con la naturaleza, sin importar la latitud y cultura donde se encuentren, a perder el miedo, a aprender cosas nuevas y testear otros sabores; a hacer amigos y perseguir la idea de volver a verlos, y sobre todo, dar rienda suelta a
la emoción que se respira con el legado ancestral que ofrecería cada destino.


Con el hastag #los5queviajan deleitaron en las redes a muchos seguidores con los relatos de su travesía. En diciembre de 2018, recién llegados y con las valijas aún sin desarmar, ya planificaban retomar la aventura en marzo de 2019 comenzando en Bali “porque aún nos quedan muchos sitios por descubrir”, comentaba entonces Lucía. Sin embargo,
instalados los calurosos días de enero decidieron armar un domo que habían comprado para disfrutar el verano. Así comienzan a manejar la idea de hacer una posada con domos en el bosque y a orillas del Atlántico. Y es que aún sentían en la piel el salitre oceánico, recordando aquellas andanzas por el Pacífico, con el que vibraron en todos los sentidos: buceando, surfeando, también sobrevolándolo, además de confeccionar balsas de bambú, cosechar chocolate y hacer colorantes naturales; solo por mencionar algunas de sus increíbles experiencias.

 

Siempre supimos que era un viaje por un tiempo y que
nuestra casa iba a estar en Uruguay

Antecedente exótico e inspiración patagónica
Finalmente, la idea de descubrir nuevos destinos en 2019 cambió de rumbo y el proyecto de la posada cobró un impulso inesperado. “Ya teníamos armados dos domos cuando nos surgió la oportunidad de ir a Torres del Paine a ver de cerca un hotel hecho con estas estructuras. Sin dudas fue inspirador, pero la idea ya estaba siendo concretada”.
El Parque Nacional Torres del Paine -creado en 1959- es una de las áreas silvestres protegidas más importantes de Chile. Está ubicado entre la Cordillera de los Andes y la estepa patagónica, y en el corazón del mismo es donde se encuentra EcoCamp, el primer hotel geodésico sustentable de Chile, inspirado en la cultura Kawésqar -indios nómades de la zona más austral del país andino- propuesta que ya cuenta con gran cantidad de premios y certificaciones internacionales.

Hoy en Uruguay, estos jóvenes aventureros son los creadores de otra forma de habitar en vacaciones a la que denominaron “Big Bang Nature Stay Uruguay”. Primero quisieron compartirla con su familia y amigos, y desde setiembre de este año abrieron la experiencia a curiosos viajeros de todo el mundo que en diciembre comenzaron a llegar. Ahora es el turno de los veraneantes locales, quienes podrán disfrutar de un original
formato de posada en la costa uruguaya y vivir tal una experiencia de estadía increíble, tal como sus creadores descubrieron por varios rincones del mundo.


Desde la Ruta Interbalnearia una extensión de 25 hectáreas conecta esta vía rápida con el mar a través de senderos por el bosque. Es el marco agreste de la Estancia Digambara, cuyo casco fue construido en 1940 y desde entonces ha albergado el disfrute familiar. Allí es donde surge el Universo Big Bang como una verdadera explosión creadora,
conceptualizada en base a una de las frases del filósofo polaco Henryk Skolimowski: “una revolución indispensable para una civilización creativa, vibrante y sostenible en constante evolución”, cuya mayor preocupación fue la acelerada dependencia de la tecnología a expensas de una adecuada relación con la naturaleza y el planeta.
El alojamiento durante el viaje de Lucía y Leandro marcó sin dudas un antecedente a lo que luego materializaron en la costa de Maldonado, ya que priorizaron vivir momentos nativos a diferencia de la comodidad y el confort de un hotel. “Siempre tratamos de quedarnos en lugares que nos dieran ese sabor de la vivencia local. Si nos hospedábamos en cadenas hoteleras, la realidad es que terminábamos en sitios iguales que no nos
daban una referencia real de donde estábamos. Dormir en lugares típicos te acerca a la realidad y costumbres de cada país. Cada lugar al que llegábamos era una aventura, incluso en Japón hay algunas ciudades que son increíbles y muy exóticas”, relata Lucía, quien al preguntarle por las estadías más significativas que tuvieron durante su viaje, indicó el Yakel Village en la isla de Tanna, en Vanuatu (archipiélago de origen
volcánico al este de Australia), dormir en un “bure” como le llaman a las casitas de Fiji como únicos foráneos, además de ser invitados a la casa de un Maestro, pernoctar frente al Volcán Tanna o en los “ryokan”, como se les denomina a las pensiones japonesas. Todo esto dejaría huellas al proyectar esta posada de domos, donde hay mucho de hospitalidad, de gastronomía, de cielo abierto, noctilunas, charlas, juegos y la posibilidad de explorar, cabalgar, avistar, nadar, hacer senderismo, fogones y no dejar de celebrar.

Un complejo de domos
El domo es sinónimo de cúpula, del inglés y francés: dome. Están siendo cada vez mas utilizados en Uruguay como elementos constructivos que han tomado relevancia como recurso arquitectónico, por lo original de la propuesta y solución eco-sustentable. El uso más común es tipo invernáculo para cultivos, aunque se proponen también para construcción de espacios de usos múltiples e incluso algunas empresas los alquilan a modo de carpa para eventos. Son ya conocidas también ofertas similares con destino de hospedaje: una en Punta del Diablo (Rocha), que ofrece el domo como novedad en cuanto a la forma, pero con materiales tipo barro, adobe y madera, y otra en Minas (Lavalleja), compuesta por pequeñas casas o cabañas con forma de domo, realizadas en construcción tradicional. La innovación en el método de construcción de Big Bang es su principal diferencial, ya que reúne una serie de características que vale la pena destacar:
Mínimo impacto ambiental: no tiene anclaje a la tierra y su montaje es sobre una plataforma de madera.
Mínimos recursos para su armado: en materiales, mano de obra y tiempo, ya que los marcos triangulares generan la estructura más fuerte posible con la mínima cantidad de materiales.
Mayor relación volúmen-superficie: su forma natural reduce las necesidades energéticas.
Mayor confort térmico: dado por la máxima ganancia solar por tratarse de una media esfera, cuya forma acompaña el recorrido del sol, además de una temperatura uniforme en el interior y una ventilación natural optimizada.
Optimización climática: dada por su buena resistencia al viento.
Otros temas potenciales de investigación a desarrollar e implementar tienen que ver con las energías renovables y la arquitectura bioclimática.

 

La estructura geodésica

Conceptual y constructivamente, el domo retoma los principios de la estructura geodésica patentada en 1954 por Richard Buckminster Fuller, un arquitecto y visionario estadounidense cuya invención y desarrollo fue resultado de numerosas pruebas en la exploración de los principios de eficiencia energética y el buen uso de los recursos en la arquitectura, la ingeniería y el diseño. Una referencia precisa que vincula el domo a la arquitectura sustentable es la Biósfera de Montreal (Canadá), una de las esferas geodésicas más grandes del mundo, desarrollada por este arquitecto en 1967 en base a una estructura de acero con células cilíndricas de más de 65 metros de diámetro y 63 de altura, construida en el pabellón de los Estados Unidos en la Exposición Universal de la capital canadiense. En 1976, un incendio consumió el revestimiento de polímero, sin embargo la estructura en acero permaneció intacta y hoy es todo lo que queda de la construcción original. En 1995 la Biosphère de Montreal se tomó como símbolo de la ecología por albergar un museo dedicado al agua y al medio ambiente.

Las cúpulas geodésicas son estructuras que forman una semiesfera (mitad de una esfera geodésica). La piel o cara puede tener la forma de hexágonos, triángulos o cualquier otro polígono con diferentes tamaños. Las piezas que forman la cúpula geodésica se ensamblan y unen correlativamente hasta obtener el “caparazón” cuyos vértices deben de coincidir con la superficie de la esfera. Esta forma cumple con el teorema de poliedros de Euler, que define la relación entre el número de caras (C), vértices (V) y aristas (A):

C+V-A=1

 

Según sus dimensiones existen domos geodésicos que pueden llegar a ser muy complejos y desafiar la arquitectura a gran escala, y otros tener la capacidad de armarse con facilidad tal juego de mecano para niños en el jardín. En todos los casos, la sensación en su interior es única, una suerte de refugio, abrazo o recogimiento, ya que el origen ancestral de estos cuerpos hemisféricos, más allá de destinarse principalmente a viviendas, estuvo basado en los principios de la Geometría Sagrada.

Lucía es arquitecta y fue la encargada de la implementación de todos los aspectos vinculados al diseño, desde lo más general hasta los detalles dentro de cada domo. Leandro tiene a cargo la gestión del proyecto y realizó la dirección de obra. Ambos, junto a otros colaboradores que se sumaron al equipo, se plantean llegar a convertirlo en un modelo sustentable con la posibilidad de replicarse en otras zonas de Uruguay. El interiorismo del living estuvo a cargo de Gastón Izaguirre y el diseño interior de algunas habitaciones bajo la autoría de Cecilia Gercar.

 

Gran parte de su carácter sostenible
es que Big Bang es un proyecto de vida.

 

El complejo está compuesto por 2 Domos Living Nature como espacios comunes equipados con living y comedor-cocina (2 estructuras de 70 m2 cada una), 12 Domos Rooms (8 de 43 m2 para 4 personas y 4 de 27 m2 para 2 personas), todos equipados con aislación térmica, sanitaria, eléctrica y baño (las grandes tienen además kitchenette), más una estructura destinada a eventos, yoga y talleres de arte. Las actividades al aire libre están programadas con guía e instructor como parapente, surf, windsurf, kitesurf y senderismo. El avistamiento de aves, se trabajó con la Asociación Flora y Fauna Indígena para la identificación de cada especie de Pastizal, Matorral y Monte Psamoflo, cuya diversidad y posibilidad de observación son parte de la identidad del lugar.

Son muchas las referencias de modelos exitosos en el mundo, lo que colabora con su carácter innovador, ya que logra cumplir con una oferta que esta siendo actualmente tendencia en cuanto a Turismo Ecológico Sustentable Natural. Incluso se plantea como opción para diseñar eventos totalmente descontracturados de tipo empresariales creativos, sustentables y conscientes, que dan cabida a capacitaciones, reuniones de trabajo, jornadas motivacionales o de team building, además de las tradicionales instancias de celebración. Sin ir más lejos, el pasado mes de octubre fueron seleccionados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para una reunión de 74 personas.

Su enclave en el bosque, el acceso directo al mar y los materiales extraídos de las cercanías hacen a las cúpulas parte del paisaje. Las estructuras y su diseño crearon espacios simbióticos con la naturaleza en una perfecta relación con los elementos que componen el entorno: las rocas, el mar, los seres vivos, la luz, los procesos geológicos y el paso del tiempo. La misión intrínseca del proyecto es experimentar y sensibilizar a quienes formen parte del emprendimiento, así como a huéspedes y visitantes, sobre la riqueza de vivir en sincronía con el medio ambiente, logrando un estilo de vida y un modelo de negocio sostenible.

 

bigbanguruguay.com

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