Jardines para la SALUD

Fotos Javier Agustín ROJAS

Un proyecto que en 2015 obtuvo el primer premio  para  la  construcción  de  una  nueva sede  hospitalaria,  destinada  a  la  atención médica bajo la órbita laboral, hizo posible la materialización de un edificio que hoy se destaca en el contexto nacional de salud. Referenciado en existencias arquitectónicas que le precedieron, pero también, dispuesto a sentar bases en los vínculos  humanos  que  la  arquitectura  como medicina hace posible, este ejemplo se muestra enfocado en el bienestar del paciente. La obra finalizada del sanatorio y centro nacional de rehabilitación del banco de seguros del estado colmó las espectativas del jurado, y otorgó un valor indiscutido a la sociedad uruguaya.

En el marco de un concurso-licitación de carácter público internacional, el primer lugar para el diseño, proyecto ejecutivo y construcción del nuevo Sanatorio y Centro Nacional de Rehabilitación del B.S.E recayó en la propuesta presentada por el estudio Fábrica de Paisaje, dirigido en aquel entonces por cuatro arquitectos uruguayos, egresados de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Universidad de la República: los arquitectos Fabio Ayerra, Marcos Castaings, Javier Lanza y Diego Pérez, quienes estuvieron al mando de un amplio grupo de colaboradores de proyecto compuesto por: Victoria Abreu, Paula Borges, Alba Castillón, Belén García, Carolina Güida, Luciano Machín, Laura Pirrocco y Emiliano Recoba. Este equipo profesional trabajó en conjunto con la constructora STILER, quien brindó desde el comienzo el apoyo técnico – constructivo y luego ejecutó la obra.

La obra se llevó a cabo entre 2016 y 2019, fue institucionalmente patrocinada por la Sociedad de Arquitectos del Uruguay (SAU) y desarrollada con fondos del Banco de Seguros del Estado (BSE) y el gerenciamiento integral de la Corporación Nacional para el Cesarrollo (CND).

 

Fue un concurso relevante al que se presentaron en 2014 equipos compuestos por renombrados profesionales, y luego de su fallo en 2015, se sumó a la lista de premios nacionales, convenido como el modelo más democrático de producir arquitectura en cuanto a la elección del adjudicatario del encargo y de las garantías de un jurado experiente que elige el proyecto ganador y demás menciones honoríficas. Desde la órbita académica fue relevado como parte de la plataforma abierta para la reflexión: “ciudad imaginada. 100 años de concursos de arquitectura en uruguay” relevamiento a cargo de FADU bajo la coordinación inicial de los arquitectos Delgado, Staricco, Magnone (2016-2017).

 

En palabras de los autores en su presentación: “El gran desafío del Concurso para el Sanatorio y Centro Nacional de Rehabilitación del B.S.E. es, posiblemente, conjugar la fuerte especificidad (y rigidez) de las soluciones arquitectónicas frecuentemente asociadas a este tipo de programa con la incorporación de ciertas emergencias culturales y estéticas de la escena arquitectónica contemporánea, así como algunas innovaciones en la manera en que se piensan estas estructuras y que constituyen el actual ‘estado del arte de la arquitectura en salud’ . El proyecto apuesta fuertemente a un número acotado de decisiones que intentan conectar esas dos últimas cuestiones”.

 

En relación a la incidencia del edificio en la zona inmediata que se encuentra coinciden en destacar: “El acento en la urbanización de los edificios sanatoriales, la preferencia por equipamientos de menores dimensiones, la construcción de atmósferas orientadas al usuario, y la concreción de espacios representativos del empoderamiento del paciente (mucho más centros de bienestar y cuidado, que instalaciones de cura de enfermedades) se intentan materializar mediante las siguientes soluciones: la fuerte presencia de un exterior tanto contemplativo como apropiable, altamente específico; la separación programática en volúmenes menores, independientes pero interconectados; la estructuración modular a lo largo del terreno como forma de dominio, control y previsión de una imagen futura de ciudad”.

 

El edificio suma en total 15.000 metros cuadrados construidos en un contexto urbano favorecido por la descentralización de las áreas más congestionadas de la ciudad. Ubicado en Bvar. José Batlle y Ordóñez entre Avda. José Pedro Varela y Francisco Arrieta, la zona adquirió una nueva relevancia y visibilizacion a nivel de calle, y junto al Antel Arena, otro signo de factura arquitectónica contemporáneo al anterior, articulan juntos la revalorizacion de un sector residencial de baja densidad alternado con grandes predios de uso industrial y comercial.

Elementos que articulan el proyecto

Tres jardines y dos plazas. Contrariamente a los patios tan comunes en las plantas sanatoriales (secos, pequeños, colmados de equipos), estos verdaderos jardines pintorescos se plantean como auténticos “mundos ocultos”, expresión de la belleza y el optimismo tan necesarios en el entorno de la salud. Estos jardines son también espacios de paseo, reflexión, recogimiento y ejercicio en apoyo a los ámbitos de rehabilitación y las áreas de espera. Compartiendo una misma genética son progresivamente más reservados hacia el fondo, igual que las funciones que acompañan.

La plaza frontal se forma mediante tres planos inclinados que, resolviendo la accesibilidad universal a todas las áreas asistenciales, desembocan en la gran pasiva de acceso y en las rampas que conectan los tres niveles de uso masivo de público. Una vegetación variada y de diferente porte proporciona sombra a las áreas vehiculares y accesos peatonales.

La plaza posterior, oculta detrás de la topografía del jardín, se plantea como plataforma polifuncional, con una amplia pradera de respaldo que opera como espacio de reserva.

El edificio: estructuras, macro-organización, neutralidad y crecimiento. El edificio está fuertemente modulado en ambos sentidos, lo que permite una gran flexibilidad de usos y transformaciones. Los paquetes funcionales se han hecho corresponder con los distintos volúmenes que lo componen. La estructura circulatoria del basamento se compone por dos “E” imbricadas, circulaciones de público y técnica respectivamente. A su vez, las conexiones verticales principales tienen una gradación de privacidad hacia el fondo del terreno siendo estas: pública, técnica de personal y pacientes, y técnica de suministros. Tanto el basamento como el cuerpo superior se han materializado con un grado de neutralidad que permita su crecimiento futuro sin comprometer la imagen final del conjunto, y le otorgue a la vez la dignidad de un edificio público e institucional.

La ciudad: relacionamiento y tiempos urbanos. La implantación se considera, no sólo desde la óptima orientación heliocéntrica para el bloque de internación, sino desde una multitud de aspectos de relacionamiento con la ciudad. El basamento, de acotada altura, media hacia las fachadas largas con las futuras calles laterales, que se consideran mediante los respectivos acondicionamientos paisajísticos (taludes de césped y ornato público). Hacia el frente, la ancha pasiva culmina en la plaza frontal de uso peatonal y ampliación a su vez del espacio público.

Arquitectura hospitalaria: síntesis constructiva de una necesidad instalada

Materialidad. El edificio se desarrolla mediante una estructura de hormigón armado con sistema de losas sin vigas. En su basamento, los cerramientos exteriores articulan un muro cortina (DVH) hacia las fachadas sur y norte (las últimas con parasoles metálicos) y un sistema de fachada ventilada con terminación hormigón en las fachadas restantes. El volumen superior intercala un cerramiento exterior en paneles térmicos auto-estructurales (mini estriados) en blanco y tonos de grises, y cerramientos en DVH de toda la altura libre entre pisos, protegidos ambos por parasoles de vidrio modular tipo “U” Glass. Esta articulación es el motivo plástico central del proyecto. Interiormente, se presta especial atención a la definición material del hall en múltiple altura.
Las zonas de trabajo y atención, combinan cielorrasos de yeso y modulares que garantizan las mejores condiciones de trabajo, higiene, mantenimiento, y flexibilidad.

Sistemas. La organización modular permite una óptima racionalización de los sistemas eléctrico, térmico y sanitario que, conducidos verticalmente por ductos inspeccionables, son luego distribuidos en forma de árbol por cielorrasos, permitiendo una total flexibilidad en planta. Los elementos vinculados al acondicionamiento eléctrico se ubican totalmente baricéntricos en relación a las masas construidas, mientras que los restantes (generadores de ruidos y olores) se centralizan en un espacio aislado (Central Energía y Gases), que permite la total independencia del personal y actividades de mantenimiento de las áreas limpias.

 

Sostenibilidad. El buen uso del acondicionamiento natural generado por la correcta implantación se potencia mediante herramientas pasivas como aleros, parasoles, cubiertas verdes y superficies vegetales. El proyecto incorpora además equipamientos específicos: acumuladores solares para la calefacción de agua, recolección de pluviales para agua de servicio, etc. Asimismo, se intenta optimizar el mantenimiento futuro mediante la utilización de materiales nobles y de terminaciones naturales o de fábrica.

Un paciente, una familia. Una dualidad que no debería escaparse del escenario médico dio pie a las autoridades médicas del sanatorio a solicitar un espacio para los acompañantes, como alternativa a lo que en general se acostumbra, que comparte la habitación con el paciente. Consultamos cómo se plantea esto, a través del espacio, el vínculo del paciente con su familiar, mediante las circulaciones y el equipamiento, sin interferir con el desarrollo del resto de las unidades anexas. “El hotel de familiares era parte de los requerimientos del programa. Al ser el Sanatorio del B.S.E. el centro de referencia nacional para todos los accidentados laborales, muchas veces estos provienen de lugares lejanos del país y, por su situación sanitaria, también muchas veces vienen acompañados por algún integrante de su familia. La idea fue que se ubicara lo más cercano posible a las habitaciones de internación, y que se resolviera con el mismo esquema que estas de manera que, eventualmente, pudiera servir como ampliación de esta área en el futuro”, especifica Lanza.

Si la arquitectura es sensata con el entorno, humaniza, no hay dudas. Los autores de esta propuesta trabajaron intensamente para que tanto el paciente como el familiar que acompaña su rehabilitación tuvieran áreas amplias de interacción, estas fueron ubicadas en las dos cabeceras del edificio: contra la calle como espacios de espera y recepción, y en la parte posterior como área de estar y esparcimiento. “Es importante tener en cuenta que este es un sanatorio para gente sana, víctimas de accidentes pero sin enfermedades, por lo cual se ha pensado que tengan posibilidades de circulación por el edificio y, en especial, por los espacios abiertos y naturales”, agrega.

 

El diseño responde a la necesidad médica

Ya en la década del 30 del siglo pasado, y respondiendo a la situación sanitaria de la época, el Arq. Alvar Aalto se ocupó en el Sanatorio de Paimio (Finlandia) de incorporar espacios exteriores a través de una gran terraza superior, y amplios balcones vinculados a las áreas comunes, para que los pacientes sanaran también a través del contacto con aire y el sol. A partir de la referencia a antecedentes como este, el proyecto brindó a las autoridades médicas del Sanatorio y Centro de Rehabilitación una notoria concientización del funcionamiento del edificio como “centro de bienestar” que, si bien no formaba parte de los requerimientos, los autores incluyeron como una decisión de proyecto.

 

“Desde un comienzo trabajamos para dar solución específica a las características particulares del sanatorio, entendiendo que debía enfocarse en el bienestar y la salud, y no en la enfermedad. Los hospitales suelen ser edificios ensimismados, cerrados, en los que todo parece centrarse en la intervención médica. Este, por el contrario, intentó maximizar la presencia del exterior, y de un exterior calificado y silvestre, de manera que el paciente siempre tuviera contacto con él, y siempre tuviera presente que hay importantes razones para recuperarse en una vida que, allí afuera, sigue transcurriendo”, reflexiona Pérez, para quien el modelo del modernismo (higienista) de Paimio, o el del Hospital de Clínicas en Montevideo fueron de gran apoyo en el proceso proyectual de este sanatorio, también, más cercano en el tiempo y de impronta local, el edificio del Hospital Policial.

Si bien hace unos años no existían indicios de una situación sanitaria de tal magnitud y mucho menos de sedes hospitalarias a su capacidad máxima de uso, no solo se trata de capacidad locativa sino de calidad de respuesta que edificio otorga a la comunidad de usuarios y funcionarios, entre ellas nuevas lecturas y requerimientos previstos desde el desarrollo conceptual de los espacios y sus conexiones. Consultamos a los autores si consideran que ha llegado la desafiante oportunidad de apreciar la arquitectura como medicina y cuáles han sido los referentes en arquitectura hospitalaria de la región que han articulado aspectos técnicos, funcionales y humanos con mayor equilibrio.

 

 

Este es un sanatorio para gente sana, víctimas
de accidentes pero sin enfermedades, por lo
cual se ha pensado que tengan posibilidades de
circulación por el edificio y, en especial, por los
espacios abiertos y naturales.

 

“Claramente esta situación  ha  transformado  profundamente la arquitectura para la salud, puesto que las enfermedades infectocontagiosas no eran centrales en la definición de los edificios desde hace un siglo. Este edificio posee algunas ventajas comparativas para enfrentarse al problema: una estructura circulatoria clara y diferenciada, con varios núcleos circulatorios dedicados a funciones específicas; varios accesos también diferenciados, incluso por nivel; una capacidad de ventilación natural extrema, y; finalmente, cuenta con una estructura modular que le da máxima flexibilidad para acoger transformaciones de uso temporarias o definitivas, que le permiten amoldarse a situaciones de emergencia como esta”, reflexiona Castaings, quien junto a Lanza, Pérez y Pallas (Fábrica de Paisaje), han venido trabajando con el Arq. Thomas Sprechmann, referente en la arquitectura hospitalaria en Uruguay, a propósito de la actual situación sanitaria. “La pandemia dejará huellas importantes en la arquitectura para la salud, sobre las que todavía estamos reflexionando. Las primeras conclusiones las hemos plasmado en un documento conjunto con Sprechmann Arquitectos, que intenta comunicar una visión común acerca de estas transformaciones, de cara a una práctica asociada”, agrega.

En la arquitectura para la salud puede marcarse un punto de quiebre entre las históricas y las que marcan las nuevas tendencias, que claramente serán historia algún día, pero es potencialmente destacable en los tiempos que corren, la capacidad de investigación y conocimiento de profesionales dedicados al diseño hospitalario como vía   para darle humanidad, flexibilidad y salubridad al espacio físico que ocupa la medicina, desde la quirúrgica, la intensivista, la paleativa, la de investigación, y este ejemplo toca el alma de lo que para todos hoy es vital: la conexión interior- exterior, el aire que tan luego hoy es tan codiciado para el proceso de curación.

Asesores en Estructura: Magnone-Pollio Ingenieros / en Eléctrico, Térmico, Gases, Energía solar e Incendio: Ing. Eduardo Di Fabio / en Sanitaria e Hidráulica: Dica y asociados / en Paisajismo: Bulla / en Vialidad: Ing. Nollemberger.

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