VIVIR una casa de balneario

Una residencia de verano parece haberse rebautizado con el halo que marca la tendencia. En la búsqueda de un recinto ideal para descansar, partir del blanco y sus matices fue parte de una decisión concisa y muy bien lograda para dar luminosidad donde no la había. 

 

Una vez más, nos topamos con el trabajo de profesionales que proyectan para que los interiores de las casas antiguas de veraneo mantengan ese encanto de “la casa de afuera”,
como solemos conocerla los uruguayos.

Tal es el caso del diseño interior de los espacios comunes de esta casa puntaesteña a cargo de la diseñadora None Fossati, quien explica el deseo -casi con una cuota de alegre mandato por parte de los propietarios- de llevar a cabo una renovación total. Living, comedor y cocina mantenían la impronta de segunda mitad del siglo pasado, no
tan lejana, pero sí lo suficiente como para identificar revestimientos, aberturas y muebles de época, los cuales se sustituyeron casi en su totalidad. “Toda la decoración tenía que ser práctica, funcional y con aires veraniegos. La casa se alquila en verano, y fue pensada para darle mucho uso”, explica.

Construida entre los 60’ y 70’ cerca de la península en Punta del Este, y a cuadras de Playa Brava y de Playa Mansa, tiene una ubicación estratégica para quienes veranean en nuestro principal balneario y se plantean como objetivo por ejemplo, no usar el auto para ir a la playa. Es que, tanto playas como servicios y ocio no solo están a la mano sino que resultan la excusa perfecta para el ejercicio diario de la caminata o para sumarse a la movida bike-trend, justamente en un balneario que por razones turísticas siempre se ha ocupado de la infraestructura peatonal y últimamente de la incorporación de ciclovías, al ritmo local de heredar costumbres de sociedades desarrolladas, por suerte.

Si bien la temática náutica es un recurso bastante recurrente en las casas cercanas al mar (sobre todo en las de época), los remos fueron los elementos de la más rústica cotidianeidad marina elegidos para utilizar como esculturas, ya que colgados en la pared como verdaderos cuadros, aportaron toques de color y de volumen, sencillez que reclama
a su vez un gran protagonismo en el espacio. La rusticidad del remo se adecuó perfecto al ambiente generado en espacios de techos altos a dos aguas, típicos del chalet puntaesteño, donde las texturas naturales dijeron un ¡si quiero! a todas voces.

La diseñadora, que lidera None Fossati Estudio, se volcó hacia una paleta simple y sin estridencias, pero con un aplomo cromático que no aburre para nada. Los tonos fueron elegidos con mucho cuidado y sentido de la combinación, basados en la carta de colores de Inca. El que predomina es el Chiffon, un color claro que se percibe como blanco,
pero es apenas un tono más subido; el Gris urbano está en todos los muebles de la cocina (bajo mesadas y aéreos hechos a nuevo) y también en detalles de los remos a los que se sumó el tono Pájaro de fuego: un rojo apagado con la sobriedad justa para complementar una estética marina.

“La tendencia en decoración es la austeridad. Los materiales simples y nobles que inspiran a la tranquilidad, al relax y al descanso en los espacios. Para eso se eligió que el protagonismo en los muebles lo tuviera la madera clara y el cardo de los asientos. La composición evoca sutilmente a la casa de pescadores y se realza en contraste con las
paredes y los tapizados blancos. El objetivo fue lograr un equilibrio entre todos los elementos de la decoración”, describe Fosati, quien no escatimó en buscar las texturas que mejor ilustraran esta conceptualización.


Todo integrado. El gran mueble que rodea la estufa a leña (color Chiffón, código 30gy 76/017 de la Carta de Colores de Inca) resuelve la iluminación con estantes retroiluminados que focalizan en los accesorios redibujando la repetición y con apliques de pared tipo faroles de barco como puntos generales de luz.



El living. Allí se ubicaron dos sofás tapizados hechos a medida, dos mesas ratonas de madera y hierro y dos butacas de cardo y hierro (de Matiz Decoración), todos sobre una alfombra de yute de grandes dimensiones.

 

La tendencia en
decoración es la austeridad.

 

No solo pintar, también revestir

El revestimiento facetado sobre paredes viene ganando aplausos por doquier. Sin embargo, en el caso de esta profesional solamente responde a un recurso estético, lejos de lo que tiempo atrás se utilizaba para ocultar humedades. Gracias a la tecnología actual existen innumerables productos para solucionar esta patología sin recurrir a pesados revestimientos para intentar ocultarlas. La decoradora sugiere siempre a sus clientes solucionar los focos de humedad, y en caso de no ser posible, colocar una placa verde de yeso con cámara de aire para ventilar, pero no utilizar el recurso del revestimiento directo para resolver el problema.

En este constante revival, todo puede volver a tener una segunda oportunidad si se logra ver su potencial. “Revestir las paredes de madera es una excelente opción para aportar calidez, y en lo personal, me gusta mucho como queda. En este caso no fue una intervención nueva ya que estaba en la casa desde su construcción original, pero con la madera vista muy oscura, razón por la cual decidimos aclararla con la pintura”,
indica Fossati.

 


Acentuar, no disimular. En el comedor se utilizó una mesa de estilo existente, que se pintó con el gris elegido, junto a las sillas rústicas atemporales de madera y cardo. El revestimiento de madera pintado, de donde cuelgan los remos que enmarcan el set del comedor, divide la altura de la pared con una línea de luz, que lejos de disimular el techo alto potencia dicha espacialidad (detalles rojos de los remos en color Pájaro de fuego, código 02yr 09/373 de la Carta de Colores de inca).


Cocina intervenida. Fue reformulada totalmente con un equipamiento que integra todos los electrodomésticos en mdf laqueado en el mismo tono que se usó para la mesa del comedor (color Gris Urbano, código 00nn 20/000 de la Carta de Colores de Inca), mientras para la mesada se eligió Silestone blanco (de Marmolería Anibal Abbate).


El desafío, que planteó una transformación total, encuentra en esta casa de playa un lugar verdaderamente relajante, donde dan ganas de instalarse con un buen libro para disfrutarlo a pleno. ■

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