RECICLADO inspirado en la BKF

Poner en marcha proyectos colaborativos que fusionan diferentes disciplinas, y dentro de cada una jóvenes talentosos encuentran en ideas originales la alternativa de la diferenciación, es digno de celebrar y apoyar.

Reciclar se hace en casa para enseñar a los más chicos y lo hacen las empresas para reducir el impacto en la comunidad. Un trío de diseñadoras forman parte de un taller colaborativo y le han sumado valor de diseño a accesorios de la vida cotidiana generando carteras, mochilas, riñoneras, cartucheras, morrales y bolsos para viaje que tienen algo en común: la intención (ya llevada a la práctica) de transformar material de desecho en algo útil a partir de crear la tela plástica y luego en talleres darle forma a los accesorios. Para decirlo en números y bajo la consigna de este taller: en solo 3 meses fueron reutilizadas 114 bolsas de azúcar ¡con las cuales se hicieron 38 mochilas!

Pues bien, se lo presentamos. Taller Salvador es el espacio de trabajo que comparten tres emprendimientos femeninos y autogestivos: Pilo de Inés HernándezEnanas de Natalia Hazan, y Eme Plásticas de Rosalia Doldán, cada una en áreas específicas pero con el objetivo de complementarse y producir en equipo. «Este es un espacio de trabajo de colaboración y también a veces de co-creación», comenta Doldán quien recuerda que el primer trabajo colaborativo fue experimentar con una billetera, trabajo que ninguna había realizado y resultó divertido además de creativo pensarla en conjunto apostando a la creatividad sustentable revalorizando residuos plásticos.

Para su segunda colaboración, el objetivo fue intervenir en la funda de una BKF. La historia comienza cuando se les ocurre subir de escala y hacer una prueba con un mueble, en particular, a partir de un armazón de este popular sillón que Natalia guardaba. Utilizando el mismo material generado para la confección de accesorios, realizaron esta vez una lona hecha con bolsas plásticas recicladas, flexible, resistente, lavable, reciclada y con cintas de algodón nacionales, para dar terminación al sillón «¡No lo dudamos un segundo cuando pusimos manos a la obra! El resultado nos dejó muy contentas, fue un gran proyecto para testear el material en otro formato», expresa Doldán, que junto a Hazán y Hernández materializan sus productos valiéndose del incomparable aporte de los demás talleristas y colaboradores.  «La silla tiene más de un año y está en perfectas condiciones, puede estar tanto en el interior del hogar como el exterior ya que la tela es impermeable», comenta Natalia.

¿Te gustaría colaborar con el medio ambiente y permitirte apostar a este revival de una poltrona de la década del 30? Con esta nota la invitación queda hecha y a la hora de adquirir un producto puedas elegir apostar al #modo4R: Respetar, Reducir, Reutilizar, Reciclar.

Originalmente el modelo fue creado a fines de 1938 en Argentina, las iniciales de los apellidos de los arquitectos Antonio Bonet, Juan Kurchan y Jorge Ferrari (BKF) le dieron el nombre al diseño original. Ellos trabajaron en el estudio de Le Corbusier (en París) y claramente fueron el vehículo para que una varilla de hierro diera tantas vueltas para que sus ángulos formen el soporte de un asiento. El sillón BKF está conformado por una estructura construida en varilla de hierro macizo de 12.7mm de diámetro fabricados con dobladoras hidráulicas semiautomáticas de precisión en el curvado, con todas las uniones realizadas con máquinas automáticas y la terminación es pulida a mano. La pintura es del tipo epoxi de cocción a alta temperatura y la estructura es de acero pintado. El cuero del asiento era en sus inicios de bovino, luego aparecieron versiones de cueros entintados, otros de piel y también de lona.

Esta intervención en tela plástica hecha en Uruguay a partir del reciclado de bolsas, le permitió a Natalia seguir en compañía de esta nostálgica estructura que a pesar del asiento dañado se negaba a abandonarla. Un nuevo uso la convirtió en una pieza ahora única en su casa, un diseño de costuras que se cruzan perpendicularmente componen el nuevo asiento, amigable con el medio ambiente y dispuesto ser un objeto digno de volver a enamorarse.

A mitades del 2020, justo cuando el planeta se pronunció para bajar el impacto ambiental, cobró vida este primer prototipo reutilizando bolsas de alimentos. Hoy se hacen a pedido y sin dudas a más de uno se le ha solucionado el problema de tener el armazón intacto pero en desuso, ahora puede estar a salvo y formar parte nuevamente del living, la sala o la terraza.. con nuevo forro, impermeable, resistente y liviano.

¡La creatividad no tiene límites, y si además funciona el éxito está asegurado!

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