Reivindicar la tradicional AZOTEA

Fotos Sebastián ALOY/

Espacios que hasta hace algún tiempo eran secundarios y en el diario vivir no se contemplaban como «habitables», hoy pasaron a ser vitales en la vida de la vivienda. Este proyecto nace principalmente para lograr un mejor aprovechamiento de la cuota parte de la azotea de un edificio ubicado en zona costera del barrio Malvín, en Montevideo (Uruguay). El interés fundamental de  LEDP-Oficina de Arquitectura al recibir este encargo fue desarrollar el concepto de la «quinta fachada», aspecto crucial en áreas urbanas que en su mayoría no son utilizadas y se consideran destinadas a áreas de servicio, siendo las de mayor asoleamiento y área para incorporar al habitar urbano.

Fue un desafío al tratarse además de una propietaria amante de la cocina, los juegos de caja, medios audiovisuales y lectura, además de disfrutar el hecho de realizar pequeñas reuniones y ser una gran anfitriona. Coordinar todo esto y lograr cumplir con esas metas en un único espacio de 45m2 se convirtió en el objetivo.

Generar calidez, a la vez no perder de vista el ingreso de luz ni tampoco el verde del entorno, fueron claves fundamentales para esta propuesta.

También lograr iluminación diferenciada según el uso a diferentes horas del día, pasando de una iluminación tenue a total según la actividad que allí se desarrollara, fue una meta perseguida y lograda. Para ello se combinó un área bajo techo con otra abierta a modo de terraza orientada al este. La pauta ineludible era hacer partícipe al verde (de la arboleda circundante) con grandes ventanales para dar la mayor amplitud a la iluminación natural, sustituyendo el concepto del anterior cerramiento para que éste se integre con el entorno.

Como requisito característico uruguayo debía contar con un parrillero, pero debía estar camuflado para cuando no estuviera en uso y que pasara desapercibido cuando el destino del lugar fuera otro. En tal sentido, una barra/banco oficia como extensión de la mesada para ampliar el alcance y uso de cocina, y en paralelo, ese banco pudiera tener las mayores dimensiones posibles para dar lugar a un espacio de relax contra el gran ventanal, permitiendo casi estar dentro de la copa del árbol de la vereda durante una lectura de verano.

 

A través de la paleta de colores se buscó generar calidez para las tareas que allí se desarrollarían, con tonos de madera en los pavimentos y rosa en las paredes, vinculados y contrastados con el negro de las aberturas y resto de las superficies. Otros elementos del interiorismo y el mobiliario mantienen la misma paleta, potenciando toques de verde en tapizados y accesorios de pequeña escala, que lo vinculan directamente con la vegetación exterior y la presencia de plantas aptas para interior y exterior.

La capacidad que brindan la arquitectura y el diseño de interiores para reivindicar la tradicional azotea es un valor agregado para las unidades urbanas de vivienda con acceso exclusivo a ellas ¡animate a reformar la tuya!

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Montevideo – Uruguay