Un DIÁFANO soplo barcelonés

Amplitud, luminosidad y calidez se dan lugar en este proyecto de vivienda donde uno de los objetivos principales era obtener espacios diáfanos y entornos acogedores, inmersos en un histórico distrito barcelonés

La reforma de la Casa Mallorca se extiende a lo largo de 250 m2 en la planta principal de una construcción de época y categoría edilicia del Eixample, en el marco de la ampliación de Barcelona sobre finales del siglo XIX y comienzos del XX, coincidente con los años del mayor apogeo de la industrialización en Cataluña. Las propiedades ubicadas en estos bloques de vivienda, que datan de 150 años algunos, han sido testigos de remodelaciones integrales donde los interiores correctamente estudiados y ejecutados, otorgan un valor potencial para pasar a ser residencias que logran trascender y rankear como reliquias
en el cotizado mapa inmobiliario del interiorismo español.

En ese contexto, uno de esos encargos particulares llegó a The Room Studio, un estudio de arquitectura de interiores dirigido por la interiorista Meritxell Ribé y el arquitecto Josep Puigdomènech, que materializó un proyecto de interiorismo y decoración complementado con un trabajo de estilismo muy bien logrado. Se obtuvieron áreas amplias y abiertas donde se potenció la luz natural y la iluminación, que junto a una exquisita selección de muebles -muchos de ellos muy prácticos y mundanos mezclados con reminiscencias antiguas y otros diseñados a medida- se logró delinear interiores tan cristalinos en la estética como sobrios en la disposición espacial. Como toda reforma, si bien mantiene el esquema original de la distribución, se reinterpretaron los usos y rutinas contemporáneas a través del proyecto de arquitectura.
Las composiciones y diseños de las superficies verticales tanto del recibidor, como de dormitorios y baños otorgan un ensamble de color sorprendente, dignas de observarse en detalle y descubrir la profundidad de sus paletas o atractivos empapelados.

Dis. de Int. Meritxell Ribé
Arq. Josep Puigdomènech

¡Abajo las murallas, arriba el Eixample!

Así titulaba Edu García su artículo en la plataforma Passeig de Gracia (Barcelona, 2017) al referirse a aquella epidemia de cólera que llevó al gobierno español a aprobar en 1854 el derribo de las murallas. En estos tiempos sacudidos por una nueva coyuntura mundial causada por la epidemia en 2020, rescatamos este hecho para citar cómo la magnitud de un virus pandémico establece sucesos históricos de relevancia socio-cultural, y donde la cotidianeidad de las ciudades queda expuesta en una trama ciertamente caótica, para después de un tiempo retomar la vitalidad, incluso redoblando su potencial. El Eixample es el segundo distrito de Barcelona y correspondió a la zona de mayor crecimiento de la ciudad una vez derribadas sus viejas murallas, y por esa razón mantiene su nombre.
Barcelona ganó así la batalla de su crecimiento fuera de los antiguos límites, lo  que urbanísticamente conocemos como la construcción del Plan Cerdá. Este fue ideado por el Ing. Idelfons Cerdá, quien planteaba inicialmente una ciudad basada en un damero, en base a calles perpendiculares donde se ubican los bloques de viviendas, con manzanas ajardinadas en su interior y ochavas a 45 grados en las esquinas exteriores. Otros elementos claves del plan tenían el foco puesto en el asoleamiento de las viviendas y las distancias entre los edificios, o sea, alturas de los bloques y anchos de las calles, aspectos que finalmente no se cumplieron como lo proyectó Cerdá. No obstante, claramente el plan sentó las bases de las cuadrículas de otras ciudades en la Europa del pleno renacer industrial, grilla urbana que la fotografía aérea grafica a través de los clásicos áticos y tejados barceloneses.
Estéticamente hablando, el diseño a toda escala marcó un mojón indiscutido.
Relata García “uno de los encantos que tiene el Eixample es su arquitectura. El período de crecimiento del Eixample coincide con los años de desarrollo en Europa del estilo modernista. Un estilo rico en decoración y que se asocia a un grupo de clientes de la burguesía industrial y comercial que querían mostrar su estatus social pudiente propio de nuevos ricos y que encargaron a una generación de jóvenes arquitectos edificios sorprendentes y originales. Entre las dos exposiciones internacionales que se realizan en Barcelona (1888 y 1929) el Eixample crece y se dota de excelentes muestras del estilo modernista”.


 

The Room Studio tiene dos sedes en Barcelona: Espai Travessera (Vivienda Showroom) y Espai París (Gallery Store). Esta propuesta profesional en tándem dirigida a la par por sus fundadores es la clave del éxito de este estudio que prioriza el confort, la creatividad y la tecnología. Iniciados en el año 2005, en ambos espacios se funde la calidez de los
detalles y la buena iluminación, lo masculino y lo femenino, la técnica y la creatividad, que además se transforman en función de la inspiración, con la particularidad de incluir en ellos colecciones de muebles y arte, reflejo de los intereses de dichos profesionales que van cambiando según evolucionan sus sesgos creativos, incluso brindándose como
espacio para lanzamientos y eventos vinculados al rubro.

The Room Studio ha llevado a cabo más de 40 proyectos residenciales y contract, siempre bajo el sello de Ribé y Puigdomènech con el objetivo de trabajar cada obra como un todo. Fruto de esta filosofía deciden incorporar en 2008 su propia constructora, lo que les permite ofrecer a sus clientes un control total sobre sus proyectos y convertirse en
un estudio capaz de crear, concebir y ejecutar sus proyectos desde el principio hasta el final. Asimismo, la incorporación de la domótica y la tecnología, junto a un minucioso estudio de la iluminación en cada uno de sus proyectos, hacen que sus espacios se puedan disfrutar con los cinco sentidos. El resultado son proyectos globales con ambientes
cálidos y confortables, capaces de transformarse en espacios vivos y llenos de personalidad.

 

Alturas que delatan época

La principal premisa de los propietarios fue realizar una nueva distribución de los espacios obteniendo una circulación lineal y articulando la vivienda en tres grandes áreas: la zona de día, la zona de noche, y una discreta zona de invitados y destinada al servicio. Se llevó a cabo un detallado programa de necesidades donde se ofreció una propuesta que se ajustara a cada uno de los requisitos y entendiera su estilo de vida cumpliendo las expectativas. Esta vivienda cuenta con amplios volúmenes gracias a los espacios diáfanos que cuentan con una altura de aproximadamente 4 metros. Sin embargo, sorprende la poca altura de los pasos abiertos de las paredes portantes. Dicho motivo condicionó la dimensión de algunas de las puertas en el proceso de reforma.

La zona de día se define como el área destinada a la vida social, en ella se encuentran: el salón, el comedor, la cocina y un salón secundario. Tanto el salón principal como el comedor comparten el mismo espacio, manteniendo un diálogo abierto que se prolonga hasta la luminosa galería. El salón se equipó de modo que cumpliera todas las necesidades de sus propietarios, así se incluyó en el comedor una mesa central junto a una falsa chimenea que se acompañó con mobiliario realizado a medida.

 

La galería. A partir de consola y vitrina existentes en la propiedad, se generó este espacio súper acogedor, empleando tonalidades suaves y tierra junto con elementos recuperados y toques de vegetación suspendida. Un rincón dedicado a la naturaleza, con mucha luz natural ya que se utilizaría además como zona de trabajo.

Iluminación: el calibre justo. La iluminación decorativa tiene un especial protagonismo con un total de aproximadamente veinte referencias distintas, de marcas diversas. En conjunto con la iluminación técnica otorga al espacio un abanico de diferentes ambientes de iluminación. Se completó cada estancia con la introducción de complementos y accesorios, así como diferentes obras de arte sin perder la homogeneidad y el diálogo en toda la vivienda.

El salón secundario se diseñó como sala de proyección, muy ergonómico y recogido, destinado a ver la televisión en familia. En la cocina se incluyó una península-barra en mármol blanco que permite la visibilidad al comedor y la galería sin obstáculos. En la barra se dispuso una zona con taburetes destinada al desayuno. Se escogieron piezas
sólidas que se combinaron con otras más contemporáneas logrando crear una estancia con reminiscencia clásica que se rebaja con el uso de elementos más informales.

La zona de noche se orientó a la calle y se acotó como el área destinada al descanso de los propietarios. En esta ala se sitúan: la habitación suite y el cuarto de las más pequeñas de la casa, cada uno con su baño incluido. En la principal se obtuvo un espacio limpio y sin distracciones, donde se pudiera respirar una atmósfera cálida y confortable junto con
una iluminación ambiental.

La habitación infantil. De manera amplia y luminosa, se dispuso para que a futuro pudiera separarse creando dos cuartos independientes. Se emplearon tonos neutros aplicando detalles de colores pasteles y toques rosas. Además, cada sector incluye su propio vestidor realizado a medida con armarios de gran capacidad.

Se escogieron texturas y tejidos naturales acompañados de una paleta cromática muy neutra. Se logró aportar calidez y suavizar los espacios más sólidos, vistiéndolos con piezas de gran presencia y sin saturar el área, aun empleando una gran cantidad de elementos. Las notas de color están presentes, siempre manteniendo la gama de tonos pasteles combinados con discretos estampados empleados tanto en almohadones como en ropa de cama. The Room Studio optó por una cuidada selección de materialidades neutras y piezas de mobiliario dotando a la vivienda de carácter y personalidad. ■

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