Slow DESIGN, tiempo al tiempo

Fotos atelier | Lucía LÓPEZ

 

Entrar al atelier de moda Ana Livni es como ingresar en un espacio donde la historia y el tiempo pasaron con mucho respeto. Gracias a una cuidada intervención edilicia y estética, quedó impregnada en los poros de cada superficie de esta casa en Ciudad Vieja, una época donde las residencias se pensaban para pertenecer generacionalmente. Este lineamiento fue asumido por Ana Livni y Fernando Escuder cuando decidieron que sería, de ahí en más, su refugio creativo.

Efectivamente es allí donde a través de cada colección escriben “diferentes capítulos dentro del mismo libro”. Así define Livni la pasión por el arte textil a través de estos 17 años, como un libro cuyo título encuentra los más talentosos y fieles corresponsales de la moda lenta, sustentable y con identidad local. Bajo esta línea de pensamiento referida al diseño de vestimenta femenina -que por algunos años trazó su huella en la moda
masculina-, han construido más que una reconocida firma dentro del mapa del diseño de moda uruguaya, con un concepto muy arraigado a los principios que defienden: hacer un producto propio inspirado en el arte más que en la moda misma.

Ambos son diseñadores industriales egresados del Centro de Diseño Industrial, cuando bajo la rigurosa mirada académica de la Arq. Franca Rosi el centro dependía del Ministerio de Educación y Cultura, contaba con el apoyo del Gobierno Italiano y estaba ubicado en la ex Cárcel de Miguelete -donde hoy funciona el Espacio de Arte Contemporáneo
(EAC)-. Livni y Escuder pertenecen a las primeras generaciones de diseñadores industriales graduados en aquel centro, instruidos en los cánones de los movimientos, metodología y habilidades propias del diseño textil. Se especializaron a través del Postgrado Mercosur Design (Montevideo-Florencia) y cuya última etapa del posgrado fue en la Escuela Polimoda de Florencia, Italia, institución asociada al Fashion Institute
of Technology (FIT) de Nueva York. La carrera de Diseñador Industrial actualmente se imparte bajo la órbita de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Universidad de la República.

Textiles funcionales para la casa: almohadón Come libros (100% lana y estampado a mano).

 

Las dos caras de la materialidad
Esta dupla mantiene una permanente actualización en las tendencias y los grandes referentes de la moda. Sin embargo, prefieren explorar la tendencia que traduce su propia inquietud por aspectos vinculados a los procesos de producción en los géneros textiles. “Miramos más hacia adentro que hacia afuera; trabajamos una y otra vez el mismo molde; lo mismo que con las imágenes y las estampas, logrando nuevos resultados y avanzando sobre los procesos que nos trazamos investigar”, reflexiona Escuder.


La lana ha sido la materia prima local que los ha acompañado a lo largo de toda su trayectoria. Como producto nacional -y una de los principales materia primas de la industria uruguaya con gran potencial táctil y estético, inspiró a los diseñadores a aventurarse en el reto de otorgarle una diferenciación a un material tan tradicional, que luego de ser extraído como vellón, se exporta un 90% con el mínimo valor agregado. Con la lana como material de trabajo, emprendieron recorridas por productores y barracas para evaluar cómo generar valor. Paralelamente incursionaron en otros textiles que llegan en crudo a Uruguay, interviniéndolos a través del teñido, el estampado y técnicas del “slow design”, donde los tiempos y los procesos hacen a la impronta del atelier, alejado de los clásicos show offs de moda y la producción seriada de colecciones internacionales, para crear prendas bajo su grifa y asesorar en procesos de producción a otras marcas y proyectos que lo solicitan.

Artistas del género textil
En el atelier se realiza la mayor parte del trabajo de intervención artística de los materiales con técnicas que modifican el color, la trama y la forma como eslabones en el diseño de las prendas. Fernando ha mantenido además un vínculo con la docencia, impartiendo clases en la Universidad de la Empresa (UDE), en la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU), en el Instituto Peter Hammers y en la Escuela Universitaria Centro de Diseño (EUCD) de FADU, donde actualmente es uno de los principales referentes de la cátedra de estampado. En su práctica profesional es el responsable de todas las etapas previas de la conformación matérica en las prendas de diseño de la marca Ana Livni, que engloba la esencia más artística del textil a través de la estampa.

Quisimos lograr nuestra
propia tendencia.

Intrigados en saber qué llega primero a conformar una de sus prendas (si la tela, la forma o el color), es muy esclarecedor imaginar desde su relato un hilván de etapas con procesos interconectados y no siempre lineales.
“Todo es un conjunto. No llevamos la estampa a la forma, ni el color a la estampa. El material nos inspira y a partir de él diseñamos y generamos piezas únicas” explica Ana, profundizando en el proceso de la conformación de un tapado, un vestido o un pantalón, donde la serie mas bien responde a la variedad de talla de un mismo diseño. Lejos de pensar un diseño y luego evaluar en qué material hacerlo, hay muchos ratos de conversación en un mano a mano creativo donde evalúan en qué sentido será la estampa, el tono, la disposición de la trama, pruebas de colores, dibujos y bosquejos para los diferentes textiles; ensayo y error para lograr el máximo potencial de cada propósito.

Slow, sin prisa y sin pausa es una expresión recurrente en la charla, porque saben de la calidad creativa lograda en cada etapa -y porque las variables que concluyen una prenda no son las mismas que para otra-, la  evolución constante define el sello Ana Livni. El concepto de “moda lenta” surge ya en sus inicios cuando se planteaban “hacer una nueva colección solo si realmente había algo nuevo para contar. Somos conscientes que prendas generadas anteriormente, lejos de descartarse, toman más valor, más allá que al público -mucho más informado y sensibilizado que antes le cueste reinventarse. A veces nuevas líneas de diseño nos llevan 2 o 3 años para que la gente acceda a incorporarlas”, explica Ana, convencida de generar piezas que mejoran el vínculo entre las personas y la ropa, no solo como necesidad básica, sino por la tradición de concebirse con materia prima nacional, dándole aire al paso del tiempo y conciencia ambiental en la generación de las mismas.

 


A raíz de la construcción de este concepto de moda lenta, y como máximos referentes en Uruguay y la región, han sido invitados a Chile, Brasil y China para participar en diferentes pasarelas internacionales, como parte de un movimiento mundial en torno al diseño de moda con un propósito sostenible. Esto se plasma en su lenguaje textil y en cierta forma como enseñanza al público que sigue su marca “con nuestras clientas nunca hablamos de que algo que nos compró el año pasado o hace 5 años atrás esté pasado de moda; es muy común que acudan nuevamente porque necesitan una nueva prenda que complemente otra que le diseñamos en otra oportunidad y para otro uso. Nos gusta que sea un producto heredable, regalable, que perdura más allá de las tendencias y las generaciones”.
Muy conscientes de que la industria textil mundialmente genera grandes cantidades de desechos y basura, se proponen controlar esta realidad desde su lugar: el micro mundo de su atelier, macro en el alcance para promover sustentabilidad. Se ocupan de crear patrones y objetos para aprovechar restos de otros diseños, dándole un verdadero valor al sobrante. Han concebido figuras amorfas que como seres sociales nos despiertan al menos una sensación de responsabilidad sobre el valor artístico y sostenible del
desecho. Por más pequeño que sea un retazo, fue estampado, teñido, cortado, moldeado o cocido; es decir, insumió un proceso creativo y energético, y por tanto, consideran que no debe descartarse.

 

El sector del taller es un espacio protagonizado por grandes mesas de corte y confección, muebles de guardado o archivadores (casi reliquias) comprados en remates de antiguas fábricas, alternados con máquinas como la collareta, la overlock y la recta, decenas de moldes de papel, prolijamente organizados. “Nunca pude tirar uno” revela Ana contrariada con el descarte que asegura es su mayor debilidad. Otras herramientas, como planchas de transferencia y prensas, además de shablones, papeles y pinceles por doquier están en el área húmeda destinada al proceso de estampado. El teñido propiamente dicho se hace en las instalaciones de MalabrigoYarn ubicadas en el Parque Tecnológico Industrial del Cerro (PTI). En este proceso químico, del cual ambos participan personalmente, se define
el color en los géneros, aspecto que caracteriza con gran intensidad sus creaciones.

El patio se mantuvo tal cual en cuanto a los vestigios de época y a su función de tragaluz; solo se sustituyeron elementos mínimos como vidrios de la claraboya y detalles de herrería de puerta y ventana originales.

La pregunta a la que recurrentemente vuelven es ¿cómo podemos regenerar y darle valor a esto que parece un resto? La respuesta es el desafío de generar piezas que no tengan la impronta de la cotidianidad de una prenda de ropa, pero sí un objeto o instalación que capte la esencia de la materia y el material. Así fue como tomaron la iniciativa de una muestra que pasó del papel a la acción en 2010 y fuera presentada en la Galería de Arte de La Pasionaria bajo la curaduría de Verónica Cordeiro, una artista uruguaya que trabajó en Brasil y en Londres. Este trabajo consistió en concebir piezas antropomorfas para poner en cuestión el valor de algunas prendas que llegan a Uruguay, en contraposición con la producción nacional con materiales nobles y a escala controlada como la de su marca, entre otras. “Nosotros conocemos todo, desde donde está la oveja hasta la trazabilidad de los productos, y eso tiene un costo” contrapuesto a la realidad de los pijamas que llegan de China a costos irrisorios.

El principal objetivo era la invitación a cuestionar. “Cuestionamos mucho y no hacemos por hacer”. La muestra fue muy bien recibida por el público, y en 2015 fueron convocados para llevarla a Este Arte en Punta del Este. Al mismo tiempo aportaron valor a su propio stock con pufs, que especialmente les fueron encargados, siempre desde el mismo lugar: el de la reutilización como valor agregado. De esta forma, las figuras amorfas realizadas a partir de pijamas sintéticos descosidos y rellenos de espuma (cuyo gran tamaño los asocia a la escala desmedida de la producción seriada, a la reiteración y a su peso volátil), se contraponían a estos pufs diseñados con la función de que la gente descansara en medio de la recorrida por el Centro de Convenciones en el Jagüel, donde se realiza cada mes de enero Este Arte. Su diseño se realizó a partir de restos de prendas que en algún momento produjeron, rellenos de lana natural -en gran parte cedida por Manos del Uruguay- además de algodón y tela de jean de pantalones y camisas en desuso. Entre lo escultórico de lo amorfo y lo funcional de un objeto de mobiliario, se expresa una dualidad en la que como usuarios de ropa deberíamos
reparar.

El probador de este atelier es lo más parecido a un living, delimitado por unas altísimas
cortinas de voile blancas. Hacia la parte de taller, queda una puerta abierta a la posibilidad de que la gente conozca “la cocina” donde se realiza gran parte del proceso creativo. “La idea es llevarte del atelier una linda experiencia, un color, una historia y el aroma de un rico té como un alto en la jornada”.

El porte y contundencia de la puerta de acceso alega una sensación mas bien intimista. “Al comienzo nos generó dudas, pero luego pensamos que esto no es un pasaje, la gente tiene que estar dispuesta a entrar; no es un shopping para que la gente entre” comenta Ana, quien atiende personalmente el atelier bajo agenda.
El hecho de traspasar esa puerta de hierro, madera y vidrio -diseño del Arq. Livni- habla de ingresar a una experiencia donde las clientas son visitas esperadas, un espacio muy dedicado en el que se respira una profunda pasión por el diseño textil.

Un espacio para la textilidad
A partir de un mismo tejido pueden obtenerse diferentes resultados. La lana es una fibra que se puede tejer, afieltrar o apelmazar; la diferencia la hacen el proceso y los componentes que en él participan. Este es el mayor reto de Ana y Fernando, cuyos productos han llegado a Malasia, Singapur, Nueva York, Argentina, Brasil y Chile en formato de colecciones. Actualmente su metier es la venta uno a uno al mundo, a través de plataformas como Etsy, donde lo interesante radica en la actitud de un comprador en el extranjero que valora y aguarda el tiempo necesario para recibir su prenda, confeccionada a medida y en el color elegido. “Mi público ha evolucionado conmigo: nosotros no hacemos “moda”, por lo cual nuestras clientas no pertenecen al estrato más joven del perfil consumidor de ropa”,reflesiona Ana.

Festejaron los 15 años del atelier con un show de moda en el Teatro Solís claramente diferenciado de la pasarela tradicional. Con motivo de los 100 años de La Cumparsita generaron TangoTex, por lo de tango textil y como título de un proyecto cultural que involucraba moda, arte y música a cargo de Luciano Supervielle, con más de 60 conjuntos presentados en escena (bajo coreografía de Carolina Besuievsky, visuales de Marcelo Vidal y escenografía de Beatriz Arteaga). Por reglamento, en esa oportunidad no pudieron trasladar el público al escenario como sí sucedió en el show que realizaron en 2005, en una vibrante performance que acompañó la reapertura del Solís al inaugurarse la nueva caja escénica. En esta línea, anteriores eventos para exhibir sus prendas tuvieron la calle como protagonista, una antigua fábrica, el Palacio Santos, Campana de Oro y el propio Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV). “Desde el diseño siempre estamos buscando lugares que nos conmuevan, donde nuestro producto se muestre como expresión artística o en formato de concursos textiles como en la Galería del Paseo (Manantiales) a modo se exposición textil”.

Un resto no es una sobra,
es un valor.

En la búsqueda que esta pareja de diseñadores delineó hacia el diseño textil como desarrollo profesional con una importante simbiosis cultural, no es casual que el atelier se ubique en una tradicional calle de la Ciudad Vieja. A pasos de la calle Colón y metros de la Plaza Zabala, en 25 de Mayo frente al Museo de Arte Precolombino e Indígena de Montevideo (MAPI), el atelier se ubica en un punto casi obligado para el turista que visita los importantes vestigios fundacionales de Montevideo. En esta casa testimonio funcionó la conocida Farmacia Tapie. En ella persisten los techos altos, las robustas bovedillas, las baldosas calcáreas pigmentadas y un patio con claraboya; todos elementos constructivos típicos de la época colonial y que se propusieron mantener en el estado más original.
El proyecto que encausó la reforma del espacio en 2005 duró unos cuatro meses y estuvo a cargo del arquitecto Pedro Livni, quien junto a Ana y Fernando definieron elementos a mantener, otros a revalorizar y para otros se valieron de nuevos materiales que aportaran confort y modernidad en una intervención casi quirúrgica, en cuanto al abordaje en su totalidad y no de a partes, y que se orientó en compatibilizar el atelier y el espacio de trabajo a la vez. En todos estos años, desde el punto de vista de su arquitectura interior, el espacio ha mantenido sus características. Solo estéticamente se han modificado colores, terminaciones, empapelados e instalaciones para acompañar colecciones destacadas, cambios de vidrieras y otras intervenciones puntuales. 


Parte de la intervención en el espacio fue a través de madera y tabaquería de yeso dentro del sector de atención del atelier, para definir los probadores y la recepción, con la particularidad de que las obras se llevaron a cabo sin ninguna necesidad de intervenir estructuralmente la arquitectura. La definición de las vidrieras fue lograda luego de gestiones de aprobación patrimonial. Las prendas adquieren en su contexto la veracidad de una pieza de arte textil, y el espacio que las contiene muestra un lenguaje aggiornado a la tradición handmade donde sedas, organzas y algodones posan junto a las más disímiles formas de la lana merino como estandarte local.

www.analivni.com

 

 

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