Bienvenido trabajo colaborativo

Textos Federica SILVA

Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing. Sean bienvenidos. Pasen y vean. Y si les gusta, se pueden quedar.

Un timbre, lo único que separa al mundo exterior de Sinergia Cowork, el primer espacio de trabajo colaborativo de Uruguay, instalado en pleno barrio Palermo de Montevideo. Es que hasta hace un tiempo, la puerta permanecía abierta y un cartel invitaba al público general con un: “Bienvenido, te estábamos esperando”. Cordialidad que el intenso flujo de visitantes obligó a reformular.

Fue en abril de 2014 cuando inauguró el más grande espacio de cowork local, primeros en dar respuestas a tantos ¡¿y eso qué es?! Este anglicismo, expresión bastante más aceptada que el término en castellano “cotrabajo”, se refiere a los espacios de trabajo en los que se comparte una mesa de trabajo u oficina en un lugar en común con otros profesionales. Trabajadores independientes, pequeñas empresas, startups que se agrupan a trabajar en un mismo lugar y unir fuerzas, leitmotiv de la colaboración, para facilitar el desarrollo de sus ideas o proyectos estableciendo sinergias entre ellos.

A partir del desarrollo de internet y el trabajo a distancia, los trabajadores independientes y nómadas aumentaron, y encontraron en estos lugares la solución perfecta, pues hasta entonces trabajaban desde sus casas o eran emprendedores sin suficiente dinero para montar su propia oficina. En paralelo, en los últimos años, un nuevo paradigma global de la cultura laboral ha puesto la mira en la creación de ambientes más inspiradores para motivar no sólo la creación de nuevas ideas, sino un mayor bienestar laboral.

Aunque muchos trabajadores independientes, solitarios o en equipo, utilizan desde hace tiempo la modalidad de alquilar una oficina compartida con otras empresas o profesionales, el coworking va más allá. Para sus evangelizadores, es una filosofía de trabajo que debe fomentar la comunidad colaborativa, así como la creatividad, el talento y la comunicación. A nivel mundial, se ha venido expandiendo desde mediados de los 90’, demostrando que se trabaja mejor en compañía. Ahora, la idea echa raíces en Uruguay.

Un artículo de 2013 publicado en la revista digital Deskmag, especializada en coworking, analizaba el fenómeno en España, vinculando su desarrollo con la recesión económica, el aumento del número de trabajadores independientes, la creación de nuevas empresas, y el giro hacia nuevos modelos económicos colaborativos. En definitiva, se trata de una propuesta que permite a los trabajadores nómadas establecerse en espacios más cercanos a sus casas o lugares de desarrollo, ahorrando en tiempos y gastos de traslados, al tiempo que los acerca a la comunidad.

Evolución del coworking

En el año 2010 había 600 espacios de cowork en todo el mundo. En 2013 eran  2.500, y más de 110.000 personas las que se encontraban trabajando bajo esta modalidad, según los últimos datos de Deskmag.

El Hackerspace de Berlín (Alemania), fundado en 1995, fue el primero, pero recién en 1999 el diseñador de juegos y teórico norteamericano Bernard De Koven habló de cowork como método de trabajo colaborativo. La versión completa apareció en el año 2002, convirtiéndose el Community Center of Entrepreneurs de Viena (Austria) en el primer espacio que cumplía con la definición. Sus fundadores lo expandieron rápidamente abriendo otros dos bajo el nombre de Hutfabrik –Hat Factory (2004) y Rochuspark (2007)-. En esa misma época nació en Londres (Inglaterra) el primer proyecto de hub global, motivando la apertura de otros 40 espacios en calidad de franquicias. El hub se convirtió en la más grande red de cowork, distribuyéndose en los cinco continentes para ofrecer una experiencia de colaboración.

Recién en 2006, The Hat Factory de San Francisco (EEUU) se convirtió en la primera propuesta autodenominada de coworking, y en octubre de 2007, apareció la versión en español en Barcelona (España).

En 2008, el New York Times dedicó al tema un reportaje, y un libro editado en 2009 reafirmó esta expresión cultural en oposición al modelo de oficina. Ese mismo año, la empresa alemana Betahaus, actualmente una de las más grandes redes europeas de coworking, popularizó el concepto hasta hacerlo tendencia en los buscadores, transformándolo en un fenómeno global.

Una nueva cultura de trabajo

En Uruguay, la primera apuesta la hicieron Maximiliano Pérez, Federico Lavagna, Mateo Vilar del Valle, Alexander Hobbins, Emiliano Navajas y Macarena Botta. A fines de 2013, estos seis emprendedores se asociaron para desarrollar la idea del primer gran coworking autóctono. El objetivo era crear una comunidad de trabajo colaborativa, donde se pudieran conectar, retroalimentar, intercambiar ideas o consejos, y que tuviera su propia gestión. La idea cerraba. El lugar estaba. La necesidad también.

“El ecosistema emprendedor en Uruguay era de élite. Muchos emprendedores no sabían que existían recursos como la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), por ejemplo. Sinergia busca cambiar eso para juntar recursos con ideas y vincular a las personas. También se trata de brindar contención, ya que esa etapa es súper solitaria”, explica la directora ejecutiva de Sinergia y responsable de la gestión diaria, Macarena Botta.

Otro gran objetivo era ofrecer un espacio accesible para el profesional, sin los contratos de rigor, a un menor precio que las alternativas de alquiler convencional, y en compañía. Esta primera versión de una comunidad de profesionales compartiendo una mesa o una oficina se expandió primero hacia la creación de una incubadora de emprendimientos propia con apoyo de la ANII, paso previo para avanzar hacia la inminente apertura de Sinergia Tech, un proyecto que estará dedicado al desarrollo de la robótica, domótica y fabricación digital.

Co-Work Montevideo secundó a Sinergia, abriendo al público en julio del mismo año. Con perfil de aceleradora de negocios, se trata de una franquicia de la red chilena Co-Work LatAm. Ubicado en el tercer piso de un moderno edificio en la calle Tiburcio Gómez del barrio Buceo, también propone una serie de alternativas accesibles para quien inicia un proyecto.

Uno de sus socios locales, Mario Sánchez, cofundador de GlobalizeU y UNO WiFi, entre otros proyectos vinculados a áreas de desarrollo tecnológico y al trabajo con jóvenes emprendedores, cuenta que a partir de estas experiencias decidió replicar en Uruguay una idea que se expandía en la región. “Nos pareció importante el lugar físico del emprendedor cuando viaja o trabaja. Pensamos en una infraestructura para que hiciera sus primeros pasos fuera de las convencionales, que son casi siempre oficinas cerradas y bastante más caras. Esa idea ya existía y, se llamaba espacios de cowork”. Sánchez y María Elia Bentancour, collaboration manager del espacio, son los responsables de la gestión diaria en Co-Work Montevideo.

Los actores del coworking en Uruguay tienen la convicción de que el clima era ideal para recibir un nuevo concepto de trabajo colaborativo que ayudara al ecosistema emprendedor. Para Sánchez, “el movimiento emprendedor se solidifico y creció. Hicimos un relevamiento con la ANII, Uruguay XXI, emprendedores y universidades, y el diagnóstico fue que había necesidad de un lugar así. Creo que hace 3 años no había esa masa. Salió Sinergia y nosotros casi al mismo tiempo, y todos sobrevivimos”.

Macarena Botta entiende que “desde que se creó la ANII, el emprendedurismo creció mucho, pero todavía faltan herramientas para validar que ser emprendedor es una alternativa. En la medida que no hay una coordinación con la educación, ámbitos público y privado, inversionistas, capacitaciones, y gente que ayude en el proceso de internacionalización, es difícil”.

¡Revolución!

Una mañana de finales de junio, Pablo Astigarriaga sacude a los madrugadores que se anotaron para asistir al octavo desayuno de Creative Mornings en la sala principal de eventos de Sinergia. Se trata de la versión montevideana de un movimiento internacional que invita a desayunos mensuales con el fin de compartir una charla inspiradora, de unos 20 minutos de duración, bajo un tema diferente en cada edición. La de junio es “Revolución” y Pablo, un programador, también coworker, nos alienta a apoderarnos de todas las herramientas que proporciona Internet para un desarrollo profesional autónomo. Animarnos a ser los dueños de las imprentas para concretar nuestros propios proyectos. Iniciar las revoluciones personales.

La de Pablo, 28 años, es una historia similar a la de tantos otros profesionales que reúne la comunidad. Luego de trabajar durante años como dependiente para distintas empresas, creó junto a colegas y amigos el colectivo bautizado 13 Floor. Lo que más valora es la libertad de elegir los proyectos de programación y desarrollo de aplicaciones que más los entusiasma, aunque eso significa involucrarse en todo el proceso, desde la negociación, hasta la entrega del producto.

Desperdigados en puffs de los livings de sus casas, a veces en algún café, su proyecto despegaba cuando dieron con el primer coworking en Montevideo. Conocían la idea, ya que habían trabajado en espacios similares en San Francisco y Berlín, y se acercaron a ver de qué iba la iniciativa local. “Vinimos a ver el lugar y a decepcionarnos”, recuerda. “Pero cuando entramos, lo primero que vimos fue gente laburando, haciendo cosas, y en cinco minutos nos dimos cuenta que queríamos estar acá”. Y así llegaron los primeros habitantes de una de las oficinas de Sinergia.

Su charla y la mañana creativa es una excusa más de las que propone el coworking para conocerse entre profesionales, motivando ese intercambio que para Pablo fue fundamental en el desarrollo de su colectivo. “Tener este lugar nos definió un montón en cuanto a nuestra identidad y actitud frente al mundo. No sé si nuestro proyecto hubiera salido como salió de no ser por Sinergia”, afirma.

Claves del diseño para un espacio de colaboración

¿Cómo diseñar un espacio concebido para reunir a un heterogéneo grupo de trabajadores, que fomente la colaboración, la innovación y el movimiento? ¿Y cómo mantener la intimidad, también necesaria para generar productividad?

En una mesa de conferencias de Coworking Spain realizada en mayo de 2012 se analizaron las principales estrategias arquitectónicas de estos espacios. Además de los puestos compartidos, recomendaron crear áreas de café, cocina, y salas de reuniones para sesiones de ideas y cocreación, todas adaptadas tecnológicamente. Pero también sugirieron la existencia de espacios independientes en relación a los que se destinaran al trabajo en equipo. Otro consejo fue optimizar el espacio para ofrecer flexibilidad y cambios de escenario, con el fin de estimular la colaboración entre personas abiertas a distintas situaciones o al cambio.

En lo que fue una barraca, taller mecánico, estudio de grabación, y depósito con oficinas de una marca de vestimenta como penúltimo destino, un imponente galpón reciclado aloja ahora a la comunidad más grande de coworkers de Uruguay. Sinergia tiene 1.400m2 de espacios distribuidos en una planta baja principal (650m2), un entrepiso (350m2) con mesas compartidas y oficinas, comedor, espacios de recreación, salas de reunión y eventos, y una amplia terraza acondicionada para actividades al aire libre. Toda una batería de soluciones para recibir a las aproximadamente 300 personas que diariamente llegan a trabajan, visitar o asistir a alguna de las actividades que allí se organizan.

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La primera de las casi diez mesas de trabajo compartido en la planta principal, que llaman “la nave”, sirve para recibir. “¡Hola!, ¿te puedo ayudar?”, reza un cartel. Aunque la movilidad es una consigna, el espacio prevé la disponibilidad de diez mesas compartidas en esa planta y otras cinco en el entrepiso, de puestos variables y fijos, en las que entran hasta seis trabajadores. En ambos laterales, empresas y equipos trabajan en alguna de las 17 oficinas privadas de 13 o 17 m2, separados sólo por un vidrio de la comunidad.

Emilio Magnone y Marcos Guiponi fueron los encargados del reacondicionamiento. Todo un desafío por ser el primer proyecto destinado a esta nueva cultura de trabajo en Uruguay y por contar con un presupuesto casi soviético. La primera decisión fue plantear una convivencia entre la historia del lugar y la futura propuesta. “Cuando llegamos nos encontramos con una gran mezcla. Nos gustaba esa lógica estética media rota del local y la idea fue tratar de hacer la menor intervención posible”, cuenta Magnone.

Querían conservar el impacto de la doble altura del espacio, y para eso construyeron el entrepiso que recorre los laterales, diseñado para que desde cualquier punto se pueda seguir visualmente la actividad del área principal. Una importante referencia de inspiración fue el Impact Hub de Madrid, de características edilicias muy similares, apuntando a la flexibilidad de todas las áreas, dejando en evidencia el pasado al mantener algunas paredes originales y estructuras a la vista. Los pisos grises y las terminaciones en blanco brindan al conjunto una identidad industrial. “La idea desde lo arquitectónico era que fuera lo más neutral posible para que el color se lo dieran los usuarios”, comenta el arquitecto.

Así como no hay dos comunidades iguales, tampoco lo es el mobiliario que utilizan. En Sinergia, el objetivo era estimular el movimiento y la rápida reconfiguración ante eventuales cambios. El contacto visual era una prioridad, y queda habilitado a través de los espacios abiertos. “Nos pareció bueno que las oficinas tuvieran proyección hacia arriba y abajo, priorizando lo visual por sobre lo acústico”, explica Marcos Guiponi. Los límites están dados por paneles SIP, efectivos para aumentar la intimidad acústica y prácticos para rediseñar con facilidad.

El equipamiento en general, aunque define una personalidad, es de diseño simple, flexible para un alto tránsito y desmontable. Las mesas fueron fabricadas especialmente para el lugar, con canalización central para usos tecnológicos y ruedas. Todas las sillas son fijas y apilables, de varios colores, como una apuesta más jugada para revitalizar el lugar, siendo también funcionales para constantes relocalizaciones. “La idea es que cualquier mobiliario funcionara”, complementa Guiponi. En un techo que aún conserva partes de su pasado, los arquitectos agregaron una franja de lucernario para potenciar la llegada de luz natural.

Uno de los expositores de la conferencia de Coworking Spain, José María Churtichaga, hablaba sobre la importancia de la densidad de un cowork para los choques profesionales que propicien un cambio de actitud, para que se produzcan distintos encuentros, o para ofrecer aislamiento cuando sea necesario. En Sinergia, los livings o espacios de intercambio invitan a una mayor comodidad, aunque moderada, para que no se extienda por mucho tiempo y así estimular una mayor circulación. Y bienvenida la distracción, una enorme cocina muy bien equipada y un rincón de recreación en el sótano con mesa de ping-pong y futbolito, es otro punto de encuentro. Sin necesidad de delimitación, cada atmósfera sugiere los diferentes niveles para la concentración o la dispersión.

Más ruido que en una biblioteca, menos que en un Starbucks

El ambiente en Co-Work Montevideo es bastante más tranquilo. El espacio tiene una capacidad para 90 trabajadores que rotan entre la mañana, la tarde y la noche, y el estar ubicado en el tercer piso de un edificio de oficinas, recibe menor impacto exterior. Es un ambiente abierto de recorrida casi circular por toda la planta, que ocupa unos 400 m2. Una continuidad de verde y azoteas bajas es el paisaje predominante desde cualquiera de sus ventanales.

La comunidad se dispersa exclusivamente en mesas compartidas de trabajo, sin oficinas privadas. Hay dos salas de reuniones a las que sólo separa un vidrio del área común, espacio de comedor y recreación, y acceso a la azotea en el último piso. En sintonía con el edificio que habita, y alineado a la identidad de la casa chilena, el diseño y equipamiento apunta a lo moderno, con mobiliario de tecnología y ergonomía integradas, ya que muchos puestos son fijos y las personas permanecen allí durante largos períodos de tiempo.

Abierto las 24 horas todos los días, los planes van desde los US$ 80 hasta los US$ 320 dólares por persona, también se hacen a medida si es por horas, cantidad de miembros, horarios o plazos de alquiler. Además del puesto, los servicios incluyen acceso a Internet, salas de reuniones, de esparcimiento, café y yerba, mantenimiento, limpieza, calefacción, estacionamiento para autos y bicicletas.

Contadores, programadores, diseñadores, consultores, comunicadores, ingenieros y un largo etcétera conforman un cowork, que se caracteriza por su heterogeneidad. Según José María Churtichaga, en el ADN de una comunidad está el sentimiento de pertenecer a un todo dentro de la diversidad. Por eso la atmósfera no debería ser definida, sino más bien abierta a lo imprevisto, produciendo emociones en las personas. “Un espacio de coworking ha de ser erróneo en cierto modo”, sentenciaba.

Marcos Guiponi, comparte esa idea: “Habíamos trabajado en proyectos de línea más dura, estéticamente perfectos, donde todo está oculto. Fue bueno trabajar con otra libertad. Creo que si este hubiera sido un proyecto más limpio, no hubiera funcionado como lo hizo”.

Su socio, lo resume así: “Era una idea innovadora y fuimos aprendiendo sobre la marcha qué era realmente un espacio de cowork. El no tenerlo muy claro nos ayudó a descubrir cosas por error, y el presupuesto acotado nos dio mucha libertad”.

Planes Sinergia

Sinergia ofrece opciones que van desde los $ 480 más IVA por una jornada de trabajo a los $ 3.000 por un plan completo en un puesto de cowork. Todas las propuestas incluyen puesto de cowork; Internet; Opción locker; Opción printing center; 2 horas en cada sala de reuniones; Playroom + Cocina; Parking de bicicletas; Correspondencia; Beneficios de la comunidad. La diferencia radica en el tiempo de contratación.

Plan Sinergia: Mensual, Lun a Vie / 24 horas. Plan Crea: 10 días, Lun a vie / 9 a 21 horas. Plan Inspira: Una alternativa para trabajadores nómadas que vienen a un congreso en la ciudad, por intercambio laboral, etc. Incluye 5 días, Lun a vie / 9 a 21 horas. Ticket pasajero: 1 día, Lun a vie / 9 a 21 horas. Plan Oficinas: Una empresa puede tener su propia oficina, con las mismas prestaciones que las demás, más horas extra de reunión, y solamente los gastos de electricidad corren a cuenta del equipo.

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La comunidad colaborativa

Apertura, comunidad, accesibilidad y sustentabilidad son las características más repetidas en la definición de la esencia del ecosistema colaborativo.

Hay mucha gente improvisada que piensa que la parte inmobiliaria lo es todo. Y lo fundamental es el trabajo de adentro, de la comunidad”, reseña Mario Sánchez.

Alex Hillman, fundador del coworking Indy Hall de Filadelfia (EE.UU.), repasaba en un artículo lo que para él eran los principales postulados de la colaboración. Ante todo, definía el concepto de comunidad, entendiendo que es donde la gente se ubica en un primer plano, junto a las interacciones y relaciones que forma con los demás. Significa, que los miembros de un coworking deben ser capaces de convertirlo en lo que quieran que sea, dentro de los límites de la razón. Con este criterio, cada miembro es colaborador en un ambiente de alta confianza, casi imposible de lograr en una oficina convencional.

La apertura es otro importante valor para Hillman, tanto en las relaciones como en los datos, para que haya mayor transparencia e inclusión. En cuanto a la sustentabilidad, según Hillman, más allá del compartir recursos, ahorros en traslados y eficiencia de espacios, debería tenerse en cuenta el entorno que se habita. Se trata de “construir tu comunidad, tu espacio de cowork, tu infraestructura, y tu modelo de negocios de manera que no dependan de recursos externos para continuar, crecer y florecer”, resumía.

“La diferencia con compartir una propiedad es que haya una gestión del espacio y la comunidad para dar las herramientas necesarias. Se trata de atender a tres cosas: el espacio físico, la comunidad y los contenidos, y que cada una se retroalimente con la otra”, entiende Macarena Botta.

Quienes gestionan estos espacios no hablan de usuarios, sino de miembros colaboradores. “Buscamos ser un escalón antes de que crezcan, ser un punto de partida para empresas”, explica la collaboration manager de Co-Work Montevideo, María Elia Bentancour. Para que cuando elijan quedarse, sea bajo las reglas de la comunidad.

“En Uruguay todo entra lento. Hace un año la gente no sabía lo que era esto. Sinergia entró unos meses antes que nosotros e hizo una movida muy grande, evangelizó bastante”, dice Mario Sánchez.

Y el coworking continúa su expansión. Se anuncian nuevas propuestas en otras zonas de la ciudad. Actualmente una lista de casi 30 empresas espera por una oficina en Sinergia, y todas las semanas hay nuevos miembros que se unen a estas comunidades, demostrando que cada vez más gente cree que la colaboración, funciona.

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