Herencia VICTORIANA convertida en hotel boutique

Con frente a una de las pequeñas pero características plazas barriales de Carrasco y con un entorno verde excepcional, una casa estilo victoriano de mediados de siglo sorprende por su porte tan solo al ver desde el exterior su indiscutible sello inglés que sobresale de un hermoso follaje con vestigios de un pasado lejano.

 

Le Bibló se ubica en el cruce de Américo Ilaria y Acapulco, calles que bordean la grilla de media circunvalación -con eje en Rivera y Gral. Nariño- que responde a los talentosos trazos curvilíneos como barrio jardín diseñados por el paisajista francés Charles Thays en
esta tradicional zona residencial de Montevideo.

Su modalidad “boutique” le permitió no cerrar sus puertas en momentos del confinamiento sugerido en este 2020. Se encuentra a pleno de ocupación y su petit restaurante acaba de incorporar a su staff al chef francés Olivier Horión, quien supo deleitar distinguidos paladares en Belvedere (Punta del Este) o desde el restaurante en Ciudad Vieja que llevaba su nombre, antes de radicarse en Estados Unidos.

 

De retorno a Uruguay para disfrutar de su familia, hubo una simbiosis perfecta con Le Bibló, “la cocina es mi modo de vida y mi pasión, es el escenario para compartir sabores de distintas culturas, y el secreto es cocinar con respeto hacia la materia prima”, acota el reconocido chef ante la renovada propuesta del hotel. Desde sushi a carnes rojas, tomó este desafío para disfrutarlo y compartir con viejos amigos, o nuevos que conocen su trayectoria, la que arracó con su graduación en la Escuela Hotelera de París CFA Mederic -y previamente a viajar a Sudamérica- aprendió a cocinar en La Belle France, Tour Eiffel Paris.

En este marco, lo recorrimos y charlamos con quienes lo llevan adelante, que en el mes de abril aceptaron un desafío que tenía como fecha el  mes de julio a pedido de una pareja de novios que ni la pandemia hizo postegar su enlace o buscar otro lugar para celebrar. Le Bibló era su lugar elegido para un casamiento que, sin proponérselo sería diferente.
Y así fue, 26 personas sentadas, distanciadas reglamentariamente, y otras 50 en los jardines y en el gran salón que ocupa la biblioteca, solo con música funcional vía bluetooth, y sin la puesta en escena típica de las bodas (carpa, pista del baile, etc).

“Fue un casamiento exclusivo, es un formato que uno no se imagina que pueda funcionar, habla de que con poco te podés casar muy bien también. A veces poco es mucho”, acota un integrante del equipo que organiza los eventos en el hotel, muy satisfecho con los resultados de esta reciente celebración al estilo “como en casa”, en un entorno que por supuesto, no necesita agregar mucho más en la ambientación.


El público femenino es el que mueve el hotel, se agendan reservas toda la semana con almuerzos, desayunos con festejo de cumpleaños, té de amigas, lanzamientos privados, reuniones empresariales y cenas temáticas, destacándose en todas y cada una, el arte culinario de Olivier y su seguimiento de cada detalle.

En la charla que mantuvimos con su actual propietario, este nos cuenta que adquirió esta propiedad pensando en alquilarla, ya que nada tenía que ver con el rubro hotelero que últimamente había definido el día a día de la casa: “cuando me quedé un tiempo viviendo acá, evaluando qué negocio hacer con ella, recién comencé a entender donde estaba, fue una sensación natural pensarla como hotel una vez más”.

En un lapso de años hasta 2013, la edificación había sido trabajada como hotel en el sofisticado marco de la clase alta uruguaya, recordada por muchos por sus bellos jardines. A partir de marzo de 2017 Le Bibló se conoce como un hotel boutique de lujo “es que cuando vivís las posibilidades de esta casa no dudás en absoluto de su perfecto funcionamiento para recibir huéspedes”, afirma el empresario extranjero, quien llegó para quedarse admirado por la riqueza humana del pueblo uruguayo.

 

De cuna política a hospedaje boutique
La particularidad de esta casa, como la de tantas otras con historia, es que desde sus inicios fue signada a ser vivida y compartida, capitalizándose en ella una formidable inversión en ladrillos de corte señorial, en una época de relevancia edilicia en manos de arquitectos locales o extranjeros que frecuentaban la costa rioplatense. Los orígenes del ámbito político de su primer propietario, luego una pujante familia vinculada al campo, y en el último tramo postulada para recepcionar tanto huéspedes como reuniones, coronan una estirpe social que aún se respira en cada rincón de la misma.

Su construcción fue un encargo particular al Arq. Arturo Dubourg promediando la década del 50 por parte del Dr. Bernardo P. Berro Olivera, quien fuera senador de la República además de profesor, periodista y empresario que asesoraba a importantes firmas nacionales e internacionales para su instalación en el país. Tenía una investidura política heredada: era hijo de Don Pedro P. Berro -figura del ámbito legal, periodístico y empresarial del Uruguay de principios de siglo; fundador de la O.N.D.A. y CO.NA.PRO.LE, entre otras emblemáticas entidadesocupando cargos como diputado por Montevideo, Ministro del Interior y Embajador de la ONU, poseedor de la más arraigada cuna política marcada por sus antecedentes en Bernardo P. Berro (1803-1868), quien fuera Presidente de la República, llegado directamente del Valle del Roncal junto a las primeras familias españolas que poblaron Uruguay.

Su nombre, Le Bibló, que nació con la casa, está inspirado en la magnífica Biblioteca del Palacio Legislativo, donde Berro seguramente destinaba incontables horas de consulta y quiso materializar ese idilio solicitando al arquitecto una replica exacta de sus principales componentes estéticos para su casa.

 

Respetamos el lugar, no podríamos
hacer nada mejor de lo que está.

 

La biblioteca oficia de salón principal, está realizada enteramente de boiserie en doble altura. La madera aún mantiene el aroma intacto, aunque experientes carpinteros no han logrado detectar su nombre  y tipo. Desde su construcción la biblioteca solo ha cambiado sus contenidos, los libros iniciales de derecho y legislación hoy son de lectura recreativa, ejemplares y colecciones de muy buena calidad fotográfica y editorial que van desde el arte, la arquitectura, el cine, la música a otras disciplinas culturales.

La actualidad de Le Bibló apuesta a la movida cultural y es con frecuencia sede de eventos vinculados a la difusión del arte en la capital uruguaya. El primero fue “Arte joven” en 2018, al que le sucedieron otros bajo la producción de la artista y curadora Moira Vázquez. Pasillos y salas del hotel, como también las boiseries, muebles y atriles en los diferentes
espacios le brindan a artistas uruguayos la posibilidad de exponer y comercializar sus obras. Allí encontramos esculturas de Verónica Artagaveytia, pinturas de Santiago García y dibujos de María Valdés, por ejemplo.

 

Lo mismo sucede con el mobiliario, hay piezas que los huéspedes pueden adquirir del repertorio de muebles que forman parte de los espacios comunes del hotel, incorporados más recientemente, todos alineados a un exquisito gusto por el diseño que aúna nobleza de materialidades y líneas modernas, con una mezcla clásica y chic a la vez; algunos proceden de talleres artesanales argentinos, otros de orígenes más exóticos como Thailandia, y van desde pequeños accesorios hasta juegos de living exteriores. No forman parte de una estructura de comercialización, ni el arte ni los muebles, tampoco el hospedaje, sino más bien del espíritu Le Bibló que permite ofrecer una vivencia para querer volver siempre.

 

Consultados por la planta inicial de la casa, nos cuentan que originalmente ya tenía 6 dormitorios, los que se convirtieron en suites dando paso también a la primera reforma, de la que surgieron 2 suites y 5 departamentos, buscando aprovechar espacios que fueran adecuados en habitabilidad y vinculación con la casa principal. Así se reformuló la
antigua barbacoa (de casi 100 m2), los garages (originalmente para 7 autos) e instalaciones de servicio. Actualmente la demanda de eventos hace pensar en un nuevo salón con carácter de gran sala de reuniones para atender los requerimientos de instancias corporativas, y que a su vez pueda convertirse en un ala más para los eventos que lo requieran. Nos adelatan planes de sumar esta área, pero sin perder el objetivo inicial de seguir siendo una casa grande para invitados. Son en total 1.360 m2 construidos originales incluyendo todos los cambios de usos que se han realizado, sin haberse agregado área hasta el momento.


Uno puede imaginar, dada la impronta histórica de la casa ubicada en el sur del más distinguido barrio residencial de la capital uruguaya con piezas arquitectónicas de los años 50 únicas en estilo y magnitud, que es un destino elegido por turistas extranjeros que huyen del bullicio y el circuito céntrico, sin embargo, hay un gran porcentaje de huéspedes que frecuentan el hotel desde diferentes departamentos del interior del
país, “gente de trabajo maravillada de poder estar en Montevideo, pero en un hotel de barrio al que vienen por negocios y donde se instalan un fin de semana largo con su familia”, relata su director.


“Hotel Boutique Le Bibló nunca deja de tener el espíritu de ser una casa de familia como desde sus comienzos, hecha por un arquitecto magno. El encanto del lugar pasa por ahí. Los huéspedes vienen a vivir eso, porque encuentran calidez de hogar. Al 80% de ellos los conocemos y manejamos sus reservas por Whatsapp”, comenta el equipo de trabajo.

Desde fuera de Uruguay varios huéspedes se han alojado por largas temporadas provenientes de distintos países por trabajo temporario en Zonamerica, o para luego radicarse en el país, eligiendo Le Bibló como su primera estadía. Es un hotel totalmente descontracturado y los huéspedes tienen libre circulación por todas las instalaciones. Es aquí donde pareciera radica el encanto, en la simpleza de la cotidianeidad de sentirse como en casa. Le Bibló deja en el huésped una vivencia más que una estadía.

Al staff asistido por Tatiana -que entre otras cosas coordina que el personal de servicio cumpla con condiciones estrictas de formación y estándares en hotelería- se sumó Olivier y sus asistentes en la cocina, todos respondiendo en la línea del mismo concepto: un hotel que es una casa para vivirla.

De porte victoriano
Cuando el nuevo propietario llegó a Le Bibló entendió que no había nada que ediliciamente pudiera superar lo que hizo Dubourg. “Esta propiedad no tiene ninguna protección patrimonial, no obstante tiene la mayor protección que es la del dueño, nunca se me va a ocurrir alterar lo que su arquitecto diseñó tan magníficamente, además soy gran seguidor de la obra de Dubourg”. No obstante, la casa tuvo actualizaciones en los años 90 cuando por ejemplo se retiraron los balcones de la fachada. Eso contribuyó
enormemente a modernizarla, como también la única intervención puntual que fue la de colocar cielorraso en el techo del comedor, para bajar la altura en el sector que ahora ocupa el restaurante, y a su vez jerarquizarlo con iluminación adecuada para recibir comensales

La casa, que se ubica en un predio en esquina (proa), tiene una entrada principal y otra secundaria que actualmente se utiliza como principal ya que funcionalmente es el acceso más visible de la casa, y en la actualidad es el que le otorga identidad y referencia. Allí, el revestimiento original de marquetería se mantuvo y se pintó de negro para destacar obras de arte, “respetamos el lugar, no podríamos hacer nada mejor de lo que está”, expresa este propietario enamorado de su casa y muy satisfecho por su acierto comercial.

Uno de sus hallazgos al ingresar en la casa fue un libro, cuyo polvo característico de la buhardilla escondía la monografía impresa del Arq. Arturo Dubourg (1912-2003): una recopilación de su vida y su obra con la coordinación editorial de Silvia Wladimirski (1986), donde el propio arquitecto (que en sus manuscritos se dirige a los jóvenes estudiantes), intenta que su relato sea “más ilustrativo y gráfico que novelezco, pues la vida de un
arquitecto consta de tantos episodios diferentes, que con cada uno de ellos se podría escribir un libro”. Ciertamente lo que Dubourg citaba es la magia del proceso mismo de cada obra que, sin excepción, despliega historias únicas como la de esta casa que también en este artículo debimos resumir.

Un nombre, cien casas
Dubourg fue un prolífico arquitecto argentino que realizó obras de todo tipo entre Buenos Aires y Mar del Plata, desde edificios institucionales, a hoteles, y vivienda colectiva e individual en el marco de su estudio que llegó a sobrepasar los cuarenta profesionales entre la década del 40 y 50 (el Hotel Bristol y el Edificio Sudamérica se encuentran entre
las obras más significativas de la capital porteña). Conoció Uruguay a través de un amigo que lo invitó a Punta del Este, para que lo asesorara sobre unas tierras que compraría para urbanizar. Este balneario lo sorprendió desde su llegada en 1943, y dos años más tarde construyó la primera casa para uso personal, que llamó “Barranquilla” por estar
construída sobre un médano en dicha urbanización Parque del Golf. Rápidamente se convirtió en el arquitecto de moda, elegido por las familias argentinas que comenzaron a llegar al balneario, y en particular a dicho fraccionamiento, ubicado en el hoy prestigioso barrio San Rafael.

Le siguieron solo en Punta del Este más de 100 casas bajo su autoría (según declaró en entrevista al diario La Nación en 2002), incluso la última que construyó, también para él, le llamó “Grey Rock”, seudónimo que utilizaba como corredor automovilístico fanático de la categoría Turismo. En su repertorio de obras residenciales algunas mantienen
intactas hasta hoy día aquella prominente arquitectura propiciada por el furor de los veranos puntaesteños de mitades de siglo, siendo el Hotel L´Auberge un ícono muy representativo. En plena época de guerra, lejos de impulsar una renovación en el lenguaje de la ya instalada arquitectura moderna, Dubourg más bien afianzaba el estilo de la campiña inglesa y francesa con una impronta sobria y señorial, tanto en la imagen como en las materialidades empleadas, esa que las familias buscaban para sus meses de verano, con inmensos jardines, pronunciadas cubiertas de tejas, puertas francesas, sombrías galerías para el descanso y una distribución categorizada de las diferentes zonas de la casa (de relación, esparcimiento y servicio).

Así llega Dubourg a los empresarios, profesionales e intelectuales de la alta sociedad montevideana, con sensatez, expertise, y un renombre indiscutido, combinación perfecta para apostar a su estilo de proyectar, que a pesar de haber mantenido la inspiración en la tradición europea, plasmó residencias asemejadas a la campiña normanda (como los primeros chalets que construyó rodeando el L´Auberge, donde destacan la piedra y apliques de madera oscura en la fachada), y también el estilo victoriano, más propio de la vida inglesa de ciudad de fines de 1800, que alcanzó su cúspide en la Revolución Industrial.
Así surge Le Bibló, donde la proporción de la altura se percibe considerablemente mayor que la planta, la que a su vez es asimétrica e inmersa en un bellísimo jardín, altos y amplios porches conectan exterior con interior, importantes postigones contrastan con molduras de esbeltos ventanales, barandas trabajadas como balaustres en la escalera y una señorial ebanistería que otorga a la madera lustrada un lugar relevante en manos de carpinteros y talleristas que aunque

Un jardín pensado para recorrerse
La técnica y diseñadora de jardines Verónica Hill (egresada del Jardín Botánico en 1999) fue quien acompañó los diferentes procesos de los exteriores de la casa desde 2013, cuando la propietaria anterior reflejó en el jardín un exacervado gusto por las plantas. “Ella hizo importantes inversiones, tanto en plantines, fertilizantes y sistema de riego, y a la par nuestro dedicaba tiempo y paciencia para los diferentes procesos, desde el plantado, el mantenimiento y el cariño diario”, expresa Verónica Hill, quien encausó el rediseño de todos los espacios verdes que rodean la casa.

Luego de tantas décadas, el jardín no mostraba una línea definida en sus canteros, en las borduras, en los recorridos, ni en la selección de especies. Claramente los exteriores intentaban acompañar el estilo de la casa con un jardín inglés, pero no totalmente resuelto. “Lo que hicimos fue darle una continuidad a los canteros, generar uno bastante grande para darle privacidad a la piscina, contemplar su preferencia por las diferentes variedades de rosas mezclándolas con herbáceas, arbustos y especies rastreras, y realizando mantenimientos precisos en los árboles existentes de estilo europeo”, relata la diseñadora, cuyo objetivo se centró en aportar al gran predio canteros de interés y jerarquizando sectores, entre ellos los accesos.

Además, respondiendo a una mirada integral del proyecto de paisajismo, quiso dar respuesta a los sectores del jardín que los novios elegían para ubicar los altares, las mesas de buffet o los sectores de reunión decorados del jardín, al cual se accede por el porche que sale del restaurante o la galería, entre el gran salón de la biblioteca y la piscina.
“Nuestra intervención consistió en ir generando lugares con espalda y propicios para esas instancias, más que un diseño de cero. Reubicamos decenas de plantas manejando la repetición, los puntos focales y el criterio cromático, incluso sustentabilidad aggiornando los canteros estivales (como los rosales) a que mantuvieran su esencia y su marco, a pesar de los meses sin floración para responder a los eventos que ya habían comenzado a sucederse en el hotel”, comenta.

Con una historia única y un porte como pocas, la actualidad de Le Bibló fue progresivamente descubriendo el potencial del jardín y nuevamente se le confió a Hill como gran conocedora del mismo. Así siguieron las novias, diseñadores de moda, revistas y marcas eligiéndolo para sus producciones y eventos hasta la actualidad.

 

¿Por qué las novias lo prefieren?
Un hotel familiar atrae familias, y de esto se trata la tan esperada jornada para una novia que comienza esa misma mañana y culmina en la noche de bodas, llena de agasajos e instancias para compartir. Normalmente, cuando hay novias, las mujeres que las acompañan toman posesión absoluta de esta casa y todos sus alrededores con los preparativos. A pesar de que las hijas quieran casarse donde se casaron sus madres, la magia de esta casa trasciende generaciones, simplemente porque se vibra en los espacios la posibilidad de vivir un día memorable.


En el mismo lugar sucede todo, maquillaje, peluquería, ajustes finales del vestido, amigas, charlas en el living, el brunch en la piscina, el té en la suite y el infaltable registro de expertos fotógrafos que capturan cada momento. Entre zapatos, labiales e hilvanes de a veces tres novias en simultáneo, cada sábado en Le Bibló se respira lo último en tendencias de moda para fiestas y todo lo característico de estas celebraciones, incluso coincidiendo con uno de los festejos en las instalaciones donde, en tiempos normales, un despliegue de carpas, el arte del table setting y la decoración en cada rincón no hacen más que convertirlo en un lugar de ensueño para invitados y agasajados. Todo el hotel vibra los fines de semana, hasta las señoras del servicio parecieran estar en su salsa, como cualquier mujer en un día de celebración.

Estos salones ya desde los años 70 fueron protagonistas de variadas reuniones sociales, cuando la familia La Vista – Turón (segundos propietarios) celerbraron aquí los casamientos de todos sus hijos, Mimí La Vista, cuya especialidad era el dulce de leche casero, era conocida por sus vecinas del barrio por su calidez como anfitriona. Sin dudas sentó las bases para que la casa mostrara el esplendor de sus posibilidades festivas, a pesar de que el dato más curioso es cómo Mecha Gattás, gran impulsora de actividades sociales y culturales en Punta del Este, recuerda a su entrañable amigo Arturo: “un excelente anfitrión que daba fiestas muy elegantes en su casa, pero que no se publicitaban, contrario a lo que se pueda pensar, era un hombre de bajo perfil” (según entrevista que le realizara Diego Fisher para diario El País, en enero de 2018), que da cuenta ni más ni menos del arte del bien recibir que Dubourg imprimió en cada espacio y cada rincón de Le Bibló. ■

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