FOGO: una grandeza a imitar

¿De qué forma se podría reflexionar sobre el paso del tiempo si no es despojándose
de manifestaciones materiales que alguna vez nos pertenecieron? Así como Drexler
parafrasea en sus acordes “nada se pierde, todo se transforma”, el artista ruguayobrasileño Luca Benites protagoniza una gran revolución en el mundo del arte (y también en la prensa) por haber quemado la totalidad de su producción artística a lo largo de 18 años de trabajo, proyecto que denominó Fogo. En 2016, con este acto casi de grandeza y conceptualmente sustentado, intentó “reflexionar sobre el paso del tiempo, su valor y la importancia que otorgamos a nuestro día a día, modificando así radicalmente su modus operandi y su percepción del entorno inmediato”.

Luca Benites es artista y arquitecto, posicionado en el mundo del arte como uno de los nombres que resuena en todos los continentes. En su corta trayectoria ha participado en exposiciones individuales y colectivas en Estados Unidos, España, China, Dinamarca, Portugal, Corea del Sur, Argentina, Uruguay, Perú y Brasil. Su obra pertenece a relevantes colecciones en el panorama artístico contemporáneo como el Museo de Arte Contemporáneo de Niterói (MAC – Niterói, Brasil), proyectado y construido por el reconocido arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, que cuenta actualmente con un acervo
de casi 3.000 obras pertenecientes al marchand y segundo mayor coleccionista de arte de Brasil, João Leão Sattamini Neto, compartiendo espacio con obras de artistas de la talla de Lygia Clark (Belo Horizonte, 1920), Hélio Oiticica (Rio de Janeiro, 1937) y Alfredo Volpi, entre otros grandes nombres del arte brasileño de los años 50.

Participó en más de 80 exposiciones internacionales entre los años 2000 y 2020.
Entre las ferias más recientes se encuentran la de Arte Internacional SWAB (España), PINTA MIAMI (Estados Unidos), ESTE ARTE (Uruguay) y CasaCOR (Brasil). El artista mantiene una rutina de fuerte producción artística en FADEMESA, una fundación llevada adelante por Álvaro Menor dedicada a la producción de obras de arte donde trabaja codo a codo con artistas reconocidos internacionalmente como Jaume Plensa (Español), Marc Quinn (Inglés), Anish Kapoor (Indio), y otros artistas más jóvenes como Tulio Pinto (Brasil), entre otros.

Ha sido recientemente el productor del Pabellón de Uruguay en la 58va. Bienal de Arte en
Venecia. El proyecto presentado estuvo a cargo del artista uruguayo Yamandú Canosa, radicado en Barcelona desde hace más de 40 años. Benites como artista, arquitecto y gestor de proyectos estuvo a cargo del armado del pabellón uruguayo de su amigo y colega Yamandú, con quién compartió estudio en el Edificio del Centro de Arte Contemporáneo Piramidón en Barcelona durante 2016.

 

FOGO + Gota a gota

El proyecto “FOGO” de Luca Benites fue indudablemente un punto de inflexión en su carrera, no solamente a nivel estético y formal, también como un punto de partida en su nueva y creciente etapa artística. Ahora, la geometría es la que marca el camino en su carrera. Mientras sigue sus investigaciones en formas geométricas simples y sus composiciones, el artista aspira al cierre de esta etapa de su vida donde “FOGO” fue su prioridad absoluta. Este proyecto empieza a funcionar a nivel de gestiones en el año 2016, llevándose a cabo la quema total en el año 2017 para luego empezar su período de cierre en el año 2020. Para ello, el artista realizó un viaje de siete mil kilómetros en coche desde el sur de Brasil hasta el desierto de Atacama, donde permaneció durante varios días elaborando su nuevo proyecto relacionado al vacío, el mismo vacío que significó desprenderse de sus 300 obras en “FOGO”.

Actualmente está culminando su “Manifiesto al vacío”, un escrito donde traduce a palabras sus sensaciones, percepciones y aprendizajes de toda esta etapa. Allí se mezclan temas sobre el vacío, la desaparición, la vida y la muerte, y obviamente, cómo el arte ha transformado su vivencia durante estos últimos años.

Benites en el Centro de Arte Piramidón (Barcelona) donde ubicó su estudio entre 2013 y 2016. Casi totalmente radicado en España, cada año entre abril y noviembre se dedica a su producción en Madrid y a eventuales viajes para exposiciones, mientras de noviembre a abril viaja por Estados Unidos y América Latina para organizar sus próximas exhibiciones. Actualmente tiene su estudio en el barrio Hospitalet de Barcelona junto al reconocido artista español Antoni Muntadas.

 

El crítico de arte contemporáneo Aurelien Le Genissel, graduado en la Sorbonne de París y ex director artístico de la Blueproject Foundation de Barcelona, expresaba su mirada experta hacia “Gota a gota” y la vívida interpretación del trabajo de Benites, de quien ha sido testigo cercano de su carrera artística:

“Doce gotas de vidrio soplado que encierran el paso del tiempo, que evidencian un instante de ruptura y renovación, que condensan tantos años de trabajo y creación.
En el 2017, Luca Benites decide volver a empezar. O arrancar de nuevo.
Partir de cero. En el sentido más profundo de esas expresiones tan comúnmente banales. Lo hace mediante lo que no se puede evitar calificar de rito, una ceremonia de transformación, clausura de una etapa y punto inicial de otra, en la línea de los clásicos recorridos de formación o aprendizaje existenciales. Y lo hace a través del juego,
ese elemento purificador, exterminador, renovador por excelencia que siempre ha simbolizado un nuevo comienzo en todas las culturas. Decide quemar todas las obras que ha producido hasta la fecha en una inmensa hoguera que organiza en un pueblo de Austria.

Pero cabe preguntarse si realmente es posible comenzar de cero. Siempre queda algo. Quedan las cenizas, esas “ruinas del ser”, como las llamaba Jacques Derrida, cuya gris ligereza sintetiza la herencia del recuerdo y la osadía del futuro; las huellas irreductibles de la historia y las infinitas posibilidades por explorar. Las cenizas son entonces el
signo artístico por antonomasia si pensamos el símbolo como aquello cuya forma invoca lo ausente al tiempo que abre la presencia. El gesto ceremonial del artista invoca entonces ese tiempo espectral que vela por nosotros y nos permite simismo imaginar el camino por recorrer. Esas cenizas son las que están encerradas en estas doce lágrimas que conforman Gota a gota, una instalación pensada y producida especialmente para esta edición de Swab.

Al fin y al cabo, los cambios nunca son sencillos y la radical ofrenda a la que se atrevió Benites debió venir acompañada de sacrificio y temor, riesgo e incertidumbre, de las inevitables lágrimas que despiden lo que uno pierde y acogen a lo nuevo por llegar. Gotas en cuyo fondo pesante y terrenal, amplio y contundente, reposan estos restos mientras se eleva ligero, fino y puntiagudo un trazo que parece querer alcanzar un ideal.

De esta manera, la incineración borra lo que paradójicamente inscribe en la memoria,  testifica sin dejar testigo en un salto fuera de las convenciones sociales que remite de algún modo a esa experiencia excesiva del sacrificio de Abraham y, de manera general, a los ritos y protocolos místicos. No es casualidad entonces que la obra se presente en forma de relicarios, urnas que encierran no ya la sacralidad de lo intangible sino la realidad más material y preciada que tiene un artista: sus trabajos. Y con ello lo que realmente significan: el tiempo que les ha dedicado, contraído, condensado en un minúsculo punto en lugar de ser esparcido en un horizonte infinito como se hace normalmente con las cenizas. Y es que ¿no es esa doble verdad de la ceniza, memoria imborrable e irremediable pérdida, la definición misma del tiempo y por qué no, la del propio hombre?

Pero el pasado no se puede encerrar; simplemente se observa y se asume. Eso implica también Gota a gota al proponer de igual manera una reflexión sobre lo material y el consumo en nuestros tiempos. Como explicó hace más de un siglo Max Webber en su famoso ensayo, uno de los fundamentos de la sociedad capitalista fue esa transformación del tiempo en un material controlable, en una cosa cuantificable, negociable, intercambiable, es decir, en un producto. El sistema hoy nos conduce a acumular bienes y objetos que están formados por tiempo: esas horas que la empresa ha dedicado a construir un nuevo artículo, el artesano a fabricar su creación y el artista a pensar y materializar su obra. Luca Benites propone el camino inverso. Una recuperación del tiempo, si se puede formular de esta manera, a través de la inmolación de esa etapa transcurrida, un gesto gratuito, un gasto improductivo, como lo llamaba Georges Bataille, que desactiva la lógica productiva e utilitaria imperante en nuestra sociedad. Perder el tiempo para volver a disfrutar de él. Esa apuesta loca que consiste en hacer desaparecer su producción, reducirla a nada -o casi nada- para luego hacer de ella la mesura de un momento intangible, personal, esfumado; las doce gotas que, como incorruptibles apóstoles, atestiguan de tantos años de trabajo del artista.

En ese afán, esa voluntad enfermiza de poseerlo todo, algunos creen poder poseer el tiempo mismo. No tengo tiempo, repetimos sin cesar. Y es cierto, no lo tenemos. Como recuerda Giorgio Agamben, en su magnífico ensayo sobre el mesianismo paulino titulado “El tiempo que resta”, en la temporalidad humana no tiene cabida la propiedad; no tenemos tiempo, somos tiempo. Y qué mejor manera de recordarlo que la de desprenderse de nuestra producción, como hace la obra, en un guiño a la lógica de ciertas órdenes religiosas, para hacer tabula rasa y reapropiarse al fin de lo que somos”.

“Estoy completamente seguro que todo esto que llamamos vida se trata
de una evolución.
No me interesa hablar de creencias o religiones, simplemente quiero acercarme al concepto de evolución”

 

En creación continua

Si bien la procesión continua de Benites hizo un alto en su marcha para volver a empezar. Algunos extractos de su texto curatorial escrito en julio de 2016 dejan entrever su preocupación por los diferentes estados de la materia a partir de sus decisiones
artísticas:

“Un retorno al principio. Partículas en combustión transforman la materia. Producen la renovación de un estado. Un nuevo comienzo. Un punto inicial que separa infinitas posibilidades.

Quemar años de trabajo origina una transformación, una alquimia generada por el fuego modifica más de quince años de producción. Un paseo en el tiempo, hacia mis orígenes…
hacia mi historia…”, reflexiona el artista, refiriéndose al paso del tiempo y a lo efímero de casi todas las cosas.

“El fuego como medio para transmutar una etapa, sin esconder su huella, sin perder el contenido y sin dejar atrás la pesadez del paso del tiempo. La alquimia de toda esta acumulación es el precedente de un nuevo perdurar. Una fase renovada, libre de ligaduras y limitaciones.

Reconozco en el peso del título la misma potencia que acumulé durante años, aquella que me permitió emigrar sin preconceptos, sin prejuicios dejando los miedos atrás, caminando hoy, día a día hacia el vacío…”, aquí, en medio de la intensidad que provocan los sentimientos, los vínculos presentes y pasados, Benites plantea lo inevitable de los nuevos comienzos que nacen a través de la devastación del fuego, y dan, primero que nada, lugar al vacío como la tierra fértil para volver a sembrar.

“El vacío se hace presente, simbólica y físicamente. Las obras abandonan una materia reconocible y pasan a un estado donde la imaginación es el elemento fundamental. Debemos imaginar lo que un día fue. El vacío es latente y la nueva materia reposará indefinidamente encapsulada en el tiempo.
El desapego a lo material pone en cuestión aspectos sociales actuales en los que priman la acumulación de bienes, de objetos y de riqueza. La hoguera limpia y despoja así un estado ambiguo y disfuncional.
Documentar, acumular, quemar, triturar y reorganizar. Situaciones que llevan a nuevas consideraciones y nos acercan a nuestra única certeza. Aquella certeza que algún día el mismo camino marcará un punto final en este viaje que es vivir”.

Su pasaje y graduación como arquitecto por la Universidad ORT de Uruguay capitalizó en Luca el comienzo de una sensibilidad que nunca lo abandonaría. En 2013, cuando cursaba segundo año de facultad, colaboró junto a sus compañeros Diego Guichón y Juan Manuel Pérez en el proyecto ejecutivo y construcción del Homenaje a Wilson F. Aldunate, primer premio de un concurso a nivel nacional ganado por el Estudio Baptista (autores arquitectos Alejandro Baptista Vedia y Alejandro Baptista Acerenza), instalación en hierro, hormigón y vidrio retroiluminado que permanece hasta hoy en la explanada de la Intendencia. Benites siempre reconoció la fuerte influencia que han tenido estos dos arquitectos en su vida como arquitecto y como artista, como también la del propio Pablo Atchugarry que a través de la Fundación Atchugarry ha tenido siempre las puertas más que abiertas a sus instalaciones, en particular aquellas de gran tamaño que forman parte del pintoresco parque de esculturas en el predio que rodea el museo, un centro de encuentro de todas las disciplinas del arte, permitido tanto a maestros de reconocida trayectoria como a jóvenes de incipientes comienzos.

Otro caso ha sido un proyecto que Benites quiso llevar adelante junto a la Intendencia de Montevideo. El autor material de esta propuesta es el amigo y colega de profesión Rodrigo Nahum, arquitecto radicado en el Reino Unido desde el año 2015. Debido a trámites burocráticos el proyecto no ha sido posible aún. Se trata de la reconstrucción “volumétrica” del antiguo Hotel de los Pocitos en la playa homónima. “Seguimos muy lentamente, pero queremos hacerlo algún dia”, expresa el artista, reafirmando el fuerte vínculo que lo une a Montevideo. Otro proyecto más que se vincula al concepto del vacío (fisico y simbólico), tema tan trabajado en los últimos años por el artista.

Este proyecto recompone el perfil de aquel Hotel de los Pocitos que comenzó a construirse en el año 1912 según planos del arquitecto inglés -residente en Montevideo- John Adams, luego que un incendio destruyera el primer edificio, considerado el primer establecimiento balneario de Sudamérica, según lo redactado en la muestra “Arquitecturas ausentes” del Parque Rodó, “si bien era frecuentado por familias uruguayas, la mayoría de sus huéspedes eran argentinos, lo cual era coherente con la política oficial impulsora de un país de turismo ya desde comienzos de siglo pasado. Era propiedad de la empresa británica de tranvías Sociedad Comercial de Montevideo, y como injerto extraño en medio del arco de la playa, ocupaba un área equivalente a una manzana, con sus habitaciones distribuidas en dos plantas más terrazas perimetrales que se extendían hacia el río a través de un muelle de notorio protagonismo. El 10 de julio de 1923 un violento temporal destruyó el muelle del hotel y buena parte de las terrazas. En 1935 otro temporal volvió a dañar la estructura del lugar, ya carente del glamour de antaño, y finalmente, el edificio fue demolido”. (Texto extraído de montevideoantiguo.net).

 

Entre muchos de sus proyectos actuales es el único artista invitado a exponer sus obras en el Edificio Tres Figueiras, en Porto Alegre, como valor agregado al patrimonio de dicho emprendimiento inmobiliario. Se trata de una gran inversión de un grupo de empresarios brasileños que optan por diferenciarse en el mercado a través de las artes plásticas. Se publicó incluso un libro de 150 páginas con una entrevista realizada a Luca por su amigo y curador francés, Aurelien Le Genissel (París), que acompaña tres obras de su autoría: una escultura en el jardín de acceso y otras dos para la colección privada de las torres en el espacio de arte creado por la Galería Zielinsky (Brasil y España). “La obra arquitectónica es en sí muy buena, el proyecto pertenece a un estudio brasileño llamado OSPA, que vienen haciendo un trabajo muy bueno en Brasil, muy del estilo de Marcio Kogan”, agrega Benites refiriéndose a los colegas con quienes compartirá este protagonismo arquitectónico escultural.

Luca Benites también está vinculado, desde el año 2018, a un gran emprendimiento artístico-cultural en el epicentro de Portugal. Se trata del parque de esculturas “Quinta Pedras de Rio” ubicado al norte de Lisboa donde una pareja de amigos y clientes del artista se mudarán para consolidar su proyecto de hotel, haras, plantaciones (de olivos, alcornoques, frutales, etc.) y parque de esculturas. Luca será el primer artista en construir una escultura en el parque, y trabajará como director y gestor del emprendimiento artístico ya que cuenta con experiencia sostenida en proyectos similares. Este además, propuso a Patricia Bentancur, directora de Exposiciones y Nuevos Medios del Centro Cultural España (CCE) en Montevideo, como parte del equipo y curadora del parque llamado “Pedra de rio”, con quien compartió metiers el pasado año en Venecia, además de sostener una sólida amistad.

Actualmente trabaja de forma intensa y continua con las galerías Pabellón 4 (Argentina), Murilo Castro (Brasil), Ansorena (España) y Reginart Collections (Suiza). También tiene un proyecto puntual con la Galería Zelinsky (Barcelona).

 

Permítanse como nosotros viajar a través de estos increíbles relatos, que de una forma u otra intentan sentar un antes y un después en la existencia terreno espiritual de cualquier camino transitado, y luego soltarlo en un acto de verdadera grandeza, digno de imitar. ■

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