Las NATIVAS en su habitat

Foto: Florencia GONZÁLEZ ALZAGA
Foto: Florencia GONZÁLEZ ALZAGA

En una chacra de José Ignacio el paisajismo y la hospitalidad encuentran un desafío sin precedentes en Uruguay. Hay quienes llegan atraídos por la técnica de las nativas, otros la eligen para celebrar un acontecimiento especial, inmersos en un paisaje boscoso y marítimo a la vez, en uno de los más privilegiados y exclusivos destinos turísticos de Maldonado.

 

La Pasionaria José Ignacio es un centro de investigación donde se estudia la flora nativa, las comunidades y las praderas silvestres, y donde se conservan los parches de monte nativo en el departamento de Maldonado. Es la fusión perfecta entre pasión por el paisaje y preservación del medio ambiente en manos de la paisajista Amalia Robredo, quien nos guió por su chacra marítima recalando en alturas, cursos de agua, senderos, vegetación y vistas de un enorme predio con la brisa marina de fondo. La casa, que se inspira en los fuertes portugueses propios de la costa uruguaya, se sitúa en lo alto de la colina, dominando el océano y el acceso al pueblo.

En el año 2002 Amalia se mudó con su familia a esta chacra y descubrió la belleza de sus praderas nativas. Cuenta que no había siquiera camino para acceder, y los materiales para hacer la cerca de madera y la primera pequeña construcción llegaron en tractores. “Nos habíamos enamorado de esa vista hacia el mar. Parados en aquella loma nos sentíamos como los vigías del mar. De esa sensación surge la idea de la arquitectura inspirada en los fuertes portugueses de la costa uruguaya”, recuerda Amalia, aun reviviendo esa sensación que imprimió un nuevo destino a la vida familiar.

Amalia Robredo es además docente universitaria e investigadora de floras nativas. Por 1989 dejó sus estudios de Biología con orientación ecológica en Argentina, para volcarse al Paisajismo, enfoque que dejaría una impronta particular y definida en su profesión. Esta mirada del diseño desde la ecología hizo que se alineara con los principios del movimiento Naturalista. “La estética del Naturalismo evoca la naturaleza, tiene presente la ecología en el momento de diseñar y busca la sustentabilidad. Todos estos principios son los que rigen mis
trabajos”, comenta Robredo, quien desde 2008 se dedica a compartir su experiencia a través de conferencias, talleres, seminarios y otras instancias, tanto en Uruguay como en Argentina, México, Brasil e Inglaterra. Desde el 2013 además, se desempeña como docente
universitaria en la Licenciatura de Diseño del Paisaje de FADU – UdelaR.

El proyecto de la casa estuvo a cargo de su padre, el arquitecto Iván Robredo, quien varios años atrás había construido el club house del Club de Mar en José Ignacio, que fue luego demolido para dar lugar a cuatro lotes frente al mar. “Para dar esa sensación de estar ahí “desde siempre” y una fuerte identidad local, elegimos la piedra de una cantera cercana que le imprimió el carácter a la casa junto a materiales de demolición para hacer las aberturas. Cada objeto que adquirimos fue siguiendo ese concepto y así fueron llegando las mesas de cervecería y sus sillas, bancos de campo antiguos y otros nuevos, basados en
modelos antiguos. Encontrar en Oddone y Zunino en Montevideo las puertas de la antigua prisión de Punta Carretas fue la frutilla del postre”, agrega la paisajista cuyo espíritu explorador nato ya la había convertido en «plant hunter», palabra en inglés que literalmente significa «cazadora de plantas» y que desde el paisajismo implica la introducción de especies silvestres al diseño de espacios verdes. A la fecha ya lleva ingresadas más de 30 especies nativas que se encuentran publicadas en su guía, en base a la cual asesoró en Brasilia a un grupo liderado por la Arq. Paisajista Mariana Siqueira en la introducción de flora de la sabana del Cerrado Brasilero.

Foto: Florencia GONZÁLEZ ALZAGA

 

Círculos concéntricos
Patios, cobertizos y ensenadas son espacios que hacen la transición entre el resguardo de la casa y la apertura al paisaje para el disfrute al aire libre de un predio en el que resulta imposible no pensar en la vivencia de aquel primer poblador (de nombre José Ignacio) que habitara la zona en la época de la conquista española.

La ubicación de la casa por detrás del monte, a su abrigo, fue una decisión muy inteligente según la paisajista, ya que la ancló al paisaje circundante y la protegió de los vientos marinos tanto en invierno como en verano. Los árboles a la vez ofrecen sombra y reparo. Las especies nativas se encuentran cultivadas y diseñadas tanto en los claros
cercanos al agua o junto a las construcciones, creciendo fortalecidas a pesar de las inclemencias propias del frente costero. 

“Dentro del refugio del monte era donde los indios Charrúas se instalaban, ¡ya sabían ellos de sus beneficios! En las 5 hectáreas puse manos a la obra. Mis años de estudios de Biología me sirvieron para crear un hábitat alrededor de la casa que desalentara la presencia de cruceras” relata Robredo relacionando el parque como una sucesión de círculos concéntricos, donde la casa es el círculo interno. En esa primer área no hay césped, sino pedregullo, que es el antihabitat de las víboras, ellas necesitan estar escondidas por lo que intentan evitar la exposición que la ausencia de pasto genera. Otra estrategia fue no colocar canteros a la misma altura que las puertas o contiguos a ellas. Si uno observa las antiguas casas de campo puede ver que estaban elevadas con unos escalones o que tenían grandes galerías generando esas zonas poco atractivas para las bíperas. Ahí se encuentra la piscina sin pintar, que evoca un estanque natural.

En el segundo círculo está el prado silvestre, un área que no se corta en todo el invierno y se cubre de flores en primavera, el lugar ideal para disfrutar los atardeceres en las
reposeras tijera El tercer círculo es el más alejado y es donde están las praderas altas, la laguna, el sendero de sauces y un mar de 800 Cortaderas que con su movimiento evocan la espuma de las olas del mar.

 

Este es un jardín de paisaje.
Utiliza el espacio, la apertura al entorno
circundante, la falta de límites, la topografía
ondulada, las características del paisaje
fácilmente diferenciadas (áreas de árboles
y arbustos, prados, agua) para sugerir una
narrativa de una granja ideal anclada en un
lugar y una cultura particular. Sugiere un
viaje, uno que te empuja hacia los crecientes
niveles de detalles.

Una experiencia nativa: del viejo al nuevo
continente
“Mi fascinación por las flores y gramíneas que aparecían en mis praderas me llevó a profundizar mi conocimiento sobre ellas y la dinámica de sus comunidades silvestres. Así fue como comenzaron mis viajes junto a Noel Kingsbury, paisajista, investigador y escritor Inglés, con quien viaje durante 9 años recorriendo centros de investigación y jardines
naturalistas por Alemania, Holanda, EEUU, Escocia, Irlanda y Japón”. Él guió el proceso de investigación y plant hunting que involucró el armado de un herbario completo cuyas determinaciones botánicas se realizaron en el Laboratorio de Botánica de la Facultad de Agronomía, seguimiento de su frenología durante todo el año y durante más de 6 años, difusión en medios gráficos para darla a conocer, y lograr que se produzcan, investigando su reproducción, y finalmente, usarlas en sus diseños de paisaje. Al día de hoy son especies que están siendo producidas en viveros uruguayos, incluidas en sus jardines y en los que proyecta, fuente de inspiración para muchos más paisajistas y aficionados.


Consultada sobre la realidad de Uruguay respecto al movimiento Naturalista y el interés de los profesionales del paisaje en el uso de especies de estas características, atribuye la existencia de un montón de ventajas para el uso de la flora de Maldonado en jardines públicos y privados, como por ejemplo la acción de promover la biodiversidad al haber, en muchos casos, especificidad de insectos y plantas. Otro ejemplo son las mariposas: ”ellas suelen ser muy específicas para elegir las especies donde poner sus huevos. Las monarca los ponen solo en las Asclepias y no en otras plantas y las mariposas Bandera Argentina lo hacen solo en las Coronillas. En el caso del Caraguatá (Eryngium pandanifolium) son más de 70 insectos y pequeños vertebrados los que necesitan de él para su alimentación, refugio o anidación. Por otro lado, son plantas ya adaptadas al régimen de lluvia de la zona, a resistir
los vientos marinos con su salitre y no necesitan de la modificación del suelo existente para crecer bien y sanas. ¡Tienen todas las ventajas! Hay herbáceas y gramíneas para todas las situaciones. De los acantilados de Punta Ballena podemos aprender qué especies funcionarían en un techo verde, en los humedales cuáles son las especies perfectas para jardines de lluvia, bordes de lagunas o filtradoras de piscinas naturales; de las dunas y del matorral espinoso psamófilo, decenas de especies ideales para jardines costeros, y de las praderas, múltiples plantas para los canteros” puntualiza.

Foto: TravelNUTS


El Parque y La Casa ”La Pasionaria es más una naturaleza ordenada que un jardín. Las plantas nativas son puestas en valor y la idea central ha sido crear una decoración visualmente rica, pero que conserve lo mejor posible el ecosistema. La casa de
Amalia Robredo, ilustra muy bien el amor de la propietaria por la naturaleza. Contrariamente a la mayoría de las mansiones, La Pasionaria está oculta, pero como supera ligeramente el denso monte nativo, sus ventanas ofrecen vistas sobre el humedal y
la laguna que la rodean”, menciones publicadas en Gardener’s Garden, Ed. Phaidon.

 

”Amalia llamó a su jardín La Pasionaria por la flor de la Passiflora caerulea, una planta nativa de la zona. La pasión es una palabra apropiada para la profundidad de sus sentimientos por este paisaje, su historia, cultura y su patrimonio botánico. Con su trabajo, esta paisajista está abriendo nuevos caminos en América del Sur, donde ha habido poco interés en la jardinería naturalista con plantas nativas. La mayoría de los jardines
públicos, y muchos privados, todavía están muy influenciados por las tradiciones de las Bellas Artes del Siglo XIX, heredadas de Europa, obviamente con algunas excepciones importantes: Roberto Burle Marx en Brasil, por ejemplo. Esta pasión se extiende mucho más allá de su jardín. Amalia está trabajando en la identificación de las plantas nativas con potencial ornamental, testeando cultivares prometedores e introduciéndolos en la producción comercial. Además, está trabajando junto a la comunidad académica y de viveristas en Uruguay, así como también en otros países de América del Sur. En Uruguay no existe una tradición de usar plantas nativas en jardines, de hecho, no hay un reconocimiento establecido de que las plantas nativas tengan valor enun jardín”, apuntaba James Golden en su blog View From Federal Twist (USA).


En el año 2011 en el marco de proyectos de biodiversidad y producción responsable (PPR), Robredo recibe una donación del MGAP con fondos del Banco Mundial y GEF (Global Environmental Facility) para publicar en forma de guía de campo toda la información recopilada en esos años. Fue un reconocimiento internacional y nacional que le permitió
a la paisajista esa cuota de seriedad y credibilidad de su proyecto para continuar investigando desde Uruguay. Así fue como se sumó Andrés Berrutti, Mirta Zilberstein, Hugo Sierra e Ilse Valdez, que dentro del marco de ese proyecto comenzaron a probar la germinación de sus semillas en sus respectivos viveros. Ahí llegó a La Pasionaria el cartel
del GEF, Banco Mundial, MGAP y Dirección General de Desarrollo Rural con la leyenda “En este predio se protege la biodiversidad”.

 

La prensa internacional y profesionales especializados no tardaron en catalogar la excelencia del trabajo de Amalia: “hubo dos publicaciones importantes que me llenaron de orgullo: una fue que el líder del naturalismo, el holandés Piet Oudolf, mencionara mi trabajo en Uruguay en su libro “Planting, a new perspective”. Piet ha estado cerca desde el comienzo, inspirando y compartiendo conmigo su experiencia: una fuente inagotable. La segunda publicación fue el libro The Gardener´s Garden de la Editorial Phaidon donde La Pasionaria salió seleccionada como uno de los 250 jardines icónicos del mundo desde el siglo XIV a la fecha. Hay sólo uno de Uruguay y apenas 7 de Sudamérica. La razón de esto es por la manera en que el diseño trabajó junto a la naturaleza, su abordaje ecológico, la búsqueda de identidad local y preservación de especies -algunas incluso en peligro de extinción- según el Listado de Especies Prioritarias para la Conservación del Uruguay, elaborado por el SNAP (Sistema Nacional de Áreas Protegidas) y un manejo sustentable de muy bajo mantenimiento”.

Foto: Florencia GONZÁLEZ ALZAGA

Actualmente en La Pasionaria se realizan workshops dirigidos por Robredo, en los que comparte su experiencia en el uso de la flora local y enseña la técnica de diseño naturalista. Se realizan visitas organizadas donde, guía en mano, y durante toda una jornada, se recorre el predio descubriendo especies. Las praderas silvestres, su atmósfera relajada y con carácter, la han convertido incluso en lugar de eventos para
celebraciones especiales como bodas, filmaciones de películas y producciones fotográficas. Esta ha sido la excusa para abrir las puertas de esta belleza paisajística a quienes les seduzca la experiencia de la flora nativa en un paisaje marítimo, cuya edificación, inspirada en un eje imaginario entre los castillos moros portugueses y la toscana italiana, hace trasladarse a lo más rústico y a su vez hogareño de la Europa peninsular pero con el encanto propio del Atlántico sur. 

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