Bacacay: un PATRIMONIO cafetero

Fotos Paula VARELA

Esta reforma de carácter patrimonial tuvo lugar en la tradicional esquina de Peatonal Sarandí y la calle Buenos Aires (Ciudad Vieja). Estuvo a cargo del Estudio Colacce
Bañales Arquitectos, dirigido por los arquitectos Nicolás Bañales y Dario Colacce, en colaboración de la Bach. María Belén Druillet y el Arq. Martín Xifre. La ejecución
incluyó la presentación del informe a la Comisión Especial Permanente de Ciudad Vieja, por tratarse de un edificio patrimonial grado 3 y Monumento Histórico Nacional.


Conocido como El Vasco, “antiguo café y bar de copas, oscuro e intimista que durante más de un siglo mantuvo sus puertas abiertas, que con tanto cariño profesado
y parcialidad manifiesta hizo que fuera conocido popularmente como El Vasquito, al punto que cuando bajó sus cortinas para su transformación en un moderno
restobar con el nombre de Café Bacacay, una mano anónima escribió sobre una de las paredes recién pintadas, con marcador rojo y espíritu nostálgico: ´te habrán maquillado,
pero para mí seguirás siendo El Vasquito´”, según Juan Antonio Varese en el artículo “Cafés y Bares de Montevideo” de la Revista Raíces. El periodista, escritor y destacado investigador de las tradiciones populares y la identidad nacional, remonta la fama cafetera
de esta esquina hacia 1856 cuando se inauguró el Teatro Solís. “Cuando en la callecita de ´la vaca que cae (Bacacay)´funcionaba un tambo al que concurrían los espectadores durante los entreactos para tomar un vaso de leche al pie de la vaca, tal vez con una pizca de aguardiente para entonar su sabor…”, describía Varese.


Así es que este local de mediados de siglo XIX surgido como tambo, tuvo una primera reforma en 1995 a cargo del Arq. Lucas Ríos Giordano, con una propuesta que mantuvo intacta la escencia e historia que le había dado origen, sentando el antecedente para la dupla Colacce Bañales que proyectó y ejecutó sustantivos cambios funcionales para un uso más contemporáneo del local (sobre todo en el back de la barra, la cocina, los baños y la propuesta de iluminación), no obstante arraigados al diálogo con la preexistencia.

 

El reciento proyecto del Café Bacacay se llevó a cabo en dos etapas: la primera con carácter de valorización del patrimonio (incluyendo búsquedas exhaustivas de planos y textos originales para lograr llegar al origen de cada material y textura aun en pie; restauración de paramentos, redefinición de tonos de pintura, corrección de mochetas
y molduras, etc.). La segunda, en cambio, se basó en la incorporación de nuevos y contrastantes elementos de la anterior propuesta (nuevo logo y definición de una marquesina transparente lograda por el efecto de la iluminación, sustitución de viejos cajones de cortinas por otros de Alucobond y una gran luminaria artesanal en hierro sobre la barra, que cuelga 5 metros y oficia de elemento lumínico. Además se realizó una
intervención en los tradicionales botelleros que permitió ampliar estos espacios con estantes metálicos iluminados con dimmers.

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